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Hembristas y el mito de la hembrista

29/10/2017 09:11 CET | Actualizado 29/10/2017 09:11 CET
La Gorgona. Pintura de Gabriela Kostesky

Gran parte de mi escritura está dedicada a analizar los discursos religiosos en relación al género y las mujeres y cómo estos interactúan o entran en disputa con otras narrativas sociales para oprimir o liberar. No obstante, por extensión, me interesan todos los discursos sociales relativos al género y las mujeres. Uno de los que me llama la atención en particular es el de la Hembrista, cuyo canon siempre me hace pensar en el mito de La Gorgona.

La Gorgona, como seguramente saben, era un despiadado monstruo femenino. Su poder era tan grande que cualquiera que intentase mirarla quedaba petrificado. Se la representaba con alas de oro, garras de bronce y colmillos de jabalí. Llevaba un cinturón de serpientes, entrelazadas como una hebilla y confrontadas entre sí. La única manera de matarla, era cortándole la cabeza.

¿Espeluznante no? Cosas parecidas se dicen de La Hembrista: Enemiga de los hombres, castradora de señores, opresora de caballeros, destructora de virilidades, engullidora voraz de masculinidades. Siendo un mito comme il faut nunca nadie la ha visto pero la sola mención de su nombre genera ansiedad y terror. Es la suma de todos los miedos del patriarcado.

Al buscar el término "Hembrismo" la mayoría de las definiciones son bastante escuetas al señalarlo como opuesto al machismo. Respetando la "definición", el hembrismo sería lo opuesto equivalente al machismo. Ergo, para saber de qué se trata, hay que ver que es el machismo.

El 'machismo', expresión derivada de la palabra "macho", se define en el RAE como la "actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres". El machismo engloba el conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias destinadas a justificar y promover el mantenimiento de conductas percibidas tradicionalmente como heterosexualmente masculinas.

El machismo son actitudes, ideas y conductas socializadas, es decir, de común reconocimiento y ampliamente aprendidas, por lo tanto aceptadas. El machismo entonces, cuenta con un sistema institucional y simbólico de respaldo que permite su reproducción.

Si el hembrismo es lo contrario del machismo, sería tentativamente:

Una actitud de prepotencia con respecto a los varones y un conjunto de actitudes y creencias destinadas a justificar y promover el mantenimiento de conductas percibidas como heterosexualmente femeninas.

Si el hembrismo es el espejo del machismo, entonces ser hembrista es tener practicas sociales que contribuyen a mantener conductas heterosexualmente femeninas validadas por un sistema de instituciones políticas y culturales. Y ¿Cuál es el sistema cultural, la práctica social, el respaldo de la tradición, la estructura de apoyo controlada por las mujeres que oprime a los varones? ¿Dónde está ese sistema universal y transversal, apoyado por la ciencia, validado por la historia, financiado por la banca, que promueva la desigualdad para los varones a nivel político, económico, socio-cultural?

No existe. El único sistema que existe es el patriarcado.

Si el único sistema disponible es el patriarcado, entonces el hembrismo NO es el opuesto del machismo, sino su complementario.

Sin embargo, el uso mal-intencionado del término califica a una mujer de hembrista, cuando ella rompe con el modelo de femineidad tradicional y cuestiona los roles de género. En realidad, el hembrismo es un concepto que nada tiene que ver con los feminismos, pero se usa para invalidar los procesos de autonomía de las mujeres y a instigar a que las propias mujeres rechacen el empoderamiento de otras. Según Laura Fjäder, la tergversación del hembrismo buscaría:

La deslegitimación de la mujer poderosa, categorizándola como monstruo (...) un mecanismo para excluirnos del ámbito público, del poder y del plano de la autoría.

Es decir que se tergiversa el Hembrismo, para que nos quedemos de Hembristas.

Entonces, ¿es que no hay monstruas? Pues, Gorgonas no sé si hay, pero de que hay hembristas, las hay: la ama de casa sumisa, la madre abnegada, la virgen protectora, la seductora sin alma, más todos los estereotipos de género funcionales al patriarcado que se te ocurran.

Decir que existe un hembrismo propiciado desde los feminismos, al estilo de una IV Internacional o una Conspiración Iluminatti, en alianza con las Monarquías Reptilianas, organizado y coludido con el poder político, económico y militar global, para declarar una guerra a los hombres y obligarlos a vivir en catacumbas o escapando de ciudad en ciudad como el Dr. David Banner, es afirmar que el patriarcado se acabó y se cambió por otro sistema de discriminación transversal hacia la otra parte de la humanidad.

Y decir eso, es construir un mito. Sabemos que no es así.

La noción de Hembrismo como una extensión de los Feminismos es sólo una trampa mental que sugiere que la liberación de las mujeres de la sujeción patriarcal crea monstruos capaces de causar heridas mortales. Es el cuento del "cuco" que nos contaban de niñas para que no desodeciéramos. Es el mito que de adultos nos inculcan para que tengamos miedo de la mujer sin miedo.

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