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Novela negra: de sospechosa a protagonista de la literatura

13/07/2017 17:50 CEST | Actualizado 14/07/2017 07:27 CEST

Getty Images/iStockphoto

Por Camila Pinzón Mendoza

En tres décadas, la novela negra o policial ha pasado de la periferia a ocupar parte del centro de la literatura. Tanto por su espectacular metamorfosis como por el número de autores y popularidad. Levantada sobre los pilares del género, uno de sus aciertos es haberse revelado como espejo de la realidad más inmediata, ya no solo con meros asesinatos por herencias, venganzas, despechos o psicópatas. Sus páginas han ido casi al mismo ritmo de la vida y las nuevas preocupaciones del mundo, como entretenimiento y denuncia. A sus argumentos clásicos se suman las ondas políticas surgidas tras el deshielo de la antigua Unión Soviética y el nuevo orden, con la caída del Muro de Berlín, la corrupción a todos los niveles y áreas, la revolución digital y sus métodos inimaginables, los laberintos del poder y la violencia en múltiples manifestaciones.

En medio de ese nuevo territorio, destaca la cada vez mayor incorporación de la mujer como autoras y como personajes. Lisbeth Salander, la rarísima hacker de la saga Millenium, creada por Stieg Larsson, es uno de los ejemplos globales. Coincidencia o no, el número de investigadoras, policías, comisarias o inspectoras han aumentado en las últimas tres décadas. A las ya clásicas damas del género, como P.D. James, Fred Vargas, Donna Leon o Alicia Giménez Bartlett, se han sumado, en España, por ejemplo, nombres como Dolores Redondo, Rosa Ribas o Berna González Harbour.

Todo eso lo ha vivido y alentado un encuentro literario como la Semana Negra de Gijón (España), que estos días celebra sus treinta ediciones. Una cita surgida en plena euforia de la literatura española. "El género no existía, el campo cultural de la novela negra en España se lo inventó Paco Ignacio Taibo II y la Semana Negra de Gijón", le decía el escritor Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939), autor de la serie negra protagonizada por el detective Pepe Carvalho, al sociólogo francés Pierre Bourdieu. 1988 fue el año en que Paco Ignacio Taibo II (Gijón, 1949), escritor y fundador de la Asociación Internacional de Escritores Policíacos (AIEP) reunió, en lo que sería el primer festival internacional de novela policiaca en España y que bautizó bajo el nombre de la Semana Negra de Gijón, a una treintena de escritores y maestros del género: de Jean-Patrick Manchette y Donald Westlake al propio Vázquez Montalbán, con el fin de poner en el centro a un género menor que estaba en la periferia.

WMagazín ha preguntado a varios protagonistas de esta trigésima edición de la Semana Negra de Gijón, del 7 al 16 de julio, cuáles han sido los principales cambios y/o aportes de la novela negra en estas tres décadas. Un género popularizado desde finales del siglo XIX a nivel mundial por nombres como Arthur Conan Doyle y continuado en el XX por Raymond Chandler, Georges Simenon, Patricia Highsmith, Dashiel Hammet, Agatha Christie... Sobre sus bases, el género ha evolucionado, ahora sus ahijados dan pistas sobre cuáles han sido los principales cambios:

Paco Ignacio Taibo II, creador de la Semana Negra de Gijón

Desde el origen, que fue pura novela policiaca y novela negra, el festival se ha abierto hacia la literatura de género; entró en la novela histórica, la fantasía, la ciencia ficción y el cómic. No queríamos correr el riesgo de agotarnos con una sola temática. Durante estos treinta años, se consolidó la idea, hoy ya ganada, de que la literatura negra es un género tan respetable como cualquier otro, donde hay buenísimas novelas, con calidad narrativa literaria, política y poética, y también, por supuesto, mucha basura.

En los años setenta se produce una ruptura interesante: la presencia de autores hispanoparlantes, tanto españoles como latinoamericanos, se hace muy notable. Una novela negra con mucha carga social, una visión muy crítica y con vocación de experimentar, da gusto leer al escritor argentino Juan Sasturain, al colombiano Mario Mendoza, o a alguno de los españoles; no solo hay una preocupación por contar la parte que no se ve, sino que además hay una vocación por utilizar recursos narrativos y literarios importantes en el armazón de la novela.

