INTERNACIONAL

No miremos a Grecia con la calculadora en la mano

17/06/2015 21:50 CEST | Actualizado 17/06/2015 21:50 CEST
© EU 2015 - EP

Estos días corremos el riesgo de mirar a Grecia con una calculadora en la mano, mientras con la otra sostenemos un manual para juzgar sus pecados. Es una práctica demasiado arriesgada en Europa, un territorio fértil para la violencia. Hace unas semanas, en uno de los ascensores del Parlamento Europeo, Makis Katsikogiannis, asesor griego de una eurodiputada del PASOK, el partido socialista heleno, presenció incómodo una conversación entre dos de sus compatriotas. Uno de ellos se quejaba indignado de la vergüenza que suponía para su país que una inmigrante búlgara, que no era más que una señora de la limpieza, fuera una de sus representantes griegas en el Parlamento Europeo. Makis no pudo reprimirse y les advirtió que la señora de la que hablaban es, además de buena parlamentaria, graduada en historia.

La mujer que suscitó el improvisado debate en tránsito es Kostandinka Kuneva (Silistra, Bulgaria, 1964). Hay pocas personas que reúnan en su biografía mejor que ella los riesgos que amenazan a Grecia si sale del euro y la vergüenza moral que perseguirá a los europeos si dejamos que eso suceda. Kuneva emigró al inicio de la década de 2000 a Atenas. Trabajó limpiando edificios públicos y terminó liderando las protestas sindicales por la mejora de las condiciones de trabajo del personal de limpieza, una actividad que casi le cuesta la vida. El 23 de diciembre de 2008, cuando regresaba a casa tras una larga jornada de trabajo, unos hombres la atacaron arrojándole ácido sulfúrico en la cara. La agresión ocurrió después de muchas amenazas anónimas que le recriminaban su actividad sindical.

En las elecciones europeas de 2014, Kostandinka Kuneva fue elegida diputada al Parlamento Europeo de la mano de Syriza, lo que le ha permitido ampliar los horizontes de sus reivindicaciones políticas. No olvida, sin embargo, la lucha de sus antiguas compañeras de trabajo, a quienes invitó al Parlamento Europeo el septiembre pasado. Kuneva ha aceptado la invitación para compartir con los lectores de El Huffington Post sus ideas sobre la crisis que amenaza su país.

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Kuneva y otros eurodiputados de Syriza y Podemos posan en el Parlamento Europeo en Estrasburgo junto con un grupo de trabajadoras de la limpieza griegas.

Los criminales que la atacaron nunca fueron detenidos, aunque Grecia tiene pendiente juzgar estos meses a la cúpula de Amanecer Dorado, el partido neonazi griego al que la crisis ha hecho subir como la espuma. No hay duda de que se trata del partido político más extremo y peligroso de todo el amalgama populista que amenaza a la Unión Europea. En las elecciones generales de enero pasado que auparon a Syriza al poder, los neo-nazis lograron el tercer puesto.

Kuneva convive en el Parlamento Europeo con los eurodiputados de Amanecer Dorado y sus asesores, dos de los cuales son los que se referían a ella de manera despectiva en el ascensor. A pesar de las huellas que le dejaron sus atacantes -perdió la visión en un ojo, tiene una visión limitada en el otro y sus cuerdas vocales y tráquea fueron seriamente dañadas- no muestra rencor. No debe ser fácil convivir en el mismo espacio con quienes podrían apoyar aquella agresión, pero ella asegura que una de las diferencias entre la democracia y las dictaduras es que debemos tolerar incluso a aquellos que declaran ser nuestros enemigos. “En el Parlamento Europeo conviven cientos de personas, diputados, asesores, funcionarios, sobre quienes no sabemos lo que piensan de los inmigrantes, los griegos, los búlgaros o sobre las personas dependientes. El protocolo camufla a menudo las opiniones”.

Es imposible disociar la austeridad aplicada sobre Grecia de los crecientes episodios de xenofobia y la efervescencia de la que goza Amanecer Dorado, una formación nacida hace décadas pero con presencia marginal hasta que la crisis arroyó la economía griega y los planes de rescate, con dosis elevadas de austeridad y contorsionismo democrático, hirieron el alma nacional griego. Kuneva recuerda cuáles son los nutrientes de la extrema derecha: “Pobreza, austeridad, desempleo masivo [que afecta a uno de cada dos jóvenes y uno de cada cuatro adultos], lo que ha provocado desesperanza en la sociedad y falta de confianza en el sistema político democrático, por su incapacidad de dar soluciones”. “Esta es la razón por la que el comportamiento de los acreedores griegos ha dañado el sentido de la dignidad nacional. Alimentan a la extrema derecha, en Grecia y a lo largo de Europa”, concluye.

