"El borrado de las mujeres se produjo sistemáticamente desde los que escriben la Historia, que nunca éramos nosotras"

Entrevista a la escritora e historiadora Pilar Sánchez Vicente, que publica 'La hija de las mareas'.
ROCA EDITORIAL
Portada de 'La hija de las mareas'.

“Yo escribo como hablo pero corregido, ’limpino”, asegura la novelista Pilar Sánchez Vicente en una conversación con El HuffPost, poco antes de que su nuevo libro vea la luz. Y la sensación al otro lado del teléfono es la de que lo hace a toda velocidad, pero con mucha pasión, vocación y ánimo de contagiar su entusiasmo por lo que estudió, Historia.

“No me paro a grandes perífrasis, a mí lo que me gusta es contar historias que te lleguen, que te remuevan las entrañas, que te hagan pensar, que sufras, que llores, que te alegres, pero sobre todo para que, cuando cierres el libro, te entre la curiosidad”, describe la autora de Mujeres errantes o La muerte es mía, cuya última criatura ha llegado a las librerías esta misma semana: La hija de las mareas (Roca Editorial). 

Su protagonista es Andrea Carbayo de Jovellanos —(ficticia) hija secreta del escritor Melchor Gaspar de Jovellanos—, quien en 1820 escribe sus memorias para dejar constancia de sus vivencias. Éstas van desde su infancia en Asturias hasta su viaje a Oxford —donde vestida de hombre asiste a la presentación de descubrimientos médicos— o su paso por París —en plena Revolución Francesa, donde lucha por los derechos de las mujeres y aprende a manejar una imprenta— hasta su vuelta a Gijón con el telón de fondo de la Guerra de la Independencia. Y bajo la amenaza que supone el inquisidor Valdés.

La idea le vino cuando, a raíz del éxito de Mujeres errantes, que transcurría en Cimadevilla (Gijón), se dedicó a hacer visitas guiadas por esa zona de la ciudad con los clubs de lectura y explicaba su origen: “Veía que Oviedo tiene La Regenta, tiene a Pérez de Ayala, tiene a Galdós... pero Gijón, con la intensa vida que había tenido, no tenía esa historia. Nos faltaba precisamente la que se narra en La hija de las mareas, la de los palacios, ese momento en el que entran por el puerto de Gijón los libros prohibidos, las especias, esas galletas, ese cacao, esa riqueza, ese mundo que traía el puerto, esa gente que venía de fuera...”

“Y luego claro, la Guerra de la Independencia. Aquí está poquísimo trabajada y muy poco novelada y fue una cosa tremenda, sacudió la región”, añade. De hecho, recuerda que una de las escenas más impactantes del libro es cuando la flota de Renovales llega desde Cádiz en pleno invierno: “Llegan aquellos hombres del sur, de tierra adentro, desembarcan por la playa de San Lorenzo mareados, descalzos, ¡imagínate cómo podían bajar con aquel temporal y lanzando obuses contra la ciudad! Y de repente les salen por el otro extremo los mamelucos. ¡Los mamelucos que pinta Goya, esos seres impactantes! Verlos venir de frente en aquel contexto tuvo que ser tremendo”.

Beatriz Montes / Roca Editorial
La escritora Pilar Sánchez Vicente.

Todas esas imágenes que consigue evocar en pocas frases son una muestra de lo que logra en las páginas de sus libros. Sánchez Vicente, que cree que nació “siendo escritora”, señala, “como decía Semprún”, que “la historia se aprende en las novelas, no en los libros de texto. Si eres fiel a la historia en tu novela puedes hacer mucho por dar a conocer esas épocas pasadas”.

En las suyas, como destaca, no le gusta reflejar la historia “de las reinas o de las personas que ya tienen, digamos, su espacio”, sino “de las mujeres anónimas”.

Para la autora, el éxito de sus novelas reside en que los lectores “ven reflejadas en ellas a mujeres que están a pie de obra continuamente, que luchan porque haya de comer mañana en la cocina, que alimentan a los niños, que cuidan a los nietos, que no ven reconocido su trabajo...”. “Esa resiliencia, esa lucha permanente y cotidiana, es lo que me motiva a escoger esos personajes, siempre de diferentes épocas históricas”, puntualiza.

“Si eres fiel a la historia en tu novela puedes hacer mucho por dar a conocer esas épocas pasadas”

Como cuenta, al estudiar Historia descubrió “la absoluta invisibilidad” que tenían las mujeres, algo que “dio un vuelco” cuando a finales del siglo XX la historiografía francesa “despertó” la historia de la vida cotidiana, “y ahí estábamos las mujeres”. A partir de su tesina, que centró en la condición jurídica de la mujer medieval, decidió que, desde su “trinchera de escritora e historiadora” dedicaría su carrera a darles voz: “Siempre estuvimos ahí, porque siempre escribimos, siempre pintamos, siempre hubo filósofas... pero ese borrado se produjo sistemáticamente desde los que escriben la historia, que coincidía que nunca éramos nosotras”.

La hija de las mareas empieza precisamente con el cuaderno de quejas, el que presentaron las damas por la libertad en la Asamblea Nacional [en la Revolución Francesa], es un documento verídico. Llevamos toda la vida sacando nuestra pancarta a la calle y diciendo ’¡Estamos aquí, tenemos derecho a nuestra voz y nuestro espacio!”, recalca.

“No se trata de reescribir la Historia, sino de quitar la alfombra con la que la tenían tapada, quitarle ese polvo que nos cubría y recuperar realmente cuál era nuestro papel”

Sánchez Vicente recuerda otro caso: “Toda la vida nos dijeron que quienes pintaron las cuevas eran hombres y ahora se está descubriendo, por las palmas de las manos, que no”. En su opinión, “no se trata de reescribir la Historia, sino de quitar la alfombra con la que la tenían tapada, quitarle ese polvo que nos cubría y recuperar realmente cuál era nuestro papel”.

Ese polvo se lo quiere quitar, por ejemplo, a Josefa de Jovellanos, “la primera mujer que escribe en asturiano” con “poemas sociales donde denuncia a los ricos, a los reyes, la situación de los pobres...”, pero hasta ahora era “la hermana de”. ”¡Josefa de Jovellanos no tiene una calle en Gijón! Hay una calle que se llama La Argandona, que era como la conocían porque su marido era Argandón”, denuncia. 

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