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Alicia Koplowitz muestra por primera vez su colección de arte en París

La exposición se podrá ver del 3 de marzo al 10 de julio.

03/03/2017 11:01 CET | Actualizado 03/03/2017 11:13 CET
EFE
La escultura 'Araña III' de Louise Bourgeois junto al cuadro 'Kula Be Ba Kan' de Miquel Barceló.

La visión de coleccionista femenina, refinada y profesional de Alicia Koplowitz, dueña de un inmenso repertorio artístico amasado con gusto enciclopédico, sale a la luz por vez primera en el parisiense museo Jacquemart André.

De Zurbarán a Rothko, que estará abierta desde el 3 de marzo hasta el 10 de julio, traza a través de medio centenar de obras, aproximadamente un tercio de su colección personal, unos 600 años de la historia del arte, con obras de Goya, Van Gogh, Toulouse-Lautrec, Gauguin, Picasso, Juan Gris, Modigliani, Tapies, Giacometti o Barceló.

"Coleccionar obras de arte es para mí un hecho iniciático, un camino que comenzó cuando tenía 17 años, que me ha servido de escudo frente a diferentes vicisitudes de la vida, en el que he aprendido a explorar vías íntimas que me eran desconocidas", confiesa Alicia Koplowitz en el catálogo de la muestra.

Mecenas a la par que coleccionista, la empresaria ha ido amasando un excelso repertorio que, por pudor y por desconocimiento de su verdadera importancia, se negaba a mostrar en público hasta ahora, según relata el comisario de la muestra, Pablo Melendo Beltrán.

Hasta que el Museo Jacquemart André le propuso hacerlo entre sus muros y surgió "la magia de un encuentro", señala el comisario.

Como Koplowitz, Nélie Jacquemart, esposa del heredero de la fortuna de una familia protestante instalada en París en el siglo XIX, dedicó sus años de viudedad a amasar una gran colección de arte. "Quiso hacer un museo para la posteridad en el que plasmara su gusto, pero con obras elegidas de forma muy profesional", asegura Melendo.

Una iniciativa que se parece mucho a la forma en la que Alicia Koplowitz ha ido reuniendo su colección. Admirada por el parecido, la empresaria "rompió la barrera" que tenía a la hora de enseñar su colección y se convenció de que había que enseñar el fruto de tantos años de interés artístico. A través de la colección queda expresada la personalidad de su dueña, señala Melendo, que asegura que el recorrido tiene "una coherencia, la de una selección hecha por una mujer con interés estético, pero sobre todo artístico".

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'Lago Amarillo' de Miquel Barceló

Koplowitz se interesa en particular por obras que tienen una historia personal, que puede ir desde el encargo de un mecenas a un artista, o porque representan algo importante en la vida del pintor. Su visión es "enciclopédica", alimentada por la sed de conocimiento, lo que otorga a su colección un espectro amplio poco habitual en nuestros días, en los que prevalece el gusto por el arte contemporáneo, señala el comisario.

Cada nueva adquisición se integra en el "puzle" que otorga coherencia al todo, al igual que su buen estado de conservación, sin restauración, que les da una frescura y magia particulares.

La disposición de los cuadros, cronológica, se extiende en ocho salas con la pretensión de que el viaje artístico se haga con delicadeza. "El visitante no siente que pasan más de 500 años de historia del arte ante sus ojos", indica el comisario.

La muestra comienza en el Siglo de Oro español y en sus primeros pasos traza el interés de la coleccionista por el arte de España, desde Zurbarán hasta las pinceladas de Goya, uno de los artistas más representados en la exposición.

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'La lectora' de Toulouse-Lautrec

Tras una incursión en el arte italiano de pintores instalados en Madrid, el recorrido lleva al postimpresionismo de Van Gogh, Toulouse-Lautrec o Gauguin, hasta llegar a Picasso o Juan Gris. Modigliani, Van Dongen o Staël dan un paso más hacia la era contemporánea, que llega de forma plena de la mano de Antonio López, Antoni Tàpies o Julio González.

El último escalón está en una sala dedicada al "choque de las materias", con artistas como Giacometti, Freud, Bourgeois o Barceló que trabajan el interés por diferentes materiales.

Melendo asegura que la muestra de París ha hecho a Koplowitz "perder el miedo", por lo que está convencido de que se repetirá en otros lugares del mundo y, "por qué no", quizá algún día encuentre un museo propio donde perpetuarse.

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