ECONOMÍA

Aquellos uno de mayo

El fin de una era sindical: la participación ciudadana cae desde los históricos ochenta hasta los menos concurridos dosmil.

28/04/2017 19:04 CEST | Actualizado 14/05/2017 12:50 CEST
UGT

El Primero de Mayo de 1886, 200.000 trabajadores iniciaron la huelga mientras que otros 200.000 obtuvieron esa conquista con la simple amenaza de paro. Casi medio millón de obreros de Chicago se unió ese día para reivindicar derechos laborales colectivos.

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Más de un siglo después las reivindicaciones del Primero de Mayo han perdido fuelle. Los históricos ochenta, que atrajeron a la vida política y sindical a millones de españoles, se quedaron en papel de fumar nostalgia. Contra la tendencia de los países del entorno, España mantuvo el tono reivindicativo en sus manifestaciones, alejado de las notas lúdicas y algo festivas que incorporaron los movimientos de trabajadores de otros países para dar continuismo a este día entre las nuevas generaciones.

La vida ha cambiado, los españoles hemos cambiado, el trabajo ha cambiado. ¿Las reivindicaciones han cambiado? No tanto. Este Primero de Mayo los sindicatos volverán a pedir en la calle mejoras laborales -llámese, según sus palabras, "derogación de la reforma laboral"-, alzas salariales y empleo digno y de calidad para todos.

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Las reivindicaciones de los primeros ochenta giraron en torno a la representación de los trabajadores en las empresas, la calidad del empleo, la dignidad salarial y la lucha contra la temporalidad. ¿Nos suena de algo?

UNA HISTORIA DE ALTIBAJOS

Después de la etapa dorada del Primero de Mayo en España, durante los primeros noventa vino un momento de mayor recogimiento al hilo de la crisis de aquella década. Los primeros dosmil recuperaron la velocidad de crucero. Pero la otra crisis, la gran crisis, la crisis con mayúsculas, supuso un punto de inflexión para la participación ciudadana en la calle y, en concreto, en el Primero de Mayo.

Contra la creencia popular: a mayor paro, menor participación de los trabajadores.Nicolás Sartorius

Los movimientos ciudadanos sumaron músculo junto a los sindicatos y compartieron entonces con ellos reivindicaciones en torno al empleo, pero también sobre la sanidad, la vivienda y la educación, entre otras luchas que congregaron a centenares de miles de personas en la calle. La crisis quiere quedarse hoy atrás pero, como herencia, el desempleo y la precariedad se enquistan. Esta es la razón que ofrece Nicolás Sartorius para explicar la baja participación ciudadana de los últimos años en el Primero de Mayo. "El miedo", dice, "contra la creencia popular: a mayor paro, menor participación de los trabajadores", explica.

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Nicolás Sartorius, fundador junto a Marcelino Camacho de las Comisiones Obreras -"las", sí, con su artículo, porque CC OO surge de la unión de varias Comisiones locales en distintos puntos de España en la década de los cincuenta-, y otros veteranos sindicalistas, a los que El HuffPost ha preguntado en este día mundial, analizan esta jornada histórica en España, su pasado y su futuro.

Explica el veterano sindicalista que los motivos son múltiples para esta pérdida de participación ciudadana, pero incide sobre todo en la crisis económica y el paro, entre los principales, porque, dice, "el miedo y el desempleo ahuyentaron a la gente, la echaron de la calle". Confía, sin embargo, en una pronta mejora de la asistencia a estas movilizaciones. "Los sindicatos están retomando el pulso de las reivindicaciones, replanteando la necesidad de recuperar salarios y derechos perdidos", se encomienda.

Coincide con él Julián Ariza, fundador como Sartorius de "las" Comisiones Obreras y adjunto a la secretaría general de CCOO durante el mandato de José María Fidalgo (2000-2008). Entiende que el paro tiene un componente de marginación y eso, según cómo lo asuma cada uno, es una especie de autoexclusión".

En España, el descenso de la afiliación llegó con la crisis. Los miembros de sindicatos tocaron techo en 2008, cuando, según los datos de Visser, había casi tres millones de afiliados en toda España. Siete años después, la cifra había caído a los 2,36 millones. Esto implica una baja tasa de densidad sindical, en línea con los países mediterráneos; según la OCDE, del 16,8%.

Habla también Nicolás Sartorius, vicepresidente de la Fundación Alternativas, del modelo de movilización, que en España se ha mantenido intocable desde los primeros ochenta. "Funcionó bien entonces", justifica, "recuerdo una de las primeras manifestaciones del Primero de Mayo, situados en el scalextric de Atocha, mirabas alrededor y solo se veía gente, gente hasta el infinito", cuenta, "debería servirnos de reflexión para convocar unas manifestaciones más participativas".

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Como afirman los historiadores Santos Juliá y Julián Casanova, los sindicatos saben lo importante que es controlar la calle. Pues la calle es el espacio en el que se desarrolla el combate simbólico, donde las opciones de uno u otro signo ideológico se hacen visibles y muestran su fuerza, donde se transmiten las ideas y se vive una determinada cultura política.

RENOVACIÓN GENERACIONAL

Julián Ariza circunscribe esta afluencia al calor del momento histórico. "Había toda una acumulación de frustraciones como consecuencia de la dictadura", relata. "Las masas estaban en todas partes, no solo en las manifestaciones de los sindicatos, también en otras actividades públicas como los mítines de los partidos... Eran los primeros años de la Transición", constata.

