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Si las cuatro candidatas fuesen mujeres

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Birgitte Nyborg, primera ministra y líder del Partido Moderado en la serie Borgen

En estos días toca, por segunda vez, sentarse a dialogar y pactar, escuchar y buscar posiciones intermedias y ya me veo como Bill Murray en El Día de la Marmota presenciando las mismas posturas rígidas, las mismas exigencias absurdas, el mismo yo tenía la razón y tú no... En definitiva, la misma lucha entre cuatro titanes que harán lo posible por mantener su pie encima del otro, marcar el territorio, levantar barreras y mear en todas las esquinas posibles. No por el bien del país sino para satisfacer su ego personal. Es lo que tiene el exceso de testosterona a cargo de un país... haber elegido muerte.

Reconozcámoslo, a ellos les han educado para esgrimir la espada bien alta y hacerse un selfie con ella si es posible. Basta con estudiar un poco los referentes masculinos para saber qué tipo de cosas se dirán en las negociaciones a puerta cerrada: que si "yooo tengo el poder" por aquí, que si "el anillo es mío" por allá, que yo quiero "hasta el infinito y bla, bla, bla"... Dicen que para obtener resultados diferentes hay que combinar elementos diferentes y lo que está claro es que en esta ecuación falta el liderazgo femenino. Entendiendo por liderazgo femenino el que presenta cualidades normalmente asociadas a las mujeres, no el que se viste con falda y maquillaje pero sigue esgrimiendo la espada de Grayskull allá donde quiera que vaya (no, no aceptamos Aguirre y Merkel como liderazgo femenino).

"Se trata de transformar el poder, no de copiarlo"

Que una mujer esté ocupando un puesto de responsabilidad no siempre implica que esté ejerciendo un liderazgo femenino, ya que normalmente para acceder a este puesto las mujeres tienen que mimetizarse con los que ya están arriba para que piensen "es de los nuestros". Lo que yo propongo es incluir valores femeninos para equilibrar y mejorar el cuadro de mando. Hace poco una joven diputada me confesaba que siente que tiene que levantar mucho la voz y ser muy efusiva para que la tengan en cuenta al hablar en el hemiciclo y eso es precisamente lo que no hay que hacer: se trata de transformar el poder, no de copiarlo.

Vamos a imaginar el caso contrario: ¿qué ocurriría si las cuatro candidatas a la presidencia fuesen mujeres? ¿Cambiarían la forma en la que se dirige un país? ¿Qué aspectos positivos aportarían a la sociedad?

Mientras que ahora nadie se plantea el hecho de que no haya ninguna mujer candidata, lo primero que harían estas cuatro mujeres es considerar anormal el hecho de que no hubiese hombres optando al puesto, así que estudiarían las causas y tomarían medidas para que la situación fuera más equilibrada.

"Se valorarían conceptos como la comunidad y el grupo"

Un país gobernado por mujeres fomentaría una conciencia más colectiva y menos individualista y se tomarían decisiones considerando siempre lo que es mejor para la mayoría. Estaría más abierto al diálogo y a la escucha, la comunicación y las conexiones interpersonales serían un valor principal. Habría una mayor disponibilidad a compartir información con lo que se generaría mayor transparencia y menos corrupción. Tendería al consenso y a evitar al conflicto, sería mucho más pacífico porque ellas buscan la conciliación en lugar de la confrontación.

Más flexible y menos rígido, con escala de grises en lugar de blancos y negros. Una sociedad que sabe ponerse en lugar del otro para entender sus necesidades evitando el "si no estás conmigo estás contra mí". Estaría más abierto al cambio porque las mujeres son fluctuantes, saben adaptarse y fluir, los cambios no serían vistos como una amenaza sino como algo natural. Habría menos competitividad y más trabajo en equipo. Se valorarían conceptos como la comunidad y el grupo, lo que generaría una estructura menos jerárquica y mucho más horizontal. Viviríamos en un sistema más humano y menos capitalista, dedicando mayor inversión a la educación, sanidad y derechos sociales. Se daría un lugar relevante a la familia, sería posible una mayor conciliación y tendríamos niños y niñas con mejor atención, fuertes y estables.

Estos son sólo algunos de los muchos valores que aportaría un gobierno presidido por mujeres. A pesar de que no es habitual que las mujeres ocupen puestos de poder, la sociedad necesita urgentemente incluir estos valores en sus hojas de ruta. Esto no significa que los valores masculinos no sean necesarios o que no haya hombres que también aporten valores femeninos: Pepe Mujica, ex presidente de Uruguay es un buen ejemplo de ello. Pero como la educación que hemos recibido ha hecho que desarrollemos más unos que otros, hasta que consigamos ese equilibrio personal podemos empezar estableciendo la armonía en nuestros gobiernos. Sería una buena forma de dar ejemplo.