INTERNACIONAL

“Me paso las noches en vela pensando en el futuro que nos espera a mis hijos y a mí”

El testimonio que te hará reflexionar sobre la crisis en Uganda.

04/07/2017 16:17 CEST | Actualizado 04/07/2017 16:21 CEST
MSF

La historia de Nola Aniba Tito, de 27 años, es una de esas que remueven el alma. En sus palabras, a las que a continuación se deja paso, narradas en primera persona, se descubren los dolores y miedos que ha tenido que superar (y que sigue intentado superar) para llegar a ser la que es a día de hoy. Cuenta con orgullo que trabaja desde el mes de marzo como traductora en el centro de salud gestionado por Médicos Sin Fronteras (MSF) en el campo de refugiados de Rhino, Uganda. Pero hasta que llegó aquí tuvo que luchar mucho. Muchísimo.

Nacida en una ciudad de la región de Ecuatoria, Nola se vio obligada a huir de la violencia en Sudán del Sur en julio de 2016, llevándose con ella a sus hijos. Por desgracia no está sola: el 86% de los sursudaneses que han buscado refugio en Uganda son mujeres y niños. Y Nora es una de las muchas mujeres en el campo que tiene que hacerse cargo de toda su familia sin poder contar con la ayuda de nadie más.

Esta es su historia, que reproduce El HuffPost gracias a Médicos Sin Fronteras.

Vivía sola con mis dos hijos mientras esperaba la llegada de un nuevo bebé. Mi marido por aquel entonces estaba en Juba. En mi barrio todo el mundo estaba huyendo de sus casas, ya que los secuestros de niños, las violaciones, los saqueos, los matrimonios forzados y los asesinatos entre miembros de las distintas tribus ocurrían casi todos los días.

Las escuelas estaban siendo atacadas con mucha frecuencia y los niños eran asesinados con la indiferencia de quien sacrifica un pollo. Cada vez que llegaban los miembros de la otra tribu, mataban a todos aquellos que no fueran parte de su clan. Además, no había acceso a atención sanitaria, situación que se agravó especialmente después de que la mayoría de las ONG internacionales tuvieran que abandonar el país.

Un día, un hombre llamó a la puerta de nuestra casa y amenazó con echarla abajo

Un día, un hombre llamó a la puerta de nuestra casa y amenazó con echarla abajo. Estaba muy asustada así que no abrí la puerta, sino que fui hacia la ventana, la entreabrí cuidadosamente, y vi a varios hombres sosteniendo unas pistolas.

Lloré y grite tan fuerte que los vecinos me oyeron y vinieron en mi ayuda, logrando de esta manera que aquellos hombres se fueran y me dejaran en paz. Fue en ese momento cuando decidí dejar mi casa inmediatamente, sin mis pertenencias, llevando solo conmigo a mis hijos y a mis tres sobrinos, ya que mi hermano no tenía permitido cruzar a Uganda y yo no iba a dejar a sus niños expuestos al peligro de quedarse en mi ciudad. Incluso en la ruta hacia Uganda, muchos tienen miedo a la muerte y la violencia, entre ellos mi hermano. Por eso sigue en Sudán del Sur y no está aquí con sus hijos.

Yo tuve suerte y conseguí llegar sana y salva a Uganda, pero una vez en el campo nos encontramos con que no había ni agua, ni comida, ni servicios médicos. A veces hemos estado sin agua durante más de una semana. ¿Cómo pretenden que sobrevivamos sin agua para beber, asearnos o cocinar? Para dar a luz a mi bebé, que ahora mismo tiene siete meses, tuve que recorrer una larga distancia, ya que el hospital está fuera del campo de refugiados. Empecé a sentir las contracciones y fuimos hacia allí corriendo sin coger nada; sin comida y sin dinero para pagar el transporte al hospital.

¿Cómo pretenden que sobrevivamos sin agua para beber, asearnos o cocinar?

Afortunadamente, poco tiempo después MSF comenzó a ofrecer servicios médicos dentro del campo, lo cual ha supuesto un alivio muy grande para la gente.

MSF también nos ha ayudado en el ámbito laboral, ofreciendo oportunidades de trabajo a muchas de las personas refugiadas. Desde que me contrataran como traductora para ayudar a los médicos mi vida ha cambiado. He utilizado mis ahorros para construir una casa y para comprar ropa y verduras para los niños. Otra de las cosas positivas es que, mientras estoy trabajando, no tengo tiempo para pensar en los problemas que me rodean. Sin embargo, por las noches no puedo parar de pensar qué nos deparará el futuro a mis hijos y a mí. También tengo miedo de que pueda pasarme algo mientras duermo. En el campo de refugiados nos estamos al 100% a salvo; aquí también hay casos de violencia, de abusos y violaciones. Ser una mujer y estar a cargo tú sola de tu familia no es seguro, así que no consigo quedarme dormida hasta las 2:00 o 3:00 de la mañana.

Tengo miedo de que pueda pasarme algo mientras duermo

Como no hay trabajo ni nada que hacer, la gente intenta evadirse con alcohol o fumando, y a veces reaccionan violentamente. En el fondo, estas son las consecuencias de no tener suficiente agua y comida y de las duras condiciones de vida que nos rodean. Conozco a una niña de 15 años que tras ser violada en el campo de refugiados contrajo el VIH/SIDA y la Hepatitis B. Muchos tratan de suicidarse y matar a su familia, pensando que es mejor morir que vivir en esta situación tan inhumana. Otros deciden volver a Sudán del Sur. ¿Y yo? Lo cierto es que no sé qué voy a hacer. Estoy muy preocupada por el futuro de mis hijos y en que puedan ir a una escuela. Si no estudian, ¿qué harán cuando sean mayores? Si MSF deja esta zona y pierdo mi trabajo, ¿cómo va a sobrevivir mi familia?

MSF
Mapa ilustrativo con el mapa de Uganda

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