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¿Cómo llega el 'Baile en el Moulin de la Galette' a Barcelona? El cuadro de Renoir vuelve 100 años después

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Bal du Moulin de la Galette [Baile en el Moulin de la Galette] Óleo sobre lienzo, 131,5 × 176,5 cm Musée d ́Orsay, París. Legado de Gustave Caillebotte 1894 RF 2739
© RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski

Sólo había salido de Francia en cuatro ocasiones, la primera de ellas hace casi cien años con motivo de una exposición en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona. Después ha visitado Nueva York, San Petesburgo y Tokio. Y este 17 de septiembre el Baile en el Moulin de la Galette vuelve a España gracias a la exposición Renoir entre mujeres. Del ideal moderno al ideal clásico, organizada por la Fundación Mapfre en la sala Casa Garriga i Nogués de Barcelona. Junto a la obra cumbre de Pierre-Auguste Renoir (Limoges, 1841-1919) se exponen otras 40 piezas del pintor francés que tratan de ilustrar la evolución de los retratos femeninos de Renoir. Acompañada por cuadros de otros artistas como Van Gogh o Santiago Rusiñol, el Baile en el Moulin de la Galette, una de las pinturas clave para entender el movimiento impresionista, es la pieza central de la muestra.

"Que volviera aquí nos parecía una cosa importante", comenta a El Huffington Post el director de cultura de Mapfre Pablo Jiménez. Según cuenta, las gestiones para traer el cuadro a Barcelona, no solo con el Museo D’Orsay sino también con el Ministerio de Cultura francés, han sido muy complicadas. Baile en el Moulin de la Galette "representa muy bien a la mujer parisina moderna de los años 1870 y 1890", comenta Jiménez. La obra supone la culminación del interés de Renoir por pintar a la mujer moderna de la época saliéndose del retrato estático al que volvería después de casarse y viajar a Italia.

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Les baigneuses [Las bañistas], 1918-1919 Óleo sobre lienzo, 110 × 160 cm, Musée d'Orsay, París. Donación de los hijos del artista, 1923, RF 2795
© RMN-Grand Palais (musée de l'Orangerie) / Hervé Lewandowski

Una pieza de semejante valor artístico requiere un traslado especial y unas exhaustivas medidas de seguridad. En un camión climatizado, custodiado por un conservador del Museo D’Orsay de París —donde se expone habitualmente— y un responsable de la Fundación Mapfre, la obra cumbre de Renoir viajó a Barcelona durante la noche y contó con el apoyo de la policía local que lo escoltó al llegar a la ciudad. Este tipo de medidas son habituales cuando se traslada una obra de arte de gran valor, llegando en ocasiones hasta a firmarse contratos de confidencialidad.

¿CÓMO SE TRASLADA UNA OBRA DE ARTE DE ESTAS CARACTERÍSTICAS?

"La mejor opción para este tipo de traslados es el camión", comenta a El Huffington Post David Martínez, que tiene una dilatada experiencia en este tipo de traslados. Uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta es la temperatura, que se debe mantener entre 19 y 21 grados centígrados. Los camiones permiten esta climatización, mientras que otros medios como barcos o aviones requieren una "caja climatizada especial que aguanta 24 horas" y que es de madera y aluminio.

La pieza en ningún momento va sola durante el viaje. Junto a ella viaja lo que se conoce como correo, una persona que se responsabiliza del cuadro durante todo el proceso: embalaje, carga y viaje. Habitualmente es un conservador del museo, y lleva consigo un datalover, un pequeño aparato que hace un seguimiento total del viaje. Registra todos los datos, como por ejemplo la temperatura a lo largo de todo el traslado, y éstos están siempre disponibles por si el museo quiere consultarlos.

¿CÓMO SON ESTOS CAMIONES?

1. Llevan un tipo de suspensión especial neumática para que no vibre.
2. Son semiblindados.
3. Llevan siempre un localizador para saber donde está el camión en todo momento. Muy útil en un hipotético robo.
4. Cuentan con trampillas elevadoras para manipular la obra lo menos posible y evitar golpes.

El embalaje depende principalmente del tamaño de la obra. Cuando se trasladó el Guernica a Madrid desde Nueva York en avión las proporciones obligaron a que fuese enrollado y posteriormente introducido en una caja a medida. Para David Martínez, la mejor opción, siempre que sea posible, es que la pieza vaya de pie en la caja. Va en suspensión, protegida por unos amortiguadores y siempre debe viajar en la misma dirección que el camión.

Estos traslados dibujan escenas que parecen recién salidas de una película de James Bond. Los camiones suelen viajar de noche para evitar las miradas de curiosos y periodistas y si las obras son de gran valor artístico van escoltados por fuerzas de seguridad del país en el que se encuentran en ese momento. En España, es la Guardia Civil la que se ocupa de esta tarea, aunque también se puede contar con la ayuda de la policía local para contar las calles durante la descarga, como en este caso con el Baile en el Moulin de la Galette.

Martínez también apunta uno de los problemas que tenemos en España para hacer traslados de mayor distancia como a Estados Unidos o Japón: el tamaño de los aviones. La altura máxima de las cajas que se pueden introducir en los aviones que salen del aeropuerto de Madrid es de 1,65 metros, por lo que el traslado de piezas de mayor tamaño tiene que hacerse vía Luxemburgo o París, ciudades a las que llegan en camión.

RENOIR, AMADO Y ODIADO A PARTES IGUALES

En 2015 una cuenta de Instagram y un hashtag, #RenoirSucksAtPainting —que se podría traducir como Renoir apesta en la pintura—, hizo correr ríos de tinta entre sus admiradores en las redes sociales. Incluso un grupo de personas se llegó a manifestar a las puertas del Museo de Bellas Artes de Boston (EE.UU.), exigiendo que se retirasen sus cuadros. En esta exposición, y para resaltar su influencia a lo largo de la historia y hacer un ejercicio de reivindicación de su figura, el último Renoir se sitúa junto a un Picasso.

“Picasso pacta con el galerista Ambroise Vollard en los años 30 hacer la Suite Vollard a cambio de un cuadro de Renoir y otro de Cézanne. Si que es verdad que Renoir pinta unos desnudos ya muy mayor, con artrosis, con mucho trabajo. Y sin embargo esto coincide con una época en la que hace que artistas como Picasso se interesen por Renoir”, asegura Jiménez resaltando su importancia. “Si le interesaba a Picasso, yo creo que al resto igual también”.

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