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Beber a la edad de jugar. Consumo de atracón y consumidores cada vez más jóvenes

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A los 12 años, los niños están empezando a conocerse, crean su primera pandilla, comienzan a tentar los límites del bien y del mal. Coquetean con su autonomía, retan algunas de las normas de sus padres. Entran en la turbulenta adolescencia.Y crecen. Pero ahora se sabe que algunos también se mueren, ahítos de alcohol, en un parque y de noche. Se sabe por Laura, la niña de doce años que murió después de un coma etílico el pasado Halloween, en San Martín de la Vega.

Lo que se sabe por esa muerte escalofriante, un atracón de alcohol, un coma y un traslado en un carro de supermercado, no se sabría por las estadísticas oficiales. Tanto los datos del Plan Nacional sobre Drogas como los que maneja la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid ignoran las tasas de consumo de los jóvenes, de los niños, por debajo de 14 años. Es así porque hasta ahora no se había pensado que existieran situaciones problemáticas por debajo de esa edad.

La edad media de inicio al consumo de alcohol es de 13,9 años. "El hecho de que sea una edad media indica que hay consumidores por encima, pero también por debajo de esa edad. Ahí está lo terrible". Quien habla es Ignacio Calderón, director general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD). "La muerte de esta niña se ha convertido en noticia porque ha tenido un desenlace fatal, pero comas etílicos hay a montones todos los fines de semana. Cientos de noches interminables, con unos niveles altísimos de consumo", añade.

LA DROGA QUE NO PARECE UNA DROGA

"Antes, el alcohol se consumía de una manera más lenta, porque estaba ligado a la socialización, a conversaciones con amigos. Pero esto se trata de un cambio de raíz, porque se trata de un modelo que aquí no existía y que tiene por objetivo emborracharse rápido", explica Calderón. Atracones de alcohol, ingestas masivas en períodos cortos de tiempo y en cuerpos jóvenes que, en muchos casos, no pueden asimilarlo.

consumo riesgo alcohol

En cualquier caso, sea a través del patrón mediterráneo o a través de esta nueva pauta, denominada "nórdica", el alcohol lleva décadas presente en el ocio de la juventud española. Las estadísticas de consumo habitual, de en torno al 80%, permanecen estables desde 1994. A pesar de decenas de campañas y de las medidas legislativas para impedir el acceso de los menores al alcohol. ¿Por qué y en qué se está fracasando?

La prohibición no funciona, ya que incluso los más jóvenes recogidos en las estadísticas no tienen ningún problema a la hora de conseguir el alcohol. Pero Ignacio Calderón cree que la parte fundamental del fracaso tiene que ver con la consideración cultural que la sociedad española tiene del alcohol:

"La sociedad no entiende que sea una droga y ha tendido sobre él un manto protector. El alcohol es una cosa absolutamente de la familia, que desde que uno nace la ve en su casa y la bebe la abuela, la madre, el padre y todo el mundo a su alrededor. Parece incluso que no hay celebración que se precie que no sea a base de una borrachera. El "hoy todos borrachos" es una cosa culturalmente aceptada, cuando tiene un dramatismo enorme".

DE LA PREVENCIÓN A LA INTERVENCIÓN

Más allá de las campañas, cuya eficacia sólo podría analizarse con justicia si hubiese manera de medir cuántos jóvenes han dejado de iniciarse en el alcohol gracias a ellas, el papel fundamental en el trabajo que lleva a cabo la FAD tiene a los padres como protagonistas. Su presidente lo explica así:

"Quieren ser mayores y quieren demostrarlo, disfrutan de cierta autonomía y es un momento complicado para ellos. Salen por la noche por primera vez y tienen que "mantener el tipo", no se puede permitir el lujo de que le digan que es un 'pringao'. Solamente cuando tienen una preparación educativa y una proximidad con sus padres que les permita hablar con ellos y saber que tienen su protección, pueden hacerle frente a eso. Cuando no existen esos factores, el niño se ve en una situación de grave vulnerabilidad y hace muchas cosas que no querría hacer porque no le queda otro remedio".

alcohol riesgo percibido

En la importancia de la labor de los padres (y profesores) coincide Elena Presencio, directora de Proyecto Hombre. A sus delegaciones llegan los niños y jóvenes que ya han sido transformados por el alcohol, aquellos que han cambiado su comportamiento en casa y en clase, que se han vuelto apáticos o contestatarios, aquellos que no tienen ya más entretenimiento que beber. Son esos a los que la sustancia ha cambiado lo suficiente como para que su entorno perciba que existe un problema.

