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11/05/2020 11:14 CEST | Actualizado 11/05/2020 11:35 CEST

'Celtiberia Way': No es país para estatuas

Ángel Caído (obra de Ricardo Bellver, 1877. Parque de El Retiro. Madrid) Foto: Felipe Gabaldón (cc)

En la Olimpia clásica los competidores de los juegos que hacían trampa eran multados y castigados. Su vergüenza quedaba inmortalizada, sufragada con la propia multa, en inscripciones en las estatuas en honor a Zeus que flanqueaban el acceso al estadio, en las que se indicaba el nombre y ofensa del tramposo. En el transcurso de los años algunas investigaciones arqueológicas afirman que también se erigieron estatuas que, directa y explícitamente, representaban a esos tramposos, situadas frente a la de Zeus que presidia el santuario olímpico.

En esta isla entre el Atlántico y el Mediterráneo, también conocida como Celtiberia, hasta principios del siglo XIX había muy pocas estatuas monumentales en el espacio urbano de gestión pública: Hércules en Barcelona, Elcano en Getaria, Cibeles y Neptuno en Madrid, y no muchas más antes de que se impusiera la moda importada de París, con la que empezaron a proliferar estatuas reivindicativas de prohombres de la época y de antiguas e idealizadas glorias patrias.

Una nueva visión de este clásico arte público consistiría ahora en dejar de hacer estatuas a esas contemporáneas o pasadas glorias -para eso es más relevante dar su nombre y méritos a una calle o plaza, póstumamente, claro, cuando ya no puedan, con una última ocurrencia, dejarnos petrificados-, y dejar las estatuas para representar y dejar expuesto, al descubierto, a la vista de todos, el testimonio de una trampa, un engaño, un dolor, y toda la vergüenza causada. Una especie de ‘paseo de la fama’ a la inversa: El Paseo de los Vergonzantes.

 

Este artículo forma parte de la serie ‘Celtiberia way’

Como bien sabemos en este rincón del planeta, en esta isla entre el atlántico y el mediterráneo, en esta aldea bárbara también conocida como Celtiberia, siempre se nos ha dado muy bien expresarnos artísticamente, probablemente nuestra mejor baza en los últimos dos mil años.

Así que una forma de observar el mundo que nos rodea podría ser a través de la mirada de los artistas, en cualquiera de sus formas de expresión. Que es mucho lo que nos puede contar de nosotros mismos.