INTERNACIONAL

Las mujeres enseñan los dientes al Estado Islámico en el asalto a Raqqa

Kurdas, árabes y asirias participan en primera línea y en la retaguardia para echar a los yihadistas de su feudo sirio.

20/07/2017 10:39 CEST | Actualizado 20/07/2017 10:39 CEST
Goran Tomasevic / REUTERS
Sheen Ibrahim, una miliciana kurda, retratada en Raqqa el pasado 16 de junio.

Kurdas, árabes y asirias participan de distintas maneras en la ofensiva contra el grupo terrorista Estado Islámico (EI, ISIS, Daesh) en la ciudad de Raqqa y otras partes de Siria, donde quieren transmitir un mensaje de igualdad y reivindicar sus derechos.

Yihan al Sheij Ahmed está acostumbrada a moverse entre varones como dirigente y portavoz de la campaña militar de las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), la alianza armada encabezada por facciones kurdas que lleva a cabo el asalto a Raqqa.

Ella es una de las caras visibles de la lucha contra los yihadistas y, al mismo tiempo, es ferviente defensora de los derechos de la mujer.

Actualmente tiene en sus manos un proyecto, hecho ya realidad, de crear una facción de milicianas árabes, la Brigada de la Mártir Amara, dependiente las Unidades de Protección de la Mujer (YPJ, en sus siglas en kurdo), la famosa rama femenina de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), principal facción kurda de Siria.

"Son 30 combatientes árabes de Raqqa y Deir al Zur, que se van a enfrentar al Daesh (acrónimo en árabe de Estado Islámico) y extender la lucha militar e ideológica", detalla Ahmed.

Esa fuerza, integrada sobre todo por mujeres solteras, aunque también hay alguna casada, se está organizando y fortaleciendo para adquirir un papel efectivo en el ataque a Raqqa y la vecina provincia de Deir al Zur.

Originaria de la urbe de Raqqa, Ahmed es una veterana en la batalla contra el EI y una de las fundadoras de las YPJ.

"Me uní a ellas en 2012, casi al principio de la revolución, porque la crisis siria tenía varios niveles y nosotras, como mujeres, debíamos defendernos y creamos brigadas femeninas", recuerda en declaraciones a Efe por teléfono.

Sin querer adentrase en detalles afirma que en esos comienzos las YPJ, que formalizaron su nacimiento en 2013, afrontaron "muchas dificultades", que les han servido para consolidarse y convertirse "en una fuerza principal de las FSD".

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Goran Tomasevic / REUTERS

MUJER "COMBATIENTE Y LIBRE"

"Representamos a la mujer combatiente y libre, y muchas de las nuestras han muerto en la lucha", subraya Ahmed, que destaca que las YPJ están en numerosas áreas desde Manbech y Kobani, en la provincia noroccidental de Alepo, pasando por Raqqa, Al Hasaka y Deir al Zur, en el noreste.

Con el paso del tiempo, lo que empezó como un grupo de kurdas, se ha ido ampliando a árabes, asirias e incluso extranjeras, como alemanas y británicas. Ahmed aspira a que este movimiento inspire a todas las mujeres del mundo.

Otra experta en la lucha contra los extremistas pese a solo tener 20 años de edad es Nisha Gawriye, portavoz las Fuerzas de Protección de la Mujer Beznahrin (FPMB), la sección femenina del Consejo Militar Siriaco Sirio, una facción cristiana que colabora con las FSD.

Por ahora, hay cinco milicianas de las FPMB en Raqqa. "Nosotras no participamos en tareas de seguridad, estamos junto a los líderes de la campaña militar para aprender cómo recaudar fondos, trazar planes castrenses, llevar a cabo incursiones o seguir las llamadas de alguien a través del GPS", enumera Gawriye.

La mayor parte de sus combatientes, que son predominantemente asirias (un grupo étnico de credo cristiano), están desplegadas en la provincia de Al Hasaka, donde llevan a cabo registros a vehículos en puestos de control, cuentan con una academia militar y son una especie de policía femenina.

Gawriye, que lleva en las FPMB desde 2015, no duda en asegurar que los hombres las tratan como iguales en el campo de batalla.

"Las asirias deben adoptar un papel en el ámbito militar y estar codo con codo con los hombres para defender su tierra, su patria y los derechos de la mujer", reflexiona en declaraciones a Efe por internet esta miliciana, que abandonó sus estudios de derecho para adherirse a la lucha.

Este discurso es diametralmente opuesto al del EI, que usa a sus prisioneras como esclavas sexuales o relega a las esposas de sus milicianos a labores domésticas.

Si algún día Gawriye se encontrara cara a cara con una yihadista o esposa de algún miembro del Daesh, intentaría convencerla para que cambiara su manera de pensar.

"Primero hablaría con ella de forma amable para quitarle de su cabeza el pensamiento opresivo daeshita y si no reacciona y continúa defendiendo la violencia, la meteré en prisión", sentencia.

Cae Mosul

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