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Diario de una JESP: Miércoles de Ceniza, Martes de Tortitas

16/02/2013 10:09 CET | Actualizado 11/10/2013 12:02 CEST

Huevos, leche, harina, mantequilla... Yo creo que para hacer tortitas no hace falta nada más, ¿no? Salgo del súper y pongo rumbo a casa. ¡A mi nueva casa! Es un pisito que está muy bien equipado y situado a sólo siete minutos del centro (sí, los he cronometrado). Silencioso pero cerca del bullicio urbano que tanto me gusta. Andy, mi nuevo flatmate, que es irlandés, por cierto, me ha dicho que hoy vamos a celebrar el "Pancakes Tuesday", que en español sería el "Martes de Tortitas". Estos Irish, que buscan cualquier excusa para atiborrarse a hidratos de carbono... ¡Y no seré yo quien les pare los pies! (Ya os comenté una vez que soy el monstruo de las galletas). Por lo visto, un día antes del Miércoles de Ceniza que da comienzo a la Cuaresma, en Irlanda y Gran Bretaña es típico ponerse morado de tortitas. La tradición surgió hace siglos, cuando llegado el "Shrove Tuesday" o Martes de Confesión (lo que mi abuela nonagenaria sorda llama el Martes de Carnaval) las familias cristianas daban salida a todo lo que tenían en la despensa y que no podrían consumir durante la Cuaresma, como los huevos o la leche -pensemos que entonces la carne no era tan accesible como lo es hoy-. Y sumando harina a esos restos de alacena, no podía obtenerse nada más delicioso que las tortitas. Así, el "Shrove Tuesday" pasó a ser el "Pancakes Tuesday".

Es curioso que detrás de lo que para mí va a ser una noche de tortitas con amigos, haya un origen religioso. Aunque, pensándolo bien, ¿qué no está influenciado por la religión en este país? Irlanda e Iglesia católica son dos conceptos que históricamente han ido de la mano. Por poner algún ejemplo, a día de hoy sigue siendo ilegal abortar dentro de estas fronteras. Además, el uso de métodos anticonceptivos estuvo prohibido hasta 1980, y el divorcio, hasta 1995 (en España estos dos derechos se aprobaron en 1978 y 1981 respectivamente, mucho antes que en Irlanda teniendo en cuenta los casi cuarenta años de dictadura franquista).

Una unión, la de Estado y religión, con la que muchos irlandeses no se se identifican. Si bien el 84,2% de la población de este país se considera católico, esta cifra ha decrecido un 2,6% desde 2006. La generación a la que pertenecen Andy y otros amigos irlandeses, (de entre 24 y 34 años) no siente un arraigo al dogma tan fuerte como el de sus padres. Según cuentan ellos mismos, esto tiene mucho que ver con los escándalos de pederastia que han afectado a la Iglesia católica en este país durante los últimos años. De hecho, menos de un mes antes de hacer pública su renuncia, Benedicto XVI nombró a un nuevo líder para esta institución en Irlanda con el objetivo de renovar su imagen.

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"Pancakes Tuesday" en mi nueva casa.

Llego a casa, y Andy y yo nos ponemos a hacer las tortitas, con la intención de calentarlas en el horno una vez lleguen nuestros invitados, y así evitar tener que cocinar cuando estemos todos sentados. Que si tres tazas de leche, tres de harina, tres huevos... ¡Se me hace la boca agua! Suena el whatsapp de mi smartphonesuper-mega-futurista. Son éstos: "¡Llegamos en breve!". Pongo papel para horno en la bandeja, y deposito sobre ella algunas tortitas. Meto la bandeja y...¡shit, shit, shit! Una de las esquinas del maldito papel toca la parte superior del horno y... ¡se prende! En cuestión de segundos, las llamas van devorando el papel, y en consecuencia también las tortitas puestas sobre él. "¡¡ANDYYYY, ANDYYY!! ¡¡¡THIS IS ON FIREEEEE!!!", grito mientras mi cabeza se debate entre la risa ("qué pringada soy, no me puedo creer que me esté pasando esto") y el miedo, ("me da un jamacuco si el fuego alcanza los guantes con los que estoy sujetando la bandeja"). Voy corriendo hasta el grifo y Andy me ayuda a abrirlo. "¡Hurry up!" ¡Las llamas son cada vez más grandes e infernales! El agua va apagando poco a poco la hoguera que sujeto entre mis manos. Pero antes de que logremos extinguirla del todo, empieza a sonar la alarma de incendios. Andy y yo nos miramos, y tras dos segundos de silencio, soltamos una carcajada brutal mientras terminamos de sofocar el fuego.

My God, qué horror de ruido. ¿Y esto cómo se para? Abrimos la ventana del salón-cocina para ventilar, pero el sonido de la alarma no cesa. Como dos niños pequeños, nos metemos los dedos índices en los oídos para mitigar el dolor. Pero ni siquiera eso impide que escuchemos los golpes de los que están aporreando la puerta de casa. Ay, la madre del cordero... Son los vecinos, a los que se unen segundos después nuestros amigos. Las caras de pánico y extrañeza de todos ellos, congregados en el estrecho pasillo, no hacen más que aumentar mis ganas de reír. Me contengo, y hago piruetas acústicas para alzar mi voz por encima del estruendo. Les explico que "we are O.K.", que no ha pasado nada grave. Lucho contra la barrera del sonido para hacerme oír, sin éxito, hasta que por fin, la alarma deja de sonar. Buf, ¡nunca el silencio me había producido tanto placer! Pues nada vecinitos, ya podéis volver a vuestras casas. Así es como nos presentamos los españoles en sociedad. A lo grande. Me da a mí que estos no se olvidan de la loca del segundo piso en su vida...

Con una humareda considerable como acompañante, y una remesa menos de tortitas de las esperadas, Andy, amigos y yo nos ponemos a celebrar el "Pancakes Tuesday". Aunque lo tradicional es tomárselas con mantequilla, azúcar y limón, tienen más éxito el sirope de arce y el dulce de leche, aportaciones de un canadiense y un argentino invitados a la velada. Mmmm... ¡delicious! Keep tuned...

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