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¿Y si Donald Trump ganara pero no fuera el candidato republicano?

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TRUMP
Imagen de archivo de Donald Trump después de uno de sus actos | AFP
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A los republicanos hace un tiempo ya que les preocupa, y de verdad, la opción de que Donald Trump finalmente sea el que se haga con la nominación del partido. Les preocupa tanto, que voces destacadas e históricas de esta ideología han aunado fuerzas para lanzar un mensaje a la ciudadanía: votar al magnate es una locura que traerá consecuencias nefastas. Sin embargo, al menos de momento, parece que al votante republicano de EEUU esto no le parece cierto.

Prueba de ello son los resultados de las últimas primarias celebradas en el partido, las de Nueva York, en las que Trump simplemente ha arrasado: se ha hecho con el 60,2% de los votos, quedando muy por encima de John Kasich y Ted Cruz. Esto no ha hecho sino inquietar más aún a sus compañeros de partido.

"Donald Trump es un embustero, un fraude", aseguró recientemente el candidato republicano a la presidencia en 2012 Mitt Romney, una prueba más de cómo en el seno del partido no gusta cómo está transcurriendo el camino por la elección del candidato.

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Mitt Romney en una imagen de archivo

Más allá de las palabras en su contra, el magnate es más que consciente de que su nominación está amenazada puesto que cada vez se habla más de la celebración de una Convención Negociada o abierta (brokered convention en inglés). Entre el 18 y el 21 de julio tendrá lugar la Convención Nacional Republicana, que es el nombre que se da a los días en los que los acuden los delegados con su voto prometido a un candidato particular, solamente en la primera vuelta. Para hacerse con la nominación, un aspirante necesita 1.237 del total de 1.459, siendo en estos momentos la mayoría para Donald Trump (845), que, sin embargo, todavía está muy lejos de la cifra clave.

Si las cosas siguen así, es probable que Trump llegue a la Convención de su partido sin el número de delegados suficiente como para aspirar formalmente a la Casa Blanca. La clave del proceso electoral estadounidense está en que en las primarias, lo que los votantes han dado al ganador son los delegados, que llegan a la Convención con su voto prometido a un candidato… sólo en la primera vuelta. Por lo tanto, si Trump no consigue el número necesario, ahí habrá que pasar a una segunda votación y entonces será cuando los oponentes del magnate entren en juego.

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delegados
Gráfico realizado por la edición estadounidense de The Huffington Post. Puedes verlo completo aquí

“Hay que tener en cuenta qué representa y cómo se desarrollaría una Convención Abierta. Que se llegue al caso en el que ninguno de los candidatos republicanos obtenga los 1.237 delegados para ser el nominado del Partido de forma directa supone una gran división en el Partido Republicano que podría llegar a trasladarse a las elecciones de noviembre. Pero este escenario, por otra parte, es poco a poco la única posibilidad que tiene el establishment del partido de impedir que Trump sea el candidato republicano final”, explica El Huffington Post, Daniel Ureña, director de MAS Consulting.

El magnate es consciente de ello y de hecho en su discurso tras la victoria en Nueva York no nombró ni una sóla vez a Clinton, pero sí le dedicó críticas y advertencias al partido republicano: "Iremos a la convención como ganadores y nadie podrá quitarnos la elección a la manera como se las gasta el partido republicano".

De esta forma Trump ha dejado claro que usará la carta de la superioridad numérica y restará legitimidad democrática al contrincante que intente batirle en la convención gracias a la derivación de votos de los precandidatos que vayan retirándose de la carrera.

Pero, en el caso de que se llegara al escenario de una Convención Abierta, ¿cómo sería? Ureña lo explica: “Supondría un período muy intenso de negociaciones y de compromisos entre los miembros y afiliados al partido. Habría varias rondas de votación. En la primera, el 90% de los delegados tiene que respetar el voto de su estado de las primarias pero en la segunda ronda unos 1.800 delegados quedarían “libres” y sin compromiso, con la opción de votar a quién quieran que sea nominado a la presidencia”.

Pensando en las elecciones a la presidencia de EEUULa clave está también en el que, pensando en el objetivo, que es el 8 de noviembre y hacerse con la presidencia, a quien habrá que convencer de que las cosas van bien y de que el partido está unido y suma fuerzas es al electorado. “Tendrán que demostrar que siguen siendo un partido fuerte y no dividido como está demostrando en los últimos meses. Creo que una Convención Abierta es arriesgada puesto que cualquier republicano podría ser el nominado pero, por otra parte, va a obligar al GOP a unir sus fuerzas para vencer a Trump y elegir al mejor candidato para hacer frente, previsiblemente, a Clinton en noviembre”.

EL ÚNICO CASO, EN 1948

Si realmente este tipo de Convención saliera adelante, sería realmente algo poco común en la historia de EEUU, tal vez como sucede con esta campaña presidencial, en la que está claro que todo puede pasar. Prueba de ello es que la última vez que tuvo lugar este tipo de Convención republicana fue en el año 1948.

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Mientras, los republicanos ya van preparando el terreno para julio y, aunque todavía nadie ha dado un paso al frente, ya suenan nombres para ser la opción real, más allá de Donald Trump e incluso de Ted Cruz. Cruz fue para el partido una opción para frenar al magnate, pero este interés no se ha traducido en votos de las urnas.

En las últimas semanas hay un nombre que ha vuelto a cobrar protagonismo en las filas republicanas: el del presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Paul Ryan. Sin embargo, este político ha tratado de esquivar dichas especulaciones de la forma más directa: "Déjenme ser claro: ni quiero, ni aceptaré la nominación de nuestro partido". Además, hizo una referencia explícita al que es uno de los grandes problemas que puede generar la celebración de una Convención Abierta: "Creo que sólo deberían escoger entre una persona que de hecho haya participado en las primarias. No me cuenten".

Así las cosas quien sigue insistiendo en la campaña contra Trump es el mismo que se citaba al comienzo de este reportaje: Mitt Romney, que insiste en dar un giro a la campaña con una nueva estrategia: llamadas telefónicas en las que insta a los votantes a apoyar a dos de los aspirantes republicanos en liza, Marco Rubio y John Kasich. Con Rubio ya ha abandonado sus esperanzas, puesto que este, pese a que prometía, acabó retirando su candidatura tras los malos resultados en Florida. Pero con Kasich la cosa es diferente, sabe que es una opción.

"Hola, es Mitt Romney. Le llamo en nombre de Kasich por América", comienza la llamada grabada por Romney. "Si nosotros, republicanos, elegimos a Donald Trump como nuestro candidato, las perspectivas de un futuro seguro y próspero se verán menoscabadas. Estoy convencido de que Donald Trump perdería ante Hillary Clinton", afirma Romney en su llamada telefónica en favor de Kasich.

Este es el panorama al que se enfrenta el magnate, que para ver su nombre en el bando republicano en la auténtica lucha por la Casa Blanca, no sólo se enfrenta a las urnas, sino también a sus propios compañeros de partido. Parece que no sólo habrá que esperar a lo que se deciden en las próximas primarias... Julio con la Convención está cerca y esta vez puede importar más de lo que se hubieran imaginado.

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