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Facebook quiere ser lo único que visites en Internet, y tiene fuertes argumentos para conseguirlo

29/03/2015 10:19 CEST | Actualizado 29/03/2015 10:19 CEST
PIXABAY

Esta semana, durante la conferencia de desarrolladores de Facebook, Mark Zuckerberg presentó lo que desde la compañía quieren que sea el futuro de su herramienta de mensajería instantánea propia, Facebook Messenger (WhatsApp fue comprada, hay que recordar que también pertenece a la compañía). Tras obligar a instalar Facebook Messenger además de la aplicación principal para poder acceder al chat, la compañía ha mostrado cuál era su estrategia real. De Facebook Messenger hemos pasado a Messenger Platform, es decir, a partir de una aplicación simple de mensajería quiere conseguir llegar a formar todo un ecosistema de aplicaciones.

De ser una aplicación con la que sólo envías mensajes, quieren conseguir ser un lugar con el que puedas compartir, crear contenido y editarlo, es decir, añadir GIFS animados, subir fotos y ponerles filtros, crear memes, editar audios, e incluso componerlos. Desde Facebook han dado a los desarrolladores herramientas para crear aplicaciones e integrarlas, por lo que dentro de poco seguro que vemos aplicaciones con contenidos editoriales, juegos, etc. Es decir, más allá de comunicarnos, toda nuestra vida en internet podría estar dentro de esa plataforma que Zuckerberg propone, o al menos de una parecido. En principio seguiría teniendo el esqueleto de una aplicación de mensajería, sí, pero con vistas a algo mucho más amplio. De manera paralela, también presentaron una manera de comunicar a la gente con las empresas prestararias de servicios, Businesses on Messenger, en la que probablemente acaben integrando su nuevo sistema de pagos móviles.

facebook

Un día antes, salió a la luz el rumor de que Facebook estaba en negociaciones con grandes medios estadounidenses no para potenciar que se compartiera más contenido mediante botones de Like más grandes, que es una buena medida. No, la novedad era que Facebook alojará las noticias de grandes medios. Es decir, que todo el tráfico, los ingresos por publicidad, y el acceso a métricas e información sobre el perfil de los usuarios recaerá sobre Facebook. ¿Cómo generará un medio dinero entonces? Es sencillo, Facebook ofrecerá una contraprestación, eso es claro, pero por el camino gana mucho prestigio y mucho tiempo de actividad en actividades más allá del ocio.

Si los medios llegan a entender bien lo que funciona en Facebook, y los usuarios (1400 millones) se sienten cada vez más atraídos hacia ese contenido, hablamos de potencialmente un mercado publicitario mucho mayor que el que obtienen por separado. Si todo funciona bien, los medios que acepten ser alojados no tienen por qué salir perjudicados. No ocurriría así, sin embargo, con los que se quedasen fuera, pues el algoritmo de los muros de Facebook es arbitrario y la prioridad de sus contenidos podría quedarse muy relegada. Y es tanto el tráfico que Facebook redirige a los medios que, algo así, es un grave problema. Sería como no aparecer nunca en la página uno de Google.

Los medios que entrasen, eso sí, tendrían que saber que competir en Facebook no es lo mismo que hacerlo fuera de esta red. El contenido que impera en ella es contenido nacido en internet y en muchos casos es de menor calidad, por lo que rebajarse es perder nivel como marca.

Tanto la estrategia adoptada en Messenger como la que se quiere llevar a cabo con los medios responde claramente a un deseo: tanto en el móvil cuando te relacionas más activamente como en el ordenador, Facebook quiere no ser parte de Internet, Facebook quiere ser el único Internet que conozcamos. Quiere que no salgamos de su plataforma, porque todo esté ahí. Cuando eso ocurra, simplemente no necesitaremos nada más. Imagina un futuro donde todas las noticias, vídeos, música, juegos, aplicaciones y demás elementos de uso diario está en un solo sitio. ¿Qué echarías de menos? La respuesta de Mark Zuckerberg sería nada. No echarías nada de menos. Y parece que el futuro (o un futuro) viene de su mano. Su mayor problema se llama China.

Un artículo de Antonio Sabán.

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