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Así se pisotean los derechos de la mujer en Arabia Saudí

12/08/2017 16:35 CEST | Actualizado 12/08/2017 16:35 CEST
REUTERS
Una mujer saudí, retratada en la capital, Riad, en febrero de 2012.

En las últimas semanas, Arabia Saudí ha vuelto a copar titulares en la prensa internacional que evidencian cómo se vulneran los derechos de las mujeres, ciudadanas de quinta en uno de los países más prósperos que existen. Por ejemplo: una joven fue detenida por pasear en minifalda, con "ropa indecente" por un complejo turístico, mientras que -oh, benévolos ellos- los gobernantes locales han anunciado también que las niñas van a poder hacer deporte en sus colegios públicos, algo reservado hasta ahora a los varones.

Son sólo dos botones del ostracismo al que están relegadas las saudíes, un suma y sigue que hace su vida cotidiana asfixiante y convierte al estado en uno de los más desiguales del mundo. Los avances, por calificarlos de forma generosa, son mínimos, nada que dé muestras de que estamos consumiendo el siglo XXI. Así que, ante los que enarbolan noticias como la de los coles como un logro plausible, hacemos aquí repaso de todo lo que las mujeres no pueden hacer aún en Arabia Saudí. Lo que no está en las breaking news pero sí en la carga diaria de casi 17 millones de ciudadanas.

Siempre con mahram

Una mujer de Arabia se ve que no sabe hacer las cosas por sí sola. Así que necesita un tutor, un protector, una guía. Por fuerza, las féminas están obligadas a que un varón se haga cargo de ellas y tome todas las decisiones en su nombre. Esta figura se denomina mahram. Habitualmente son los esposos los que se encargan de ello pero también es labor de padres o hermanos, incluso de hijos. Los primos ya no.

El concepto de tutela de los hombres sobre las mujeres limita gravemente los derechos de éstas en la vida pública y privada. Las mujeres no pueden viajar, abrir una cuenta en el banco, tener trabajos remunerados, recibir educación superior ni casarse sin el permiso de un tutor varón.

Ya no es sólo que tengan prohibido dar ciertos pasos laborales o educativos sin ellos: es que no pueden, literalmente, ni salir a la calle sin su guardaespaldas. Consentimiento y acompañamiento, binomio que hace falta para salir a comprar el pan en el barrio, para ir al centro comercial, al médico... La justificación que se da es que, si no, las mujeres se exponen a ser atacadas, insultadas y hasta violadas. Eso le ocurre a las malas que no cumplen.

¿Conducir? De eso nada

Las saudíes no pueden conducir. La medida fue adoptada formalmente en 1990 pero lleva en vigor desde que manda la absolutista familia real, ya que es una prohibición clara de la doctrina wahabí, la mirada fundamentalista sobre el Islam que impera en el país y que con tanto éxito Riad ha exportado a todo el mundo.

Lo que se busca, dicen de nuevo sus defensores, "es cuidar a las mujeres porque, si condujeran, tendrían que destapar sus caras y dejarían sus casas por más tiempo, por lo que correrían peligro". Ya ni hablamos de tener que discutir -o al menos interactuar- con un hombre en el hipotético caso de que se produzca un accidente de tránsito. Escasas son las voces -masculinas- que se plantean la posibilidad de buscar excepciones, como una emergencia médica. Así que las mujeres llevan años lanzando, de cuando en cuando, ofensivas en redes sociales para intentar hacer mella en las duras cabezas de sus mandatarios. Son conocidos los vídeos de mujeres conduciendo a escondidas.

En el caso de los viajes, para desplazarse fuera de la ciudad donde reside la mujer debe contar con una autorización expresa de su marido o tutor legal. En los últimos años, se ha abierto un poco la mano y en algunos lugares se permite a las mujeres que se hospeden en hoteles sin una carta de un guardián masculino.

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¿Y estudiar y trabajar? Según y cómo

Imagina que eres una mujer saudí y has logrado el permiso de tu mahram para estudiar, lo que ya es un paso importante. ¿Puedes decantarte por lo que quieras? No, hombre, no, depende de si las autoridades entienden que una carrera es o no es apropiada para una damisela.

El catálogo de formación está limitado, no se puede acceder a toda la oferta con libertad, y lo mismo que se impide a las mujeres entrar en determinadas facultades, luego se les impide desempeñar determinados puestos de trabajo. En general, se vetan los puestos de atención al público y se confina a las mujeres a lugares donde no puedan toparse con hombres.

Casi el 80% de las mujeres que terminan una carrera universitaria no logran ser empleadas a continuación, según datos denunciados por organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

Durante la educación obligatoria los colegios están separados, hombres y mujeres, y los docentes suelen pertenecer al mismo sexo que sus alumnos; sin embargo, en estudios superiores, si el profesor es un hombre y la alumna mujer, se recurre a la videoconferencia o a las plataformas digitales de apuntes. Que no haya roce ni conversación. ¿Y una tutoría al uso? Ni lo sueñes.

El voto, poco a poco

En diciembre de 2015 se dio un paso histórico, permitiendo por vez primera a las mujeres saudíes votar y ser votadas en unas elecciones. Lo hicieron en unas municipales. Siempre acompañadas por su tutor, esencial. Lo del voto "libre, secreto y directo"... No.

Está por ver cómo se articula en nuevos comicios este derecho, ya que aún la presencia de candidatas y la participación fue baja.

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AFP / Getty Images
Una mujer saudí, votando satisfecha por primera vez en su vida en la ciudad de Jeddah.

Tapaditas

Las saudíes no pueden mostrar su belleza con ropa o maquillaje, dado lo estricto del código de vestimenta del país. Las mayoría de las mujeres se ven obligadas a llevar una túnica negra -la abaya, es decir, traje negro de manga larga y hasta los pies, por más que en Google aparezcan 708.000 resultados y muchos de ellos remitan a modelos fashion- y el correspondiente velo, que deja al descubierto solo el rostro y, en muchos casos, se estrecha hasta dejar apenas los ojos a la vista.

La policía religiosa saudí está bien desplegada en espacios públicos, sobre todo en los fastuosos centros comerciales, para impedir que ninguna se salga del guión. La chica detenida por ir en minifalda, de hecho, fue denunciada por llevar "ropa indecente", "sin tener en cuenta los principios de la religión islámica y las costumbres", dijo en un comunicado el Comité para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio (CPVPV).

Y un largo etcétera

¿Qué más no pueden hacer las saudíes? Pues las casadas con extranjeros valen tan poco que no pueden transmitir siquiera su nacionalidad a sus hijos -mientras que los hombres en circunstancias similares sí pueden hacerlo, sin problemas-. Tampoco pueden darse un baño, más allá de las playas exclusivas para mujeres. En los hoteles de lujo, las piscinas y gimnasios son únicamente para los varones. No pueden practicar deportes a la vista de todos ni hay gimnasios para ellas.

En el caso concreto del deporte, Arabia Saudí formalmente aprobó la materia para las estudiantes de escuelas privadas hace apenas cuatro años y antes sólo se podía practicar en clubes privados, ni siquiera en gimnasios, cerrados a las mujeres. Desde este mes de septiembre, paulatinamente, se instaurará la educación física en escuelas públicas. Además, la primera vez que las saudíes participaron en el equipo olímpico de su país fue durante los Juegos Olímpicos de Londres (Reino Unido) en 2012. En los Juegos más recientes, los de Río de Janeiro (Brasil), fueron cuatro las mujeres que formaron parte del equipo nacional, todo un hito.

Más: las ciudadanas saudíes no pueden probarse ropa en las tiendas -la idea suena a escándalo-, tienen prohibida la entrada a los cementerios, sus revistas cuentan con una censura previa mayor que la del resto del mercado y en el país no entran elementos de ocio o disfrute como una sencilla muñeca Barbie, porque también se la considera provocadora. Las revistas, también las femeninas, están revisadas por la censura.

En muchos restaurantes hay filas diferenciadas, porque está prohibido que los sexos se mezclen, y más entre solteros. Los edificios públicos tienen igualmente separadas las entradas, pues las mujeres deben limitar al máximo su conversación con un varón que no sea allegado suyo. Algunos centros comerciales sólo permiten entrar a familias y no a personas solteras.

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