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De brillos, insectos y crisis reputacionales: el caso de Ronaldo

04/08/2017 07:32 CEST | Actualizado 04/08/2017 07:32 CEST

"A la gente le molesta mi brillo, los insectos atacan a las lámparas que brillan" Esta afirmación, algo reiterativa en su sentido luminoso, apareció el martes pasado publicada en las redes sociales de Cristiano Ronaldo acompañada de una fotografía donde el futbolista, con actitud desafiante, miraba al objetivo rodeado por un áurea de fluorecentes que centra la mirada en su figura. Esta comunicación pretendía ser un sustitutivo de las declaraciones anunciadas tras su testificación judicial por defraudar supuestamente casi 15 millones de euros y que finalmente no tuvieron lugar, porque, según las filtraciones de su entorno, no salió muy satisfecho. A pesar de contar con servicios profesionales de comunicación, que con buen criterio le aconsejaron comparecer y dar su visión, su mal humor y orgullo le impidieron rendir cuentas ante la prensa y por ende a sus seguidores, aquellos que le posibilitan ganar tantísimo dinero vendiendo productos con su imagen para poder llegar, presuntamente, a defraudar la astronómica cantidad de la que se le acusa.

Las redes sociales han pasado de ser la esperanza de una herramienta de diálogo transversal a un parapeto tras el que esconderse para no rendir cuentas. Personalidades públicas de todo tipo han encontrado en éstas un método de comunicación y difusión, que evitando el incómodo papel de la prensa, llega a una audiencia objetiva de seguidores y personas interesadas. En este sentido, la comunicación de La Casa Blanca es ya toda una institución, el presidente de los EEUU suele despertar al mundo con un tweet matutino donde hace todo tipo de anuncios, críticas y consideraciones sin importar la materia o protocolo del asunto. De este modo, impide cualquier requerimiento de explicación, al tiempo que da un pátina de modernidad por el uso de los nuevos canales.

Los casos de Ronaldo y Trump confluyen por las crisis reputacionales que ambos enfrentan y resuelven de modos similares: sin asumir responsabilidades y con una respuesta contundente en redes sociales.

En este sentido, el tipo de comunicación que una persona practica suele reflejar la personalidad y valores de la misma. Los estilos opacos, unidireccionales y soberbios definen a personas que no tienen por costumbre asumir errores, que buscan culpables exteriores y que no acatan otro criterio que el propio. Los casos de Ronaldo y Trump esta semana confluyen por las crisis reputacionales que ambos enfrentan y resuelven de modos similares: sin asumir responsabilidades y con una respuesta contundente en redes sociales. La principal diferencia radica en el tratamiento de la prensa a reacciones comunicativas parecidas. Mientras que en el caso de Trump, por su condición de representante público, los medios critican abiertamente su política de comunicación; en el caso del deportista la reacción es mucho más templada, llegando a asumir con cierta normalidad un plantón masivo a toda la prensa acreditada.

Los deportistas gozan de cierta bula mediática, pese a que Ronaldo considere que está protagonizando una historia jurídico mediática por "ser vos quien sois", la cantidad astronómica que podría haber defraudado a la hacienda pública debería repercutir de una manera importante en la reputación e imagen pública del futbolista. Al fin y al cabo el multimillonario, presuntamente, evitó pagar al fisco para ampliar todavía más su fortuna. Sin embargo, siendo objetivos podríamos decir que políticos, empresarios, miembros de la Casa Real, fiscales o incluso directores de cine fueron sometidos a juicios mediáticos y condenas de telediario mucho más duras e implacables por casos similares: algunos culpables, otros absueltos, algunos de ellos por temas éticamente reprochables, pero no ilegales.

La semana pasada se publicó una encuesta que revelaba los referentes de nuestros jóvenes. Entre los hombres, Ronaldo se hacía con el sexto lugar, seguido de Trump... Al final resultará que el futbolista tiene algo de razón y el exceso de foco mediático hace brillar más otras cualidades humanas éticamente más admirables.

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