BLOGS

Algunas de nuestras decisiones no serán populares, pero el objetivo es mejorar la calidad del aire de Roma

¿Cuánto vale un voto en comparación con la salud de un niño?

26/01/2018 19:31 CET | Actualizado 26/01/2018 19:31 CET
HuffPost

Mejorar la calidad del aire de una gran urbe como Roma es un objetivo que supondrá retos para todos y cada uno de los habitantes de una de las ciudades más fascinantes e históricas del mundo. Roma tiene unas características singulares que requieren un tratamiento específico: tiene uno de los cascos antiguos más grandes del mundo, resultado de una antigua ciudad con una enorme cantidad de monumentos y tesoros arquitectónicos. Son más de 2770 años de historia que han cambiado y moldeado el diseño de la ciudad, sus edificios, sus calles y su infraestructura.

Es un majestuoso conglomerado urbano que apenas ha sufrido modificaciones por la revolución de los transportes públicos del pasado siglo. Los siguientes datos quizá sirvan para esclarecer la singularidad de Roma en este aspecto: cuenta con una de las superficies urbanas más extensas de entre las principales capitales europeas, una red de metro mínima y uno de los mayores promedios del mundo en coches por habitantes.

En Roma hay una media de más de 70 coches por cada 100 habitantes, una cifra que no admite comparación con otras grandes ciudades de Europa: en París hay 46 por cada 100; en Barcelona, 41; en Londres, 36; en Berlín, 35; y en Madrid, 32. Se han probado diversas medidas a lo largo de los años, como restricciones de conducción según el día y la matrícula (solo las matrículas pares o las impares podían circular los días señalados) o restricciones completas basadas en la clase de vehículos (se prohibían los más contaminantes). Pero nada de eso ha servido realmente para solucionar el problema. Es necesaria una planificación meticulosa.

Solo en Europa, el dióxido de nitrógeno presente en el aire contaminado provoca 78.000 muertes prematuras al año.

No obstante, hay datos esperanzadores. Los datos de las unidades de control destacan que la contaminación atmosférica ha mitigado su acoso a la ciudad. Buenas noticias para los pulmones de nuestros habitantes, en especial para los niños, que son más propensos a desarrollar enfermedades respiratorias.

Tiziana Fabi/ AFP/Getty Images
La Basílica de San Pedro, fotografiada el 28 de diciembre de 2015. Debido a la falta de precipitaciones y de viento, la contaminación atmosférica había empeorado.

Las partículas en el aire y el dióxido de nitrógeno siguen siendo los contaminantes más perniciosos y preocupantes de la capital. En ambos casos, el número de ocasiones que han excedido los límites fijados ha sido menor del tope permitido por la ley. A fecha del 14 de diciembre de 2017, el nivel de partículas en el aire había superado el límite 21 veces de las 35 anuales que permite la ley. Las mediciones de dióxido de nitrógeno estuvieron por encima del límite durante 12 horas, por debajo del tope anual de 18 horas que establecen las leyes contra la contaminación. Son mejores datos que los del año pasado y queremos seguir mejorándolos.

El último informe publicado por la Agencia Europea de Medio Ambiente nos muestra un hecho alarmante: solo en Europa, el dióxido de nitrógeno presente en el aire contaminado provoca 78.000 muertes prematuras al año. Italia ocupa el primer lugar de la clasificación europea de muertes anuales derivadas de la contaminación atmosférica, con más de 17.000 al año. La contaminación atmosférica provoca problemas respiratorios, enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer.

En Roma hay implantada una prohibición permanente de circulación a los vehículos más viejos y contaminantes en la zona del famoso Anello Ferroviario (el anillo de circunvalación ferroviaria), una extensa zona que engloba los suburbios de la periferia de la ciudad. Durante el año 2017 hubo prohibiciones de circulación los domingos por la zona de la Fascia Verde (el cinturón verde), una zona de 154 kilómetros cuadrados. También se establecieron prohibiciones de emergencia a los vehículos más contaminantes durante los mayores picos de polución detectados por el sistema de control de la ciudad.

Filippo Monteforte / Getty Images
Un ciclista cruza la Piazza Venezia del centro de Roma el 27 de diciembre de 2015. El 28 de diciembre de 2015 se restringió la circulación a aquellos vehículos con matrículas impares. Al día siguiente, la restricción afectó a las matrículas pares , una medida para reducir los niveles de contaminación atmosférica.

Pero no podemos conformarnos con una gestión cotidiana. Necesitamos visualizar la ciudad del futuro. Tenemos que planificarla y ponerla en marcha al tiempo que seguimos gestionando los problemas diarios. Los mayores emisores de dióxido de nitrógeno y de partículas contaminantes son los vehículos y los sistemas de calefacción, y esas son las fuentes que debemos combatir de inmediato.

El 18 de septiembre de 2017 pusimos en marcha el PUMS, Piano Urbano della Mobilità Sostenibile (Plan Urbanístico de Movilidad Sostenible), para ocuparnos del problema del tráfico de los vehículos. Proporcionar una buena movilidad con el metro y el tranvía, sustituir los vehículos de transporte público más contaminantes y desarrollar un circuito de carriles bici son algunas de las medidas que adoptaremos en los próximos años para facilitar la transición de Roma hacia un nuevo modelo de movilidad sostenible.

Este proyecto ya nos está conduciendo a algunas medidas concretas: la planificación del GRAB, Grande Raccordo Anulare delle Biciclette (Gran Circuito Ciclista Circular), ya está en marcha. Serán 44 kilómetros de carriles bici a lo largo y ancho de la ciudad para llegar a todas partes de Roma, sin perder de vista el turismo, ya que también llegarán a los lugares más emblemáticos de la ciudad. Se ha puesto en marcha un nuevo plan para limitar el acceso de los buses turísticos al casco antiguo, lo que implicará menos tráfico de buses y, por lo tanto, menos tráfico en general.

Los mayores emisores de dióxido de nitrógeno y de partículas contaminantes son los vehículos y los sistemas de calefacción, y esas son las fuentes que debemos combatir de inmediato.

Hemos aprobado un plan para instalar 700 estaciones de recarga de vehículos eléctricos por toda la ciudad para el año 2021. Estamos trabajando en otros proyectos para construir nuevas sendas ciclistas y carriles bici, y estableciendo zonas peatonales, también de carácter provisional.

El 14 de noviembre de 2017, el Consejo Europeo aprobó la adhesión de Roma al Pacto de los Alcaldes para el clima y la energía. Nos hemos comprometido con los ciudadanos europeos a cumplir un reto enorme y ambicioso: reducir un 40% para el 2030 las emisiones de gases que aceleran el calentamiento global y el cambio climático.

Aspiramos a reducir el consumo de combustibles fósiles, que liberan dióxido de carbono y otros contaminantes peligrosos para el medio ambiente y la salud. El aumento de la eficiencia energética, empezando por los edificios públicos, y un mayor uso de fuentes de energía renovables, como los paneles solares fotovoltaicos, supondrán un aire más limpio para respirar.

Finalmente, para facilitar que Roma pueda respirar un aire limpio, hemos comenzado a plantar árboles e iniciado un programa participativo de reforestación que comenzó el 19 de noviembre, el Día Nacional del Árbol. Está científicamente demostrado que los árboles son capaces de atrapar partículas y otros contaminantes del aires, contribuyendo así a reducir la contaminación atmosférica.

Algunas de nuestras decisiones no son ni serán populares, pero yo me pregunto: ¿cuánto vale un voto en comparación con la salud de un niño?

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

NOTICIA PATROCINADA