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El Museo Arqueológico Nacional abraza la realidad virtual para que vivas la Prehistoria

El museo, de acuerdo con Samsung, busca mejorar la visita con una apuesta tecnológica. Su director y la creadora de la experiencia cuentan sus detalles.

12/06/2017 15:17 CEST | Actualizado 15/06/2017 07:48 CEST
MAN

El Bifaz del Manzanares, la Dama de Elche, el Monumento de Pozo Moro, la Estatua de Livia, el Bote de Zamora... son algunas de las piezas imprescindibles del Museo Arqueológico Nacional de Madrid (MAN). Pero, ¿son suficientes? ¿Sirven realmente para conocer la Historia o aparecen como enigmas indescifrables para aquellos visitantes que no tienen la información suficiente para interpretarlas? Lo más probable es lo segundo, y por eso el museo, especialmente desde su remodelación, ha apostado por la tecnología para que el visitante viaje por sus salas con los sentidos despiertos y no mecido por el aburrimiento.

Un buen catálogo de audiovisuales muestra cómo era la vida en la prehistoria, cómo enterraban a los muertos en el Antiguo Egipto, cómo vivían los habitantes de la Hispania romana, qué forma tenían las ciudades, las casas y los objetos de uso cotidiano de los habitantes de la Península Ibérica durante el Medievo... Pero faltaba un paso por dar: insertar al visitante en esos lugares y esos tiempos, ponerle en medio de una época y darle la capacidad de explorar. El Arqueológico ha dado ese paso recientemente. Éste es el resultado:

PASEAR POR LA HISTORIA

El proyecto se llama Vivir en... e incluye los cinco escenarios de la Historia de España (Prehistoria, Protohistoria, Hispania Romana, Edad Media y Edad Moderna) que forman parte de la exposición permanente. El visitante puede pasear y recorrer las cuevas del Paleolítico, las calles de un poblado celtíbero, el foro de una ciudad hispanorromana, un mercado de época califal o una vivienda del Siglo de Oro. Sólo le hacen falta el dispositivo y las gafas de realidad virtual de Samsung. El MAN ha llegado a un acuerdo que también incluye la distribución de tablets-guía, la instalación de un video-wall y el desarrollo de una visita virtual al Museo, todavía en desarrollo.

La experiencia de realidad virtual es fruto del trabajo intenso de dos equipos de mundos muy diferentes: los conservadores del Museo y el equipo de animadores y diseñadores comandado por Magoga Piñas, una especialista de fama mundial y amplia experiencia en la creación y recreación digital. Durante nueve meses, los dos equipos han trabajado codo con codo para darle forma a estos pequeños universos cuidados al detalle. Andrés Carretero, el director del Museo, asegura que "todo está cargado de información histórica. No nos hemos inventado una ciudad romana, sino que hemos reconstruido una en la que hay elementos de muchas ciudades romanas reales. Es un dibujo animado, pero todo parte de datos históricos auténticos".

Piñas, que habla con auténtico entusiasmo de este trabajo en equipo, explica la manera en que han conciliado el respeto a los datos históricos y la potencia de la experiencia: "Hay recreaciones históricas maravillosas, pero este no era el caso. Queríamos que la gente se sintiese dentro de nuestro mundo, y por eso necesitábamos libertad para diseñarlo un poco a medida. Había cosas que se podían incluir y cosas que no, ha habido que buscar soluciones en cuanto a perspectivas y sensaciones, pero lo importante es que la gente sepa en primera persona cómo se vivía".

Siempre pensamos en la experiencia de los niños, pero a mí me gusta la de los mayores. Se ponen las gafas y realmente creen que es magia. Es precioso.Magoga Piñas.

LA MAGIA Y LA DIDÁCTICA

La creativa, que trabajó con Alejandro Amenábar en Ágora, con Juan Antonio Bayona en Lo imposible y que ha participado en la serie Juego de Tronos, se enfrentaba a su primera experiencia en realidad virtual: "Por ignorancia, minusvaloré la dificultad. Pero ha sido una experiencia muy enriquecedora".

También lo será para los visitantes y para el Museo. "La sensación de inmersión que se produce con estos cinco breves episodios históricos", explica Andrés Carretero, "ayuda a entender mucho mejor cómo se vivía en el Paleolítico o cómo era una ciudad romana, que muchas vitrinas y por muchas piezas que pongas. Nos da unas enormes posibilidades de ampliar el discurso y mejorarlo". Es la evolución natural de todos los elementos, desde maquetas a recreaciones, que los museos han ido incluyendo en sus instalaciones para evitar convertirse en fríos y poco atractivos contenedores de piezas.

Por eso, Vivir en... se ha concebido como una experiencia para todas las edades (por encima de 13 años, por motivos legales). Piñas lo explica: "En principio todo el mundo piensa en los niños y en los jóvenes, pero a mí me gusta mucho más la experiencia que tienen las personas mayores. Siempre lo cuento: cuando le puse las gafas a mi abuela, que tiene 102 años y está en una residencia, fue alucinante para ella. Y es muy bonito, porque realmente creen que es magia".

La gráfica de visitantes se desploma desde el Bachillerato hasta los 28 años. Tenemos que recuperar a esos jóvenes y creemos que estas iniciativas pueden ayudarnos.Andrés Carretero

Para los adolescentes y los jóvenes, es algo mucho más natural. Pero es a ellos a los que el Museo tiene que apelar, porque son los que no acuden. Carretero, el director del MAN, reconoce que "los niños vienen con el colegio, incluso en Primaria y Bachillerato, pero después, pum, la gráfica se hunde y no se recupera hasta los 27 o 28 años. Perdemos a los adolescentes y a los veinteañeros y creemos que este tipo de iniciativas pueden ayudarnos a recuperarlos".

La búsqueda de visitantes no es una batalla exclusiva del MAN y la tecnología puede ser un elemento clave. Carretero explica que no hay que temerla porque vaya a eclipsar las piezas, sino por su capacidad para mostrárselas, en contexto, a personas de todo el mundo: "También se pensó al principio que la televisión mataría al cine. ¿Las visitas virtuales van a matar las gráficas de visitantes? Yo creo que es al revés. Cuando una persona ve las piezas en la web o en YouTube, se interesa y tiene más ganas de venir. Y si no puede venir nunca, habremos cumplido nuestra tarea permitiendo que las vea y se fascine con ellas una persona de Japón o de Perú".

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