Juan Madrid, maestro del género en España

El gran cambio es que el papel de los detectives privados pasa a ser de la policía. El que empieza con un policía como protagonista es Georges Simenon, casi a principios del siglo XX, con el comisario Maigret. Se trata de un policía buenísimo, exigente para todos los paladares, que en su cabeza es un heredado de Sherlock Holmes, capaz de descubrir el culpable. La novela americana, francesa y de la Unión Soviética era capaz de criticar y cuestionar el poder, pero no se ha publicado una novela sobre el GAL, Inchaurrondo y el papel de la policía en este momento político, en el que es aliada del poder, funciona con el poder y enmascara al poder. Falta eso, como si no existiera, el relato no responde a la realidad, responde a una ficción que es la literatura de crímenes. Este tipo de relato policial nació ya de alguna manera pervertido. Dentro de la novela negra auténtica hay menos escritores que realmente quieren reflejar lo que está pasando arriba y debajo de las cloacas, esa relación extraña que hay entre los despachos, gánsteres y la corrupción. Yo me considero en esta vía, esto es lo que intento contar, reflejar y cuestionar.

Elia Barceló, indispensable de la ciencia ficción

Durante mucho tiempo, la novela enigma se fue centrando como novela social, de bajos fondos, de retratar lo peor y lo más desagradable del alma humana. La ambientación de lugares más o menos exóticos antes era de preferencia anglosajona, casi siempre en mansiones inglesas o bajos fondos de grandes ciudades americanas, pero, poco a poco, empezaron a llegar novelas de autores extranjeros que sucedían en sitios francamente exóticos para el lector en español: en el norte de Suecia, con el sol de media noche, o en Islandia o en Sri Lanka. Así fue aumentando el número de novelas españolas que sucedían en grandes ciudades como Barcelona y Madrid. En ellas, los lectores tenían, además del misterio de la historia, la sensación de estar viajando a otros países.

Berna González Harbour, creadora de una comisaria única

Es un género que está sabiendo retratar la realidad, y en la medida en que esa realidad se ha oscurecido, se ha ennegrecido, está sabiendo conectar con los lectores. Todas las certezas se han derrumbado, el viejo mundo que creíamos seguro no lo es, y en ese tsunami, la novela negra cumple un grandísimo papel. Está cabiendo todo en la etiqueta de novela negra, está creciendo el thriller, pero sobre todo, está sirviendo para hacer un gran mapa del mundo y sus problemas. En la medida en que refleja la realidad de nuestro tiempo, nos sumamos más mujeres que en el pasado, como autoras y como protagonistas. Pero nunca olvidemos que este es el territorio de las enormes Agatha Christie o Patricia Highsmith.

Carlos Zanón, voz calve del siglo XXI

El gran aporte en estos últimos años ha sido el fenómeno Larsson: de una patada llevó la novela negra al siglo XXI. Con independencia de su calidad literaria, creó un personaje como Lisbeth Salander, una revolución de la cual se han ido clonando muchos otros personajes. Así mismo, la asimilación de la estructura suspense, que funciona muy bien en cualquier tipo de novela. Ahora parece que todo el mundo escribe novela negra, ya no es un género que suene a pasado. La novela negra es una mirada a la realidad, una mirada pesimista, donde la violencia es la única vía que tienen los personajes para conseguir cambiar sus vidas. Es una novela costumbrista, social, violenta, urbana, que no da respuestas morales. Cada uno administra la violencia como puede para conseguir lo que quiere o lo que necesita. Qué hay en la mente de alguien para llegar a hacer eso es lo que se pregunta este género. Alguien dijo que en la novela negra el culpable siempre es el sistema. Y puedo estar de acuerdo, el sistema genera y permite que sucedan estas cosas. Supera al periodismo en el sentido de que no tienes que tener pruebas para denunciar lo que crees que pasa, es una manera de explicar el aquí y el ahora.

Juan Salvador López, librero de la Librería Estudio Escarlata, especializada en novela negra

Uno de los cambios más interesantes es que el género negro se ha aceptado dentro de la cultura. Ya no es sólo literatura de evasión o de usar y tirar, sino que gracias a varios escritores y a festivales como la Semana Negra, ha pasado a ser parte de nosotros, la historia de nuestros delitos también es nuestra historia. Creo que falta de hacer memoria, tanto a nivel cultural como social, varios autores y títulos no se reeditan, parece que vivimos en un presente continuo. Hay que recordar que en el principio fueron las novelas de a duro o bolsilibros, firmadas con seudónimos anglosajones, Francisco García Pavón y su guardia municipal Plinio, Andreu Martín y Juan Madrid, las sagas de Paco Ignacio Taibo II, González Ledesma y Vázquez Montalbán, las crónicas negras de Mariano Sánchez Soler, los psicópatas de Pérez Merinero, las novelas impuras de José Luis Muñoz y la Petra Delicado de Alicia Giménez Bartlett.

Actualmente hay mucho marketing y mucha obediencia a tendencias de mercado, se habla de "domestic noir, femicrime, local crime, thriller literario, personajes femeninos tan poderosos como Lisbeth Salander.... Y hay muy poco cuidado a la hora de escribir y elaborar tramas, la mayoría son novelas costumbristas con un investigador traumatizado que habla de sus penas.

