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La doble vida de Mark Reay, el fotógrafo de moda que sobrevivió seis años durmiendo en la calle

12/11/2015 12:20 CET | Actualizado 12/11/2015 13:26 CET

Impoluto, con traje y un par de zapatos de buen aspecto, Mark Reay habla por su teléfono móvil o paga con su tarjeta de crédito. Son gestos cotidianos recogidos en el documental sobre su vida que se presenta este jueves en el Festival Urban TV, en Madrid.

Estas acciones parecen concordar con la vida de un neoyorkino de 52 años, fotógrafo de moda, además de actor —pequeños papeles en Sexo en Nueva York o en Men in Black 3— y modelo. Sin embargo, el contraste llega al caer la noche porque Reay, pese a desenvolverse en ese mundo de glamour, es en realidad un sintecho.

Durante seis años, como muestra el documental Homme Less, sobrevivió sin tener una casa en la que refugiarse, colándose para dormir en la azotea de un amigo sin que éste lo supiera. El dinero que ganaba con sus trabajos esporádicos no le alcanzaba para un alquiler, pero sí para costear la cuota de un gimnasio en el que además de ejercitarse, se aseaba, lavaba su ropa y guardaba sus pertenencias.

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Reay, tras arreglarse en unos aseos públicos, en una escena del documental

Debido a su buen aspecto, nadie sospechaba de esta doble vida. "No me importaba llevar la misma ropa día tras día [...] Simplifiqué mi vida", cuenta a El Huffington Post. El documental, dirigido por Thomas Wirthensohn, refleja algunas de las artimañas a las que recurría para que ningún vecino del edificio reparara en él, como fingir que hablaba por el móvil cada vez que se cruzaba con alguien para evitar que entablaran conversación con él y le preguntaran de qué piso era.

INGENIO PARA SOBREVIVIR

La creatividad fue una de sus mejores armas para sobrellevar esa vida. Recuerda que un día se encontró con que habían cerrado la puerta de la azotea y no podía salir. "Sabía que mi amigo, que vivía en el quinto piso, llamó un día a la lavandería que había abajo para que le subieran la colada", explica. Por fortuna, había guardado el número de teléfono y pudo pedir, haciéndose pasar por vecino, que subiera un empleado para así escapar del encierro.

En esos seis años, cree que nadie se percató de su presencia, ni siquiera los operarios que de cuando en cuando trabajaban en los tejados. Tampoco algún vecino con el que esporádicamente estuvo a punto de toparse en su guarida. Cuando eso ocurría, le tocaba volver corriendo a la calle y esperar hasta que se hubieran ido. "¡Eran muchos escalones!", se ríe.

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El rincón de la azotea en el que, parapetado con plásticos, solía dormir

En otra ocasión se encontró con que un grupo de amigos de una terraza vecina se había pasado a su azotea para disfrutar de mejores vistas. "Se quedaron allí hasta las tres o las cuatro de la mañana, lo que era un gran problema, así que les dije 'Perdonen, pero van a tener que marcharse porque vivo justo debajo y mi mujer, que acaba de dar a luz, no puede dormir'. A los cinco minutos, se habían ido", relata con cierto orgullo.

"ERA UN GRAN PERDEDOR"

Obviamente, era falso. El documental deja patente que Reay tiene éxito con las mujeres; sin embargo, su modo de vida no era compatible con una pareja estable. "Nunca iba a encontrar un trabajo, tener una carrera profesional, tener una vida sexual... Eso era para otros, no para mí. Si hay alguien que vaya asignando esas cosas, no me iban a tocar a mí. Era un gran perdedor y no iba a tener nada de eso. Simplemente lo acepté", asegura.

Pese a que en el documental se puede ver cómo aplica grandes dosis de humor e ironía, los espectadores no son ajenos a la crudeza del día a día del protagonista. "Nunca me suicidaría, pero tuve algunos momentos oscuros en los que pensaba 'No sería tan malo tener un accidente", reconoce.

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Las inclemencias del tiempo eran uno de sus mayores enemigos, pero curiosamente, el frío no era lo más duro. "Me abrigaba bastante. Lo peor eran las tormentas eléctricas en las noches de verano. Al frío podía sobrevivir, pero a esas tormentas... estaba rodeado de metal", apunta.

Sin embargo, el tener que hacer frente a todas esas dificultades se tradujo en fortaleza. "Me dio autoconfianza. Realmente no necesitaba una casa para sobrevivir. Fui bastante fuerte, tanto física como mentalmente", sostiene Reay.

Tampoco perdió nunca el sentido del humor: "Siempre decía que si me arrestaban por hacer lo que hacía hubiera sido una buena escena para la película. Reír es importante. Suelo hacer comentarios cínicos del tipo 'No te quejes de lo mala que es tu vida ahora mismo, en el futuro puede ser mucho peor y puede que veas estos días como una época dorada", dice con sorna.

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Mark Reay, esta semana en Madrid

TRAS EL DOCUMENTAL, ¿QUÉ?

En su día Reay nunca reveló cuál era su modo de vida a su madre y a sus hermanos. "Ahora lo saben, pero no por mí. No se lo conté e incluso hoy no quiero que lo vean [el documental]", asegura. "Es tan personal, tan íntimo... es un lado de mí que se desvela para el público, pero no para mis seres queridos", explica.

Su amigo, el del edificio, ha descubierto recientemente lo cerca que estuvo de su okupa: "No había hablado con él durante seis o siete meses porque parte de este proceso, dormir ahí arriba, supuso distanciarme a mí mismo de mi colega. Ha visto el documental y dice que es muy bueno y espera que tenga mucho éxito".

Para él, protagonizar la cinta ha supuesto "atención mundial y prensa", aunque de momento las ofertas de trabajo se hacen esperar. Aunque tiene en marcha un proyecto de micromecenazgo para poder pagarse un apartamento, recalca cuál es el principal cambio en su vida con una sonrisa: "Ahora pago semanalmente para vivir en casa de otra persona".

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Homme Less se presenta el jueves 12 de noviembre a las 19:00 en una proyección-coloquio en La Casa Encendida (Madrid), en el marco del Festival Urban TV. Entrada: 3 euros.

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