"El adolescente nunca viene por su propio pie, porque ellos solo perciben los aspectos “positivos” del consumo. Cuando llegan a nosotros, llegan por iniciativa de familias preocupadas y sorprendidas por el cambio tan grande que se produce en sus hijos", relata Presencio. No son casos aislados: el 56,6% de los jóvenes que se tratan en la organización presentan consumo problemático de alcohol.

Antes de llegar a ese punto, "nuestros niños y jóvenes emiten señales. Algunas tienen que ver con la propia adolescencia, pero otras nos indican el problema. Cambios repentinos de humor, de rendimiento académico, de pautas de entretenimiento… Es fundamental que los padres y los profesores, que están con ellos día a día, estén atentos para leer esos signos y tomar cartas en el asunto rápido".

Por eso, una parte importante de las "intervenciones" de Proyecto Hombre tienen a los padres como protagonistas: "Hacemos sesiones individuales y en grupo con los chavales, pero trabajamos en paralelo con los padres. Les damos técnicas que les resitúan en el entorno familiar, herramientas que les empoderan. El objetivo es conseguir una mejora de la comunicación y que utilicen herramientas para poner los límites, para sentirse seguros y recuperar su sitio como figura educativa. Estas técnicas sanan y mejoran la relación familiar".

UNA BOMBA CONTRA EL DESARROLLO

La importancia de una intervención temprana y la construcción de un entorno de confianza y madurez quedan avaladas por las observaciones de José María Ruiz Sánchez de León, neuropsicólogo clínico y profesor de la Universidad Complutense de Madrid. A su juicio, "la conversión de un consumidor abusivo en un adicto no es tan directa como se cree. Tienen que darse una serie de condiciones vulnerabilizadoras para ello".

consumo alcohol

El doctor explica que "en circunstancias normales, los jóvenes dejan de beber cuando estudian la carrera, o cuando la terminan o cuando empiezan a trabajar. El problema de la adicción parece depender de la conjugación de variables que desprotegen al individuo y le hacen no ser capaz de abandonar una conducta a pesar de reconocer que puede estar siendo perjudicial para él".

El alcohol, de hecho, es una bomba para el organismo de los jóvenes. No sólo para su hígado, castigado fin de semana tras fin de semana por los atracones de alcohol, sino también para su cerebro. "Tiene efectos sobre los proliferación y la migración de las nuevas neuronas", explica el doctor, "esto es, sobre la creación y especialización de las mismas. Además, afecta a la conectividad entre las mismas, alterando el proceso de “cableado” del cerebro".

El resultado pueden ser individuos con menor volumen cerebral, una peor conectividad y, con ello, menos capaces de desenvolverse adecuadamente como adultos. El consumo de alcohol, tal y como detalla Ruiz Sánchez de León, "facilitará la expresión de problemas en el neurodesarrollo como la impulsividad, la toma de decisiones inadecuada y el desgobierno de la conducta. En otros casos, se expresará con trastornos emocionales y motivacionales como la depresión o la apatía".

Trastornos en el presente, y dolencias para el día de mañana. Eso es lo que se desprende de las declaraciones del doctor sobre los efectos a largo plazo del consumo de alcohol: "Puede alterar los mecanismos neuropsicológicos de gestión y afrontamiento del estrés, por lo que la vida adulta -en lo personal, lo familiar o lo laboral -puede acabar desencadenando diferentes cuadros psicopatológicos, entre los que destaca la depresión".

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