Ángel de la Calle, director de contenidos de la Semana Negra

Hace 30 años, la primera Semana Negra buscaba, antes que nada, la legitimación del género dentro de la literatura. Actualmente, esto no es lo que se pretende, esta legitimación ya se consiguió: la novela negra no está ni siquiera en la periferia de la literatura, la novela negra hace parte de la centralidad.

Los noruegos se siguen considerando los mejores, pero pienso que ha habido un crecimiento y una vanguardia importante en los escritores de América Latina. En este momento los mexicanos y los argentinos son los más vanguardista en la forma de escribir, fundamentalmente por un mestizaje de géneros, que ya viene de lejos, como lo ha hecho el escritor norteamericano Philip K. Dick en Blade Runner, en donde mezcla novela negra y ciencia ficción.

Ahora mismo una de las aportaciones en el género ha sido la incorporación de las autoras. En la primera Semana Negra hubo tres escritoras participantes, una japonesa, una española y una inglesa, no llegaría al 10 % de participación, ahora es absolutamente diferente el panorama. La finalistas este año es María Inés Krimer y Empar Fernández. Y hay un número muy amplio de personajes femeninos como policías, comisarias, periodistas...

Este año hacemos memoria. Los maestros Vásquez Montalbán, Jean-Patrick Manchette, Donald Westlake de la primera Semana Negra ya no están, pero estarán los que entonces eran los jóvenes escritores, Juan Madrid, Jorge Martínez Reverte y José Luis Muñoz. Queremos rendirle homenaje a ellos tres, presentando su nueva novela y unirlos a los que nosotros pensamos que dentro de 30 años serán los maestros, Leandro Pérez, Emiliano Monge, Agustín Martínez y Javier Castillo.

Sherlock Holmes y Lisbeth Salander vistos por Fernando Vicente

Montalbán, Manchette y Westleke apadrinaron la primera edición de la Semana Negra de Gijón, en 1988, pero la historia viene de atrás...

Auguste Dupin era un verdadero observador, notaba aquello que nadie vía, lograba meterse en la mente de un criminal y combinaba a la perfección la lógica científica con la imaginación. Sherlock Holmes y el Doctor Watson hablan, 46 años después, en Estudio en Escarlata (1887), de aquel prolífico detective creado por Edgar Allan Poe en Los crímenes de la Calle Morgue (1841), donde investiga la muerte de una madre y una hija. Fue precisamente Dupin quien sirvió de modelo al escritor británico Arthur Conan Doyle para dar vida a Sherlock Holmes, el más famoso detective de todos los tiempos, que constituye por excelencia el personaje arquetipo de las novelas policíacas. Los relatos de Conan Doyle, así como de otros escritores británicos como Chesterton y Agatha Christie, ocurrían en enormes mansiones, casi siempre durante alguna fiesta a la que acudían miembros de la más alta clase inglesa, rodeados de exquisito licor y candelabros de plata, donde el culpable era descubierto y castigado por la ley. Hacia finales de los años veinte, en Estados Unidos, de la mano con la Gran Depresión, la novela policiaca fue evolucionando hacia narrativas más complejas. Por un lado, aquellas mansiones se convirtieron en los bajos mundos de las grandes ciudades americanas, en ambientes oscuros y sórdidos, donde reinaba la violencia, la pobreza, las armas y el racismo. Los detectives privados comenzaron a sustituirse por agentes policiales y la lógica del crimen empezó a adentrarse en la explicación sicológica, en el interés por comprender los conflictos del alma humana, acompañadas de una fuerte denuncia social contra el sistema y el poder.

Fue así como empezó a llamarse hardboiled o novela negra. Algunas de estas novelas son Knights of the Open Palm de Carroll John Daly (1923), El sueño eterno (1929) de Raymon Chandler y El Halcón Maltés (1930) de Dashiel Hammett. En Europa, empieza a extenderse, como novela noir, especialmente en Francia y los países nórdicos, donde encontró en los paisajes oscuros, helados y desolados la atmosfera perfecta para el crimen.

La metamorfosis del género ha sido espectacular. Dos iconos lo escenifican a la perfección: de un detective gentleman como Holmes a una hacker intrépida y lista como Lisbeth Salander.

Este artículo fue publicado originalmente en la web de WMagazín, la revista literaria online dirigida por el periodista Winston Manrique Sabogal, un espacio para conversar con sosiego sobre literatura, donde él es cronista de encuentros, reportajes y entrevistas a ambos lados del Atlántico, y los lectores son los coautores, con sus lecturas y comentarios.