Sería demasiado miope centrarse solamente en los costes económicos de un posible fracaso de Syriza. Puede que salga caro para los contribuyentes europeos mantener a Grecia en el euro y mejorar las condiciones del pago de su deuda o incluso condonar una parte -como aseguran que es necesario la mayoría de economistas sensatos- pero los costes de su salida serían mucho mayores. “Si los socios de Grecia continúan insistiendo en más austeridad y provocan el fracaso de Syriza, estarán abriendo la puerta al incremento de la influencia de la extrema derecha. Amanecer Dorado se encuentra en horas bajas porque la organización está siendo juzgada por ser una organización criminal, pero no sé lo que pasará si se produce una situación de caos económico y social en Grecia”.

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Kuneva con sus compañeros eurodiputados de Syriza en el Parlamento Europeo.

“Quienes piensen que el fracaso de Syriza se traducirá en la subida de votos de los conservadores y los socialistas deberían mirar bien lo que está pasando en Francia y otros países. La fractura de Europa con la salida de Grecia de la UE abriría la puerta a la emergencia de partidos nacionalistas extremistas y ultraconservadores. Aquellos que quieran proteger la democracia en Europa tienen que poner fin a la austeridad y solucionar la pobreza y el desempleo”.

Durante la pasada campaña electoral griega, Kuneva pedía a los griegos que fueran a votar para liberarse del miedo. Han pasado casi cinco meses desde que la llegada de Tsipras al Gobierno desafió al establishment de su país y al de toda la Unión Europea, en un universo dominado por los partidos clásicos conservadores, socialdemócratas y liberales. Pero, ¿ha logrado Syriza traer esperanza a los griegos? ¿Tienen menos miedo? Este era, a fin de cuentas, su objetivo principal.

“Seré muy franca. En efecto, en enero una mayoría de griegos vencieron al miedo. Su esperanza acabó con él. Y durante dos meses ese sentimiento se contagió a más personas que no votaron a Syriza. Ahora, con la actitud que tienen los acreedores sobre Grecia, han vuelto a crear un clima de inseguridad para los griegos. Estamos de nuevo en una pelea entre la esperanza y el miedo. Las afirmaciones de algunos responsables europeos y los artículos en la prensa internacional están creando un clima de terror. Cada día desde hace dos meses Grecia se va a la bancarrota y sale de la zona Euro. Pero yo soy optimista porque los griegos no se han vencido ante el pánico. El Gobierno está legislando y mostrando que no va a sucumbir ante las demandas irracionales de las instituciones antes llamadas Troika. Grecia no puede aguantar más austeridad”.

Imposible no pensar en Alemania tratando de explicar lo que ocurre en Grecia. Se ha conocido estos días que Merkel tomó una decisión en septiembre de 2014 de la que probablemente se haya arrepentido. Antonis Samaras, el entonces primer ministro conservador griego, acudió a Berlín para pedirle un favor a la canciller. Samaras le aseguró que seguirían con las difíciles reformas pero que necesitarían un poco más de tiempo y condiciones algo más favorables. De lo contrario habría inestabilidad política que pondría en riesgo los logros alcanzados, según Samaras. Merkel dijo nein y ahora podría acarrear sobre sus espaldas la responsabilidad histórica de haber liderado Europa el año en que se partió.

Alemania, el mayor impagador de deuda de todo el siglo XX, es el país que más dinero ha prestado a Grecia y también que más intransigente se muestra con aplicar medidas de gracia. Muchos líderes alemanes sienten una combinación de ira -porque los griegos no aceptan firmar un acuerdo que piensan les hundirá más- y preocupación frente al caos que se avecina. El comisario alemán Günther Oettinger ha advertido de que se deben crear planes de contingencia. De la noche a la mañana podrían estar en riesgo los servicios más básicos para el país, como la electricidad, los servicios médicos o la policía. Lo único que le falta a la Unión Europea es una crisis humanitaria como consecuencia de una falta de acuerdo entre miembros, al fin y al cabo, de una familia.

Kuneva se muestra especialmente herida ante las críticas de líderes socialdemócratas alemanes, como Sigmar Gabriel, vicecanciller del Gobierno, o Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo, que aseguró hace poco que la cabezonería del Gobierno griego es irritante. “Se muestran indiferentes ante los resultados electorales en Grecia y curiosamente ellos mismos, que han tenido que negociar y renunciar a parte de su programa para entrar a forma parte de un Gobierno de coalición encabezado por Merkel, deberían ser más sensibles a la idea de que las partes cedan y lleguen a acuerdos”.

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Kuneva se manifiesta en solidaridad de los inmigrantes muertos en el Mediterráneo

A muchos observadores que asistimos al último proceso electoral en Atenas el pasado mes de enero, nos llamó la atención la primera medida que tomó Alexis Tsipras tras conocer el resultado electoral: formar Gobierno con un partido nacionalista de extrema derecha, ANEL, sin siquiera haber considerado otras opciones más moderadas y más próximas ideológicamente a Syriza. Kuneva defiende esta decisión y dice que no le incomoda que ANEL sea un socio con visiones duras sobre la inmigración. “Este partido viene del partido tradicional conservador, Nueva Democracia, y tienen un fuerte componente nacional, en forma de oposición al memorándum de rescate y deuda ilegal. Nuestro acuerdo con ANEL no se formó sobre la base de su política contra los inmigrantes, aunque por otro lado sus visiones sobre este asunto son similares a las de otros partidos conservadores europeos que, por cierto, han sido en muchos casos quienes han fijado la política migratoria de la UE. Por supuesto que en Syriza no estamos de acuerdo con las visiones de ANEL en inmigración, pero somos nosotros quienes fijamos la política sobre inmigración… Ya hemos avanzado en este tema, cerrando progresivamente los centros de detención ilegal de inmigrantes y refugiados y con la ley sobre nacionalidad para los hijos de inmigrantes”.

La sociedad griega está ofreciendo importantes contrastes durante esta crisis. Uno de ellos es el que se refiere al trato que dan a los inmigrantes. Si bien ha emergido con fuerza la derecha más extrema y xenófoba, que culpa de sus males a los extranjeros, los habitantes de las islas griegas están dando muestras de enorme solidaridad con los refugiados e inmigrantes del Norte de África y Oriente Medio que están llegando a sus costas.

Kuneva, que conoce bien como inmigrante las dificultades a las que la vida te puede empujar para buscar un futuro mejor en otro país, se muestra indignada con la “hipocresía” de Europa. Según ella, “Europa no sólo puede, sino que debe hacer más para ayudar a los refugiados. Europa es responsable en gran medida de la situación que prevalece en las sociedades de Oriente Medio y el Norte de África. No sólo por el colonialismo, sino también por sus operaciones militares en Siria, Libia, Iraq y más allá. Los altos muros que Europa levanta sobre sus fronteras no frenarán a quienes sólo piensan en salvar su vida o simplemente reencontrarse con sus familias que ya están instaladas en Europa”.

Sobre la propuesta de reparto de refugiados mediante un sistema de cuotas [que ha presentado la Comisión Europea y a la que varios países, entre ellos España, se oponen], Kuneva piensa que es un paso muy pequeño pero es positivo. “La propuesta ignora las verdaderas necesidades, que no se restringen a unos pocos miles de personas. Naciones Unidas ha advertido a Europa de que debe estar preparada para recibir cientos de miles de refugiados. Cuando Turquía, Jordania y Líbano han recibido casi cuatro millones de refugiados, ¿de verdad podemos estar en Europa discutiendo por el reparto de sólo 20.000?”

Otra sombra que se alarga sobre Grecia es la de Vladimir Putin, quien para muchos es en estos momentos el enemigo número uno de los valores que representa la Unión Europea. Una de las primeras reuniones que Tsipras mantuvo tras ser investido primer ministro fue con el embajador ruso en Grecia, al tiempo que en la primera reunión en la que participó su ministro de Exteriores en Bruselas amagó con vetar una ronda de sanciones contra Rusia. En EEUU preocupa mucho que, frente a la creciente complacencia europea sobre los mecanismos que supuestamente garantizarían una situación de relativo control tras una salida de Grecia del euro, Rusia gane terreno en Europa acudiendo al auxilio de los griegos, en una escalada que amenaza con convertirse en una nueva Guerra Fría.

Kuneva, que habla ruso, además de griego y búlgaro, piensa que es positivo el estrechamiento de la relación con Rusia, por cuanto que aminora la dependencia griega de sus acreedores europeos y del FMI (que tienen el 80% de la deuda griega). “La abrumadora dependencia con nuestros acreedores explican en gran medida las tensiones que estamos viviendo en estos momentos. El aumento de la cooperación con Rusia será beneficioso no solo para Grecia, sino para toda Europa, que se encuentra en una peligrosa escalada de tensión con Moscú”.

Sobre este asunto especialmente sensible, las reflexiones de Kuneva poco tienen que ver con lo que piensan la mayoría de cancillerías europeas, ni desde luego el aire que se respira en Washington. A estas alturas de la partida quizás sea el miedo occidental que representaría una Grecia dependiente de Rusia la última bala que les quede en el cartucho a unos griegos a los que el tiempo, el dinero, la esperanza y quizás la democracia se les puede agotar de la noche a la mañana.

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