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Por qué se forman los atascos y cinco recetas para sortearlos

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ATASCOS
EFE
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Seguro que lo has sufrido más de una vez, sobre todo en verano. Vas circulando con tu coche por una autovía y, de pronto, sin una causa aparente, te encuentras con un atasco. ¿Qué ha pasado? ¿Qué origina las retenciones?

La DGT ha publicado varios artículos que explican que el origen de una caravana se debe siempre a que hay más coches de los que pueden pasar. Es lógico. Pero, ¿cuántos coches son necesarios para que se forme un atasco? Depende de cada tipo de carretera, pero por ejemplo cada carril de una autovía tiene capacidad para que circulen un máximo de 2.000 vehículos a la hora. Si, como en la mayoría de los casos, esa autovía tiene dos carriles en el mismo sentido, serían 4.000 vehículos cada hora.

Los problemas comienzan cuando el número de automóviles se acerca a esa cifra, porque empiezan los frenazos. A partir de los 1.700 coches/hora, cualquier maniobra o desplazamiento lateral provoca una caída brusca de la velocidad, así que los vehículos circulan más despacio y más cerca unos de otros, por lo que cualquier pequeño frenazo multiplica el efecto.

MUY POCO TIEMPO PARA FORMARSE, MUCHO PARA DESAPARECER

Y una vez que el atasco está creado hay un problema añadido: crece muy rápidamente porque los coches llegan circulando a gran velocidad, por lo que tienen que frenar bruscamente y provocan que el de atrás también lo haga. Así que la caravana crece hacia atrás rápidamente.

Sin embargo, la congestión se deshace de una forma mucho más lenta. Cada vehículo arranca, de media, un segundo más tarde que el que le precede. En una congestión de un kilómetro con unos 150 vehículos parados, desde que arranca el primero hasta que sale el último transcurren más de dos minutos. Si un accidente causa 15 kilómetros de cola, cuando la circulación se restablezca de nuevo con normalidad transcurrirá casi media hora hasta que el último vehículo pueda arrancar.

La DGT señala ocho causas que pueden provocar que el número de vehículos supere la capacidad de la vía:

1-. La principal causa de los atascos es la disminución de carriles. Por eso, muchos expertos aseguran que es mejor que el tráfico circule por una carretera uniforme. Si tiene zonas de muchos carriles adicionales, es muy posible que acaben formándose cuellos de botella y, por tanto, retenciones.

2-. La existencia de una curva de radio reducido que obliga a disminuir drásticamente la velocidad: si los coches disminuyen la velocidad de forma brusca, aumentan las posibilidades de que se forme un atasco.

3-. Porque hay una incorporación. En este caso, los vehículos que circulan por la vía principal deben adaptarse a los vehículos que entran. Por ejemplo, algunas radiales madrileñas de corta extensión, como la R3 o la R5, no favorecen en absoluto la fluidez porque llevan más vehículos a las autovías principales. En esas incorporaciones suelen generarse atascos.

4-. Cuando se inutiliza un carril por un accidente o una avería. En este caso se vuelve a producir un cuello de botella porque los vehículos que circulan por dos carriles deben pasar a uno solo.

La conducción agresiva puede generar un atasco sin motivo aparente

5-. El ‘efecto mirón’. No son pocas las veces en las que se produce una retención adicional en el sentido en el que ha habido un accidente, y también en el sentido contrario, debido al llamado ‘efecto mirón’. Son conductores que frenan para ver y enterarse de lo que ha ocurrido. Además de atascos, esa actitud puede provocar nuevos accidentes.

6-. Cuando la carretera termina en una glorieta, en un ceda el paso o en un semáforo, porque los coches se ven obligados a frenar y se producen tapones.

7-. Porque hay muchos camiones, la carretera presenta pendientes y un trazado irregular. Esos grandes vehículos tienen que reducir la marcha, produciendo un efecto tapón.

8-. La conducción agresiva. Son los cambios de carril, no guardar la distancia de seguridad, variar la velocidad de forma brusca… Todo eso origina frenazos, caídas bruscas de velocidad… y un atasco sin motivo aparente. En este vídeo se comprueba bien cómo un solo coche que frena puede crear el caos si el tráfico es denso:

¿Y qué puede hacer un conductor para sortear los atascos? Los expertos admiten que las retenciones son inevitables en algunos momentos. Si te pilla, mejor que te armes de paciencia y de buena música. Pero la DGT sí da algunas pautas para intentar evitarlos:

1-.Planificación. Evidentemente no siempre es posible, pero lo mejor es intentar evitar los días y horas de mayor afluencia de vehículos y las carreteras donde se prevén los mayores problemas. También hay aplicaciones móviles que ayudan mucho. Una de ellas es Waze, que estudia el tráfico en tiempo real y avisa al usuario a qué hora tiene que salir para llegar puntual al destino. También recomienda itinerarios que evitan los lugares más congestionados.

2-. Señalizar. En España se produce un golpe aproximadamente cada dos minutos. Y, en muchas ocasiones, la reducción del número de carriles se debe a una avería o a un accidente. Si te ha tocado, lo mejor es que lo señalices con los triángulos, para avisar con tiempo a los demás conductores, y tratar de retirar el vehículo al arcén.

3-. No mirar lo que no debes. En ocasiones, un atasco se forma porque los conductores frenan para ver qué ha ocurrido en un accidente. Esto, además de provocar mayores retenciones, conlleva el riesgo adicional de provocar nuevos accidentes. Así que mejor no mires, aunque te pique la curiosidad.

4-. Solidaridad. Cuando se acaban los carriles adicionales o hay incorporaciones de vehículos, debes ser solidario. Aunque tú tengas preferencia, deja que entre algún vehículo. Es lo que se llama "intercambio por cremallera" o "solidaridad altruista", que consiste en el paso intermitente y alternativo de un vehículo de cada carril.

5-. No seas agresivo. Muchos atascos se forman por una conducción agresiva: frenazos, acelerones, cambios constantes de carril, gente que no respeta la distancia de seguridad… Eso genera frenazos y, debido al efecto acordeón, caídas bruscas de la velocidad. Intenta, por tanto, hacer todo lo contrario: conduce a una velocidad constante, deja espacio entre tu vehículo y el siguiente para evitar frenazos. Hay estudios, de hecho, que aseguran que si todos los conductores circularan a una velocidad inferior, pero constante y manteniendo la distancia de seguridad, el tráfico avanzaría más rápidamente.

Y si, al final, no puedes evitarlo... respira y ármate de paciencia. Hay cosas peores.

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