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04/09/2019 07:03 CEST | Actualizado 04/09/2019 07:03 CEST

¿Qué hacer con los Teatros del Canal?

Se debería dar continuidad al proyecto actual.

Teatros del Canal.
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Hay una nueva responsable de cultura en la Comunidad de Madrid, Marta Rivera de la Cruz, de Ciudadanos. Una de las primeras consecuencias que esto supone es el cese automático de Natalia Álvarez Simó, directora de los Teatros del Canal, ya que su contrato estaba vinculado a la continuidad del anterior consejero, Jaime de los Santos. En estos dos años, el trabajo realizado por Álvarez Simó y su equipo en los Teatros del Canal ha sido excelente: una programación nacional e internacional de altísima calidad, un gran cuidado y consideración hacia los y las artistas, una proyección exterior que se había perdido, la muy necesaria apuesta por la danza y unos primeros pasos en el trabajo con audiencias, que es una de las grandes asignaturas pendientes en la Comunidad de Madrid. Estamos ahora en el punto en el que, si existiera una voluntad política, Natalia Álvarez Simó podría ser ratificada en el cargo y dar continuidad al trabajo realizado. Eso sería una muy buena noticia. Lo que sucede es que en este enunciado se encuentra, precisamente, la clave del problema: si hubiera voluntad política. Porque, de asumirlo tal cual, estaríamos aceptando que las instituciones culturales públicas dependan de la voluntad de quien en cada momento ocupe los puestos de responsabilidad. 

Sabemos que esto no es lo mejor para la cultura. La cultura, como la educación, necesita poder profundizar en proyectos a largo plazo que funcionen de modo independiente a los tiempos de la política. Es en ese plazo donde las instituciones culturales pueden consolidar la relación con los espectadores, impulsar trayectorias artísticas y convertirse en referentes sociales en un sentido amplio. Una institución cultural -además de presupuesto, obviamente- necesita tiempo y libertad.

Existe una manera de garantizar este tiempo y esta libertad, y se llama concurso público. Un mecanismo mediante el cual un grupo plural de profesionales de reconocida experiencia y criterio -eso es importante- evalúa un proyecto y elige una dirección para un plazo determinado. El concurso es una práctica habitual a nivel europeo y en nuestro territorio hay algunas administraciones que están avanzando en este sentido, como es el caso de la estatal o, en el pasado ciclo, el Ayuntamiento de Madrid. Existen también ejemplos de concurso público en la propia Comunidad de Madrid como es el caso del Centro de Arte Dos de Mayo que realiza, al igual que los Teatros del Canal, un excelente trabajo.

Lo que se debería hacer a día de hoy en el caso de los Teatros del Canal es dar continuidad al proyecto actual.

Un concurso público, además, viene a recordar algo que se suele olvidar y es el hecho de que la política cultural no es una cuestión de gusto. Ninguna decisión de un responsable público debe ser una traslación de sus preferencias estéticas. El reto es más ambicioso y democrático. Se trata de dar cabida a las distintas manifestaciones culturales, en sus diferentes contenidos, formatos y lógicas, porque eso es precisamente lo que enriquece la cultura. Esto implica un paso más, complejo, pero que no debería postergarse hasta un horizonte indeterminado: se trata de la coordinación de los equipamientos entre las distintas administraciones. Sería idóneo que los responsables de las administraciones culturales a escala municipal, autonómica y estatal pudieran diseñar un plan coherente para los distintos equipamientos que confluyen en la ciudad de Madrid. No es sencillo, pero quién dijo que la política cultural lo fuera.

Por todo esto, lo que se debería hacer a día de hoy en el caso de los Teatros del Canal es dar continuidad al proyecto actual para que pueda consumar sus objetivos y aprovechar este tiempo para diseñar un concurso público adecuado (existen diferentes modalidades: totalmente abierto, concurrencia por invitación, etc.) normalizando así esta figura en la Comunidad de Madrid. Es tiempo de que todos reclamemos la libertad y la independencia que la cultura se merece.

 

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