Recuerda también Sartorius que aquella era una época próspera: "En los momentos de auge económico es cuando las reivindicaciones son exitosas". Pero además ve el actual momento como favorable a las manifestaciones de los trabajadores en la calle. "A partir de ahora, si los sindicatos se rejuvenecen y relanzan un poco la capacidad reivindicativa, la calle irá porque la situación es favorable", asegura.

El movimiento sindicalista en la calle requiere de una renovación constante, no tiene tanto que ver con las generaciones.Antonio Gutiérrez

No opina igual Antonio Gutiérrez, exsecretario general de CC OO (1987-2000), quien asegura que el movimiento sindicalista en la calle "requiere de una renovación constante, algo que no tiene tanto que ver con las generaciones", zanja. "Stéphane Hessel y José Luis Sampedro tenían 90 años y sacaban a la gente a la calle, y eso porque ofrecieron análisis críticos, ideas y propuestas para que las cosas acontecieran", argumenta. "Esa es la renovación generacional de una organización que se llama de clase como un sindicato", proclama.

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Julián Ariza hace una lectura más histórica. "Yo diría que la gente tenía en aquel entonces un mayor interés y compromiso con este tipo de acciones, de identificación y reivindicación, con un cierto componente lúdico y festivo heredado de la República", cuenta. "Acudían con las familias y luego se hacía como cualquier día de campo, comían con mantel, tortilla y vino", recuerda. Para quien estuvo a punto de llevar las primeras riendas de CC OO, "el contenido en sí no ha variado mucho, sí esa doble afirmación de clase".

El obrero de mono ha ido perdiendo número, ha aparecido gente mucho más preparada, un perfil mucho más técnico...Julián Ariza

En su opinión, la calle se fue vaciando a medida que se iba diluyendo la propia identidad de clase. "Para entenderlo: hace 40 años había referencias comunes a la clase obrera, como era el propio proceso productivo en las cadenas de las grandes fábricas, que facilitaban ese sentimiento de pertenencia", dice. "El obrero de mono ha ido perdiendo número, ha aparecido gente mucho más preparada, un perfil mucho más técnico...". También observa entre la multiplicidad de factores que han llevado a la pérdida de participación ciudadana, "cambios en la propia composición del colectivo de trabajadores de clase, el fin de los partidos obreros, los pasos recientes de los partidos de izquierdas, un mejor nivel de vida y por lo tanto mayores posibilidades de utilizar este día festivo en otro tipo de actividades" y, junto a eso, dice, "posiblemente se introduzcan componentes como la pérdida de ilusión sobre las propuestas de las organizaciones sindicales, no hablo ya de la de las políticas...".

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Pero dice Ignacio Fernández Toxo en su contra que "hoy la llamada globalización y su primera gran crisis de modelo han generado también una serie de problemas comunes a las trabajadoras y trabajadores del mundo; problemas que exigen respuestas igualmente comunes y articuladas local y globalmente".

Además de la renovación generacional que ya han emprendido los sindicatos -Unai Sordo sustituirá a Toxo al frente de CC OO en junio próximo- falta, a juicio de Nicolás Sartorius, innovar. "Personalmente, creo que las manifestaciones son aburridas... Siempre lo mismo: la gente sale de un sitio llega a otro, se sueltan un par de discursos y ya", describe. "Podría ser interesante introducir elementos que a la gente joven le gustan más", dice. "Darle un poco de marcha a la reivindicación", concreta, "con actividades musicales y de otro tipo, como han hecho los países de nuestro entorno".

Nos propusimos que el movimiento obrero no viviría de la nostalgia.Antonio Gutiérrez

El tono solemne y menos festivo de las manifestaciones del Primero de Mayo en España es una decisión consciente. Cuenta Antonio Gutiérrez, exsecretario de CC OO, que el "haber conservado ese tono exclusivamente más reivindicativo ha permitido que la jornada se haya mantenido más vigente en este que en otros países, donde ha ido derivando en una especie de fiesta lúdica". En España, declara, "nos propusimos que el movimiento obrero no viviría de la nostalgia", dice, sin embargo, con añoranza. "Lamentablemente, hay tantas fechas virtuosa que los acontecimientos de Chicago hubiera sido uno más y ya, la nostalgia no hubiera servido", refuerza.

LOS OTROS MOVIMIENTOS SOCIALES

Con todo, Gutiérrez entiende que la caída de la participación tiene menos que ver con la situación económica y más con la social. "Y va vinculada al hecho de que el movimiento sindical se ha ido difuminando o directamente siendo asumida por otro tipo de instancias o movimientos", relaciona.

CC OO nunca se ha limitado a los intereses corporativos de los trabajadores, explica Antonio Gutiérrez. "La defensa del trabajador fuera del puesto de trabajo, la educación, la sanidad, asuntos tanto o más relevantes que el salario nominal", explica el sucesor de Marcelino Camacho. Dice Gutiérrez que así se lo ha trasladado a los compañeros del sindicato: "Es de agradecer que haya organizaciones sociales que asuman estas reivindicaciones pero quizá el sindicato debería ser más incisivo en estos mismos problemas".

Nicolás Sartorius estará este Primero de Mayo en la manifestación de Madrid, de paisano, entre el público. No suele perderse una. Por primera vez en sus 66 años de vida, Antonio Gutiérrez no participará en las marchas del Día del Trabajador, un urgente problema de salud familiar le mantendrá ocupado en atender a otros. Julián Ariza dice que, pese a su estado de salud, quiere al menos hacer acto de presencia. Aunque a sus 82 años no puede caminar, promete que estará al menos en una de la aceras madrileñas para ver pasar la comitiva trabajadora.

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