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David Muñoz, Iván Domínguez y Ramón Freixa: qué le deben de sus estrellas Michelin a sus madres

29/07/2014 12:28 CEST | Actualizado 02/06/2015 16:32 CEST
EFE

Juntos suman seis estrellas Michelin, pero no hubieran llegado a conseguirlas sin el estímulo de sus madres. Los chefs David Muñoz (DiverXo), Ramón Freixa (El Racó d'en Freixa) e Iván Domínguez (Grupo Alborada) reconocen que le deben mucho a sus progenitoras, quienes este lunes fueron sus pinches de cocina en un acto publicitario.

Estos cocineros aprendieron de sus madres las primeras recetas, recibieron aliento o heredaron su forma de ser. El papel de los padres es fundamental en el éxito de los hijos; aquí está la receta del triunfo de estos tres chefs.

1. INCENTIVAR LA CURIOSIDAD DE SUS HIJOS

David Muñoz dice que sus tres estrellas Michelin se las debe a su madre, Rosi Rosillo. "Me ha influido mucho cómo me educó alrededor de la comida; me enseñó a comer más que a cocinar". En su casa siempre había productos nuevos, lo que le trasladó la inquietud por conocer nuevos sabores. "Cuando nadie conocía cosas como el jamón de pato, ella se iba a comprarlo al único sitio en el que lo vendían de Madrid y lo hacía en casa".

2. AYUDARLES ANTE LAS ADVERSIDADES

"Tuve que comprar una banqueta porque se me colaba en la cocina y no llegaba a la encimera", desvela Rosi. De esta manera, el dueño de DiverXo pudo dar rienda suelta a su vocación desde pequeño.

3. SER CONSTRUCTIVOS

"Con doce años cocinaba garbanzos y mi madre y mi padre se los comían y me decían que estaban ricos, aunque estuvieran que no se podían comer", confiesa David.

Ahora quiere "comerse el mundo": próximamente abrirá otro local en Madrid, otro en Londres y en 2015 quiere desembarcar en Asia.

david muñoz y su madre

4. NO CONSENTIRLOS

¿Quién le iba a decir a Ramón Freixa que su alimento más odiado sería hoy uno de sus ingredientes fetiche? "De pequeño no me gustaba nada el tomate, pero mi madre, erre que erre, insistía en que lo tenía que comer y ahora me encanta". A sus 43 años y con dos estrellas Michelin, agradece que su madre, Dori Riera, fuera tan insistente.

Además, tenía prohibido ir a locales de cocina rápida o comer flashes. Como guiño, ha incorporado uno (¡y de tomate!) a su último plato.

5. CULTURA DEL ESFUERZO

Para Iván Domínguez, la personalidad de su madre ha sido clave para su él. La mejor receta que Rosa Pereda le ha podido transmitir es de ingredientes sencillos, pero de difícil ejecución: pasión por el trabajo y mucho esfuerzo.

"Su mayor influencia ha sido su forma de ser. Ella es muy sencilla, pero muy trabajadora", destaca Iván, que hoy atesora una estrella Michelin.

El esfuerzo es un ingrediente que comparte con Ramón Freixá. "Mis padres me enseñaron que la gastronomía es una carrera de fondo. Es necesario el trabajo y la superación para poder resistir".

6. PREMIAR CON LO QUE MÁS LES GUSTABA

El mejor regalo que David Muñoz podía tener de niño era que lo llevaran a un restaurante. "Mis padres intentaban llevarme varias veces al año y el regalo de cumpleaños era ir a comer fuera".

Lo mismo le pasaba a Ramón Freixa, al que de pequeño no le llevaban al fútbol, sino a buenos restaurantes.

ramón freixa

7. APOYO EN LA SOMBRA

En casa de Ramón Freixa siempre se ha comido "normal" y él mismo asegura que aunque su madre no ha sido su maestra culinaria, sí ha sido decisiva para que triunfara en la vida. Por su parte, Dori tira de modestia y asegura que su hijo lo ha conseguido por sus propios méritos.

Ramón insiste: "Ella siempre ha estado apoyando, confiando, sacrificando... para que yo creciese. Tenemos un restaurante de cocina tradicional, que pasó de mi padre a mí, y ella estuvo apoyando el cambio generacional". Como suele decir, "Soy zurdo, pero tengo muchas manos derechas. Mi madre es una".

8. ACONSEJARLES EN LA GESTIÓN DEL ÉXITO

Estas madres apoyaron a sus hijos desde pequeños y en el despegue de su carrera profesional, pero no se han quedado al margen una vez que les ha llegado la fama.

David Muñoz confiesa que desde pequeño ha sido muy competitivo. "Eso es algo bueno, pero hay que saber llevarlo. Ella me enseñó a saber ganar y saber perder, a tener siempre los pies en el suelo. Abrí Diverxo con 27 años y a partir de ahí todo fue brutal, es fundamental estar educado para el éxito y para el fracaso".

Los chefs pasan entre 14 y 16 horas diarias trabajando. Por eso, el consejo de Rosa, la madre de Iván, es que baje el ritmo. "Ve que es una vida tan dedicada, con tantas horas en la cocina, o viajando, pensando en los platos o al teléfono que se preocupa y lo que me dice es que frene".

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