INTERNACIONAL

Trump y Netanyahu, una alianza de halcones

19/01/2017 16:10 CET | Actualizado 19/01/2017 16:10 CET
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Las diferencias entre el presidente saliente de EEUU, Barack Obama, y el que le sucederá en el cargo, Donald Trump, son más que evidentes. Pese a ellas, ambos habían tratado de mostrarle al mundo su madurez política y, por encima de sus discrepancias, llevar a cabo una transición pacífica que, de paso, calmara al mundo, temeroso ante el tipo de presidencia que llevará a cabo Trump. Pero dicha armonía -más o menos forzada- se terminó tan pronto apareció un tema siempre espinoso en la política exterior estadounidense: Israel.

Todo comenzó cuando en el seno de la ONU se produjo algo insólito: la aprobación de la resolución 2334 del Consejo de Seguridad de este organismo en la que se condenaron los asentamientos israelíes en territorio ocupado. Salió adelante gracias a la abstención de EEUU. Este hecho, de consecuencias más que nada simbólicas, era algo anhelado por las autoridades palestinas y dio pie a unas tensiones poco habituales entre Estados Unidos e Israel.

Las diferencias se incrementaron cuando el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, en un discurso en Washington, uno de los últimos antes de abandonar el cargo, señaló que las políticas del Gobierno israelí complican la futura negociación de una paz que incluya la coexistencia de dos Estados, uno israelí y otro palestino. Ambos fueron gestos -tardíos- de la Administración Obama que, como otros tantos, quedarán invalidados tan pronto llegue Trump al poder. Y para que no quede duda de ello, ahí están las palabras del que será el presidente 45 de EEUU en su cuenta de Twitter: “No podemos seguir permitiendo que se trate a Israel con este desprecio y falta de respeto total. Solían ser grandes amigos de EEUU, pero ya no. El principio del final fue aquel horrible acuerdo con Irán, ¡y ahora esto (ONU)! Mantente fuerte, Israel, el 20 de enero se aproxima rápido”.

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Efectivamente, el 20 de enero ya está aquí y Trump ha ido preparando su camino de cara a hacerse con unas relaciones con Israel acordes a sus intereses. Para empezar, eligió el pasado 16 de diciembre al abogado David Friedman para ser el representante del país ante el Gobierno de Israel. A sus 57 años, la elección de este letrado que carece de experiencia diplomática, supone un viraje a la estrategia estadounidense respecto a Israel de las últimas décadas: cuestiona una solución de dos Estados al contencioso entre israelíes y palestinos, defiende la legalidad de los asentamientos israelíes en Cisjordania -en los que residen cerca de 600.000 personas-, que cada Gobierno estadounidense desde 1967 ha considerado ilegítimos, y defiende el traslado de la Embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén.

Y luego está la elección de Jared Kushner, yerno de Trump, como asesor senior de la presidencia. Kushner, judío ortodoxo, participó por primera vez en la campaña presidencial de su suegro aconsejándole sobre la política de Estados Unidos frente a Israel y le ayudó a escribir el discurso que Trump pronunció para AIPAC, el lobby a favor de este país de Medio Oriente.

Dos nombramientos nada casuales, a los que se suma el que primer objetivo reconocido públicamente por Donald Trump: el trasladar la Embajada estadounidense en Israel de Tel Aviv, donde se encuentra actualmente, a Jerusalén, declarada unilateralmente capital de Israel por su gobierno en los años 80, un cambio que carece de reconocimiento internacional. Un movimiento cuanto menos peligroso. Pero, ¿cuánto puede hacer de todo esto Trump?

UNA INCÓGNITA QUE PINTA BIEN

Ni que decir tiene que Israel, tras meses de duda en la campaña electoral norteamericana, ve con buenos ojos a Trump.

El actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, del ultraderechista Likud, apostaba por Hillary Clinton sin arrugar la nariz, sabedor de que con ella como secretaria de Estado la balanza se inclinó a su favor; no le tienen el mismo cariño los palestinos. No le asustaba otra demócrata en la Casa Blanca, teniendo en cuenta que con Obama, pese a la cacareada mala relación personal que los unía, ha acabado teniendo siempre un aliado esencial e, incluso, con él ha firmado el mayor acuerdo de armamento de la historia de las dos naciones, 28.000 millones de dólares de inversión de EEUU en Israel.

Pero tampoco le hacía ascos a Trump, al que conoce de viejo, al que le unen lazos de amistad a través de su círculo de colaboradores y amigos como el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani. Durante meses, Netanyahu trató no obstante de no señalarse, después de que en 2012 saliera escaldado tras apoyar al republicano Mitt Romney en su batalla contra Obama. Mejor poner cara de póker.

Luego vinieron los comentarios pro Israel del magnate neoyorkino, y sobre todo su enfrentamiento con Obama por la resolución de la ONU contra la ocupación israelí; entonces, el cariño de Netanyahu encontró en Trump, definitivamente, un digno merecedor. Pese a ello, sus colaboradores siguen avisando: su victoria viene llena de sorpresas, las propias de un personaje imprevisible, y en este conflicto con los palestinos, donde el status quo actual es una victoria para Israel, las sorpresas no gustan. "Es como una carta del Monopoly, que lo mismo te lleva a la cárcel que te hace millonario", resume el analista Udi Segal.

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La misma noche de la victoria del republicano, Netanyahu -cuya formación universitaria es norteamericana y que vivió en Nueva York, donde ejerció como embajador su su país ante la ONU- habló con su homólogo en Washington y ambos calificaron de "significativa" la charla. Trump le invitó a ir cuanto antes a la Casa Blanca, "a la primera oportunidad". Netanyahu le dijo a la CNN que está "emocionado" por trabajar con Trump, al que siente "muy favorable al estado judío y al pueblo judío".

Netanyahu ha manifestado su plena "confianza" en Trump, un "verdadero amigo de Israel" que en público ha calificado incluso de "estúpido" el acuerdo entre las potencias occidentales e Irán por el que se vigilan los avances del programa nuclear de Teherán, el otro gran caballo de batalla de Israel en Oriente Medio. Otro tanto para conquistar su amistad.

Irán, Palestina... y Rusia. Ése será otro de los ejes del diálogo bilateral, ya que en EEUU preocupa el acercamiento de Tel Aviv a Moscú, intensificado en los últimos años precisamente para causar dolores de cabeza a Obama. Pero no hay peligro, calma: EEUU seguirá siendo, puede que más que nunca, el "muy mejor amigo" de Israel, que diría Forrest Gump.

Resolución 2334-2016 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Israel y Palestina by El Huffington Post on Scribd

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