INTERNACIONAL
10/10/2015 10:39 CEST | Actualizado 10/10/2015 10:39 CEST

Estas impactantes fotografías muestran lo que queda tras un desastre nuclear

Más de 160.000 personas fueron evacuadas de sus casas en 2011 cuando un tsunami provocó una triple fusión nuclear en los reactores nucleares de Fukushima Daiichi. Ahora queda una zona de exclusión radiactiva con un radio de 20 kilómetros a la que muy pocas personas se atreven a regresar.

El fotógrafo Arkadiusz Podniesinski se aventuró en la zona el pasado septiembre y capturó inquietantes escenas de una vida congelada en el tiempo: bicicletas y coches abandonados o supermercados vacíos que todavía tienen comida en las estanterías.

DENTRO DE LA ZONA DE EXCLUSIÓN RADIACTIVA DE FUKUSHIMA

“Cuando entré en la zona de exclusión, lo primero que me llamó la atención fue la gran labor de descontaminación que habían hecho”, explicó Podniesinski en una historia que acompaña las fotos que ofrece la agencia Rex Shutterstock. Miles de trabajadores están intentando limpiar la zona de material radioactivo para que, en un futuro, haya más habitantes que se sientan lo suficientemente seguros como para volver.

Podniesinski no fue capaz de acceder a las áreas más afectadas de la zona de exclusión, pero las ciudades que visitó eran escalofriantes: “Futaba, Namie y Tomioka son ciudades fantasma con un terrorífico vacío que reflejan una tragedia que afectó a cientos de miles de personas”, dijo.

Más abajo puedes ver las fotos que hizo Podniesinski en la zona de exclusión:

Foto aérea de coches abandonados.

Dentro de un supermercado.

El pasillo de un supermercado con productos por el suelo. Desde la catástrofe, la naturaleza ha seguido su curso y se pueden ver las telarañas colgando de los estantes.

El gimnasio de una escuela.

Karts alineados y listos para una carrera.

Un salón de juegos que una vez estuvo desbordado de gente ahora está vacío.

Pantallas de ordenador abandonadas.

Una de las clases en la primera planta de una escuela. Ha quedado una marca en la pared que muestra el nivel de la ola del tsunami. En la pizarra de la clase siguen las palabras que escribieron los alumnos y los profesores para animar a las víctimas. Hasta se puede leer un: “¡Podemos hacerlo, Fukushima!”.

Bicicletas abandonadas.

La mesa de un restaurante con la vajilla que dejaron los clientes.

Una moto abandonada al lado de una farola en 2011. Desde la catástrofe, la maleza ha crecido entre las ruedas.

En la actualidad hay aproximadamente 360 reses que pertenecen a Masami Yoshizawa, que regresó a su granja tras la catástrofe. El terremoto causó esas grietas en la tierra.

Una pila de televisiones contaminadas por la radiación.