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Comienza en Sevilla el juicio por una violación mortal en un parque

La Fiscalía pide por primera vez la prisión permanente revisable por un caso de abuso sexual, en base a la atroz narración de la Policía.

08/05/2017 21:26 CEST | Actualizado 08/05/2017 21:26 CEST
EFE
Francisco Morillo Suárez, sentado hoy entre dos policías, esta mañana en el inicio del juicio en su contra por la violación mortal de una joven de 31 años.
La Audiencia de Sevilla ha comenzado a celebrar hoy el juicio por una violación mortal en el parque de María Luisa de la capital andaluza, ocurrida en febrero de 2016, cuando una joven de 31 años fue atacada sexualmente y asesinada mientras se hallaba bajo los efectos de barbitúricos.

El juicio, que está fijado para tres días en la Sección Primera de la Audiencia de Sevilla, ha dado comienzo con la declaración del acusado, Francisco Morillo Suárez, de 46 años, para el que la Fiscalía de Sevilla pide, por primera vez, la pena de prisión permanente revisable por el delito de asesinato y 15 años de cárcel por un delito de agresión sexual. Además de la pena de cárcel, se reclama una indemnización de 100.000 euros para los padres de la joven y de 25.000 para la hermana.

Fiscalía y acusación particular sostienen que el acusado se aprovechó de la víctima porque ésta estaba aletargada tras la ingestión de barbitúricos, "con la supuesta intención de suicidarse", lo que no era la primera vez que sucedía porque en otras ocasiones había hecho lo mismo como "llamada de atención" hacia su entorno más cercano.

UNA ATROZ AGRESIÓN

El jefe de homicidios del Cuerpo Nacional de Policía de Sevilla ha declarado hoy en el juicio y ha asegurado que el acusado le provocó a la víctima unas lesiones "brutales" que no habían visto nunca los policías y forenses encargados del caso. El acusado, tras la brutal agresión, dejó a la mujer "desangrándose" en un banco del parque de María Luisa y le provocó "desgarros tan dolorosos que se hubiera defendido con uñas y dientes" si hubiera podido, ha precisado el jefe policial.

Sin embargo, la mujer, de 31 años y 42 kilos, no pidió auxilio porque estaba aletargada por las pastillas que había ingerido, que no eran suficientes para provocar el suicidio que había anunciado por teléfono a amigos, ha explicado el policía en el juicio que se sigue en la Audiencia de Sevilla.

La mujer murió desangrada el 24 de febrero de 2016 tras los "desgarros brutales por profundidad y tamaño" que le fueron provocados con un objeto romo; el acusado era un "merodeador" habitual del espacio verde donde ocurrieron los hechos, donde a veces mantenía relaciones homosexuales, relatan los agentes.

Francisco Morillo Suárez, que ha defendido que las relaciones fueron consentidas, había sido denunciado por su propia esposa en siete ocasiones por malos tratos y en una de ellas la mujer dijo que había sido drogada, tras la cual abusó de ella y le hizo fotografías eróticas mientras estaba dormida, una parafilia que el policía ha calificado como "somnofilia".

Esa misma práctica la habría realizado con la víctima del parque aprovechando que estaba medio dormida por los medicamentos que tomó, según el jefe policial, quien ha dicho que encontraron numerosos objetos con el perfil genético del acusado en el entorno del crimen y en su bicicleta. Así, ha precisado que había restos del ADN del acusado en pañuelos de papel que estaban "empapados" de sangre, en las bragas de la mujer, que se encontraron a unos 40 metros de donde apareció el cadáver, y tras el lavado vaginal que le hicieron al cadáver. Asimismo, había sangre de la mujer en el manillar y en la zona del bidón de su bicicleta, con la que habría ido desde su casa al parque.

La víctima sabía que con las pastillas que tomó no moriría porque su última búsqueda en internet fue para conocer el límite letal de grageas que debía ingerir y, a pesar de ello, tomó la mitad, ha afirmado el jefe policial.

¿CONSENTIDAS?

El acusado ha afirmado que cuando paseaba por el parque se encontró con la víctima, a quien no conocía, y mantuvieron relaciones sexuales consentidas; en su declaración, ha asegurado que tomó más de media botella de ron con su pareja, con la que vivía desde hace 17 años, y consumió cocaína antes de ir al parque.

Francisco Morillo Suárez pudo ser identificado gracias a que una limpiadora guardó minuciosamente varios pañuelos con sangre que recogió en la glorieta Juanita Reina, en la que murió desangrada la mujer.

Como la víctima no reaccionaba al dolor y mostraba una resistencia mínima, el acusado decidió ir más allá para "colmar sus más depravados instintos sexuales", y usó un objeto sin importarle las consecuencias de "tan brutal práctica sexual", destaca la Fiscalía.

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