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Diez años de Wikileaks: secretos, conspiraciones y un hombre atrapado

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Un dominio de internet, unos cuantos miles de documentos y la voluntad de un hombre. Esos tres elementos dieron lugar, hace diez años, al mayor escándalo de filtración de secretos gubernamentales de la historia. Fue el 4 de octubre de 2006 cuando Julian Assange comenzó a dar vida a un dominio que había registrado en 1999: Wikileaks.org. Hoy, esa página web es la raíz de una organización no gubernamental que vive entre el prestigio y la polémica, con el logro innegable de haber dado forma, Snowden o Panamá como ejemplos, al fenómeno del filtrador 2.0.

En enero de 2007, cuando Wikileaks comenzó a publicar sus primeros informes, sobre supuestas órdenes de asesinato contra oficiales somalíes, parecía que una gran estructura de activistas comprometidos estaba detrás de las filtraciones. Pero la conversión de la plataforma en un fenómeno masivo fue posterior y se forjó publicación a publicación, impacto a impacto en la opinión pública. En aquel entonces, la apariencia de Wikileaks como una gran estructura era fruto del buen trabajo de Assange, del informático Daniel Domscheit-Berg y de un pequeño grupo de colaboradores. Ellos consiguieron crear, mediante un enjambre de correos electrónicos y cuentas corporativas, la estructura ficticia de una organización grande.

Las intimidades de Wikileaks se conocen gracias a Domscheit-Berg, que abandonó el colectivo en 2010 y publicó un libro titulado Dentro de Wikileaks. En ese texto, el que había sido la mano derecha de Julian Assange durante varios años, desveló el caos y la cortedad de medios que dominaron los primeros tiempos de la plataforma. Pero lo más importante de su obra fueron las revelaciones sobre el proceso de verificación de documentos que se llevaba a cabo antes de publicar los documentos.

“No mentíamos al decir que en el proceso participaban algunos expertos, pero ninguno de aquellos expertos había tenido acceso jamás al material. Éramos Julian [Assange] y yo quienes comprobábamos si los documentos habían sido manipulados desde el punto de vista técnico, y quienes decidíamos si nos parecían plausibles, tras realizar nuestras propias pesquisas. Y confiábamos en que todo fuese bien”, escribió. La plataforma que había sido recibida por muchos como la llamada a sustituir a los medios de comunicación, apareció entonces como un potente ventilador, sin criterio editorial ni proceso serio de valoración de documentos.

A GOLPE DE REVELACIÓN

Las aseveraciones del ex-Wikileaks pasaron factura a la credibilidad de la plataforma en algunos circuitos periodísticos, pero su papel en el imaginario colectivo como entidad capaz de poner en apuros a gobiernos de todo el mundo apenas se vio mermado. Lo cierto es que la documentación que se había publicado hasta entonces, y la que se publicaría después, había sacudido con fuerza las estructuras diplomáticas mundiales.

En febrero de 2008, después de publicar información confidencial sobre el banco suizo de inversión Julius Baer, la página fue temporalmente clausurada por orden de un juzgado norteamericano. Ése fue uno de los primeros grandes hitos de la plataforma, que volvió a lo grande en septiembre de ese año, con la publicación de fotos y correos electrónicos personales de Sarah Palin.

En 2010, uno de los grandes enfrentamientos de Wikileaks, el que mantiene con el Pentágono, subió varios puntos su intensidad. Había comenzado con la divulgación de un vídeo que contradecía la versión de las Fuerzas Armadas estadounidenses sobre la muerte de once iraquíes en un bombardeo en 2007, prosiguió con la publicación de 91.000 documentos sobre la guerra de Afganistán y alcanzó su punto máximo con el Cablegate de noviembre de ese año.

A través de un grupo de medios de comunicación –El País, The New York Times (Estados Unidos), The Guardian (Reino Unido), Der Spiegel (Alemania) y Le Monde (Francia) –, Wikileaks puso a disposición del público más de 250.000 documentos secretos y cables que pusieron patas arriba a la diplomacia estadounidense y a la comunidad internacional, pues muchos de ellos reflejaban órdenes de espionaje a políticos y altos funcionarios extranjeros.

El soldado Bradley Manning, ahora Chelsea Bradley Manning, fue procesado por la filtración, condenado a 35 años de cárcel y expulsado del Ejército con deshonor.

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DE LA GRAN OBRA A LA POLÉMICA

Cablegate fue el momento de gloria de Wikileaks, la gran obra del movimiento. Coincidió en el tiempo con el procesamiento de Assange por presunto acoso sexual, en Suecia. El activista trató de defenderse, mientras la plataforma seguía publicando documentos y sorteaba los intentos de cierre gracias al apoyo del Partido Pirata suizo. PayPal anunció que no procesaría donaciones para la plataforma y poco después Visa, Mastercard y Bank of America tomaron la misma decisión.

Se ganaron así la enemistad de los grupos de “hackers” que apoyaban el proyecto de Wikileaks y que los sometieron a ataques constantes durante meses. En diciembre de 2010, el propio Assange fue detenido en Londres por las acusaciones que pesaban sobre él en Suecia y comenzó un proceso de extradición que ha sorteado hasta ahora gracias al refugio que le presta, desde 2012, la Embajada de Ecuador en la capital de Reino Unido. Desde allí, ha seguido ejerciendo como líder y portavoz de la organización.

Wikileaks sigue publicando documentos sensibles, pero no ha podido esquivar el cada vez más fuerte debate sobre la cobertura de sus fuentes y el proceso de verificación de los documentos que recibe y publica. El punto de inflexión en este aspecto se produjo el 2 de septiembre de 2011. La organización de Assange anunció su intención de publicar todos los cables diplomáticos a los que había tenido acceso, sin proteger sus fuentes. Los medios de comunicación que habían colaborado con la plataforma unos meses antes lamentaron la decisión públicamente y le retiraron su apoyo.

Pero así como algunos critican al activista australiano de pelo blanco por ser una amenaza para la seguridad o incluso un títere de Rusia, otros lo idolatran como el gran héroe de la libertad de información de nuestro tiempo.

EL CASO WIKILEAKS EN UNA INFOGRAFÍA

Infografía de Stampaprint

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