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Ganas, incertidumbre y dinero, mucho dinero: ser padre por gestación subrogada

Una pareja de hombres explican las luces y las sombras del proceso por el que se convirtieron en padres de Alonso, su hijo.

21/03/2017 21:23 CET | Actualizado 22/03/2017 19:00 CET
Getty Images

"Alonso fue un bebé macrosómico, más grande de lo normal, así que necesitó una cesárea. Estuve en el quirófano y me lo pusieron en los brazos nada más nacer. Fue el primer piel con piel". Pedro Fuentes nunca lo olvidará. Aquel primer roce era (casi) el final del largo y complicado proceso que le había convertido en padre. Igual en lo esencial (las ganas, la felicidad, los temores) al de cualquier otra paternidad, pero tan diferente al mismo tiempo en una enorme cantidad de detalles grandes y pequeños.

Pedro fue padre por gestación subrogada. Por eso, la mujer que alumbró a su hijo no es la madre del pequeño. Por eso su marido "no pudo estar en el nacimiento del pequeño, ya que la gestante pidió que su madre estuviese junto a ella". Por eso cuando Pedro le enseñó el recién nacido a la mujer, "ella dijo en inglés, sonriendo, "Es un bebé perfecto"". Por eso, cuando presentó al pequeño, no sólo lo hizo a su marido, sino también a la familia de la mujer que lo había gestado. Todos esperaban juntos en la sala de espera.

Todo había salido bien y eso, a falta de los últimos pasos, ponía término a muchos meses de dudas y preocupaciones, idas y venidas a Estados Unidos, gastos, gastos y más gastos. Pedro recuerda cada momento desde que decidió ser padre hasta que finalmente lo fue y a través de la asociación que preside, Son Nuestros Hijos, comparte su experiencia y su conocimiento con aquellas parejas y personas que se plantean recurrir a la gestación subrogada.

DE LAS DUDAS A LOS PORMENORES LEGALES

"El primer impulso es siempre el de querer fundar una familia. No es fácil, sobre todo en el caso de las mujeres, tener claro que ellas no gestarán a su hijo", explica. La búsqueda de información, "lo más frecuente, búsquedas en la red", suele culminar con la entrada en contacto con una agencia. "Se puede hacer sin necesidad de agencias intermediarias, pero no es habitual. Sobre todo, por la inseguridad que crea embarcarse en algo fuera de nuestro país".

La gestación subrogada está prohibida en España, por lo que quienes recurren a ella deben elegir el lugar donde se llevará a cabo el proceso. El lugar más habitual, y el más caro, es Estados Unidos y, en concreto, California, un estado que ha abrazado la práctica con su legislación. Pero hay otros destinos: Canadá, Rusia, Ucrania, Reino Unido, Australia... "En la elección", señala Fuentes, "influyen los costes económicos y el tipo de familia. Ucrania es más barato que Estados Unidos y Canadá, pero a este país sólo pueden ir parejas heterosexuales, casadas y con un hombre que pueda aportar semen fértil".

La agencia es, a partir de ese momento, uno de los elementos clave del proceso. Lo es tanto que, a menudo, los padres de intención corren el riesgo de perder "soberanía" frente a las gestiones de la intermediaria: "Cuanto más dependen los padres de la agencia, generalmente debido a su nivel sociocultural, más posibilidades hay de que ésta ejerza como factótum". El presidente de Son Nuestros Hijos advierte especialmente contra aquellas que pretendan impedir el contacto directo entre los padres de intención y la gestante: "Es clave saber si pueden desarrollar una buena relación de empatía. Por eso, hay que rechazar los procesos en los que se trate de impedir ese contacto, pues no son éticos".

Con esos primeros contactos y conversaciones entre padres y gestante, comienza a rodar una maraña legal en la que las partes tienen que firmar, en California, al menos siete contratos. Fuentes los explica: "Con la agencia, con los abogados, con el centro de reproducción que realizará la técnica, el seguro médico para la gestante y los donantes, si los hubiese, el consentimiento informado para todas las pruebas médicas y el de donación/aceptación de capacidades reproductivas".

Este último es el documento central de todo el proceso. En él, según señala Pedro, "se incluyen detalles como el número de embriones que se transferirán o la opinión de padres y gestantes sobre la interrupción del embarazo. Lo habitual es que este contrato sea redactado por el abogado de la gestante y luego se pasa a los padres intencionales". Es el papel en el que quedan detallados los supuestos ante cualquiera de las muchas eventualidades a las que está sujeto un proceso tan delicado como un embarazo.

LA INICIATIVA DE LA GESTANTE

Aunque los documentos especifiquen hasta el más mínimo detalle qué habría de ocurrir a partir de la firma, la mujer que gestará al bebé no debe perder su iniciativa. Fuentes es taxativo en este punto: "La capacidad de decisión de la mujer durante todo el embarazo no puede ser nunca conculcada. Ella decide si interrumpe o no, si hay embrio-reducción o no, o si pare a las 29 o a las 39 semanas por cualquier indicación".

Por eso, dice, es importante la relación personal y la sintonía entre los padres y la mujer: "Nosotros nunca habríamos decidido interrumpir el embarazo. No hicimos pruebas de Down ni nada parecido porque no interrumpiríamos. Pero sí se especificaba en el contrato que ella podría interrumpir si lo decidía. Aun cuando sabíamos que no lo haría".

Carecería de ética compensar a un varón por donar semen y no compensar a una mujer por 18-24 meses de su vida dedicados a ayudar a otros.

Al hablar de la gestante, se plantea uno de los temas más polémicos para quienes se oponen a la práctica de la gestación subrogada porque consideran que se trata de "alquilar un vientre" y, por lo tanto, de una mercantilización de la mujer que puede traducirse en una situación de abuso por medios económicos. ¿Recibe dinero la mujer que dona su capacidad de gestar?

Depende del lugar en el que se lleve a cabo el proceso. Cada estado norteamericano, por ejemplo, tiene su propia legislación. En Rusia y Ucrania sí se contempla un beneficio para la gestante; en Canadá, solamente los gastos derivados del embarazo y en Irlanda, no se contempla ningún beneficio para la mujer. En Australia, la remuneración para la gestante es delito.

En el caso de Pedro, la gestante sí recibió dinero. El contrato especificaba que ella "recibiría una cantidad, en concepto de compensación por las molestias del embarazo y las bajas de embarazo y postparto". Fueron 30.000 dólares (unos 28.500 euros). "Carecería de ética compensar a un varón por donar semen y no compensar a una mujer por 18-24 meses de su vida dedicados a ayudar a otros", argumenta.

LOS ÚLTIMOS PASOS

El día del parto, la gestante y los padres de intención ingresaron juntos: "Ella fue a su habitación y nosotros a la administración para presentar la tarjeta de crédito. Sin ella no hay acceso a nada. Tras eso nos asignaron nuestra habitación, en la misma planta que ella". 24 horas después de la cesárea, Pedro y su marido abandonaron el hospital junto a su hijo Alonso, al que se le habían practicado todas las pruebas preceptivas en un recién nacido. La gestante necesitó algo más de tiempo: "Ella salió a los cinco días y fuimos a su casa a verla. Estaba muy bien y eso me hizo muy feliz".

Esa mujer es parte de la vida de Alonso: "Ella es parte de nuestra historia, de la historia de mi hijo", explica. "Quedó impresa en nuestra piel hace 7 años y ahí estará siempre. La relación es fluida. Las redes sociales ayudan mucho. Así hemos conocido al fugaz primer novio de su hija mayor o la revolución que ha hecho en su vida hace dos años, cambiando de trabajo, casa..."

Hay niños que se están quedando en un limbo legal al que el Ministerio de Justicia ha de dar salida.

Aún con el hijo en brazos, el complicado proceso todavía no ha llegado a su fin. Tras el nacimiento, pueden surgir serios problemas burocráticos: "En Canadá", relata Fuentes, "las autoridades consulares se están negando a registrar a los menores y se está dando de nuevo la situación de un niño, español de origen, pero sin reconocimiento de su nacionalidad española ni sus derechos como español. Estos niños se están quedando en un limbo legal al que el Ministerio de Justicia ha de dar salida. De hecho hemos pedido una reunión con la Dirección General de los Registros y del Notariado (DGRyN), pero no nos han respondido".

En países como Ucrania, donde sólo pueden acudir parejas heterosexuales, la situación es todavía más compleja: "El menor consta como hijo de una mujer que está a miles de kilómetros, y que no quiere ser madre, mientas la madre que cuida y protege, la que está con él, carece de todo derecho. Es por ello que se empieza un juicio de adopción para que la madre adopte a su propio hijo. Juicio que en ocasiones se puede demorar mucho, pues según el juez que corresponda, puede incluso denegar la adopción y dejar al menor en una inseguridad jurídica total".

Pedro y su marido no se enfrentaron a esos problemas. En Estados Unidos, gracias a una instrucción específica de la DGRyN, "no suele haber problemas". Tras el registro en el país de nacimiento, tuvieron que conseguir la apostilla de La Haya (el certificado que da validez en la Unión Europea a los escritos extranjeros) para inscribir a Alonso en el registro consular español y solicitar los documentos necesarios para regresar a España. "En nuestro caso, como Alonso es estadounidense por nacimiento, solicitamos el pasaporte de EEUU y con él regresamos a España".

UN BALANCE DEL PROCESO

Pedro no tiene problema en especificar los gastos a los que su marido y él hicieron frente durante el proceso. "La agencia fueron 25.000 dólares, los abogados y el juicio, unos 8.000 dólares; los seguros, la farmacia, los médicos, en torno a 60.000 dólares. La donante recibió una compensación de 8.000 dólares y la gestante, una de 30.000, incluidas baja laboral y baja postparto". A eso habría que añadir los gastos por desplazamiento y estancia: "Estos, sinceramente, no los he computado... ya no queríamos saber". La suma da 131.000 dólares, sin contar los viajes.

Era el final de un proceso que suele alargarse "entre 18 y 24 meses", pero que no siempre sale bien: "hay familias que no lo logran. En nuestra asociación, en 2015, 4 familias renunciaron, arruinadas y sin ese hijo que tanto deseaban. Es una técnica de reproducción y como tal, nadie garantiza niel el embarazo ni que este llegue a buen puerto, por muchos intentos y tiempo que se emplee".

Es hora de ir a buscar a Alonso al colegio. Con él, todo salió bien.

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