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El periodista turco-sueco Hamza Yalçin sale de la cárcel tras 56 días preso

En mitad de una razia intensa de Ankara contra la prensa, se le piden 22 años y medio de prisión por supuesta pertenencia a un grupo terrorista y por “insultar” a Erdogan.

28/09/2017 21:34 CEST | Actualizado 28/09/2017 21:40 CEST
OZAN KOSE / AFP
Manifestantes a favor de la puerta en libertad del periodista Hamza Yalçin, el pasado agosto en Estambul.

El periodista turco-sueco Hamza Yalçin ha salido esta tarde, pasadas las siete y media, de la cárcel de Brians (Barcelona), donde estaba preso desde el 3 de agosto tras ser retenido en el aeropuerto de El Prat debido a una orden emitida por Turquía a través de Interpol.

Yalçin estaba "muy feliz" por su puesta provisional en libertad y se disponía a viajar a Madrid, donde mañana por la mañana dará una rueda de prensa, ha informado a EFE su amigo Kurdo Baksi, que ha agradecido a todos los españoles su preocupación por el periodista.

El juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, según ha informado la Fundación Internacional Baltasar Garzón (FIBGAR), que representa a Yalçin a través del despacho de abogados Ilocad que lo ha representado sin costes, ha acordado que el periodista comparezca de forma semanal en el juzgado más próximo a su domicilio, le ha retirado el pasaporte y le ha obligado a proporcionar un número de teléfono para estar localizado.

Moreno le había denegado la libertad provisional el pasado 26 de agosto por riesgo de fuga, pero ahora, a propuesta de la Fiscalía, ha valorado que el escritor tenga un domicilio en España.

Según el auto del juez, ha quedado acreditado que Hamza Yalçin cuenta con un domicilio en la ciudad de Barcelona facilitado por la entidad PEN Català en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona, que garantizará su alojamiento en España.

PERSECUCIÓN

Asociaciones como Reporteros Sin Fronteras (RSF) habían exigido reiteradamente su puesta en libertad y, sobre todo, que no fuese extraditado a Turquía, donde la persecución que sufre la prensa por parte del presidente Recep Tayyip Erdogan hace temer un trato poco garantista.

De ser extraditado a Turquía, Yalçin se podría enfrentar a una sentencia que puede alcanzar los 22 años y medio de prisión por cargos que le acusan de pertenecer al grupo terrorista THKP-C y de "insultar" al presidente turco en su revista, Odak.

Tras participar en movimientos revolucionarios en Turquía en la década de los 70, por los que pasó seis meses en prisión antes de escapar, en 1979, Yalçin pidió asilo político en Suecia, país que le otorgó su ciudadanía en 2005. Desde que fuera detenido en España este verano RSF ha manifestado su oposición a que sea extraditado a Turquía, "donde los periodistas no tienen derecho a un juicio justo".

"Con más de 100 periodistas detenidos en la actualidad, la mayoría por cargos de terrorismo, Turquía se ha convertido en la mayor cárcel del mundo para el personal de los medios de comunicación", recuerda la ONG. La mayoría de los detenidos siguen esperando juicio y muchos de ellos languidecen en las prisiones turcas desde hace casi un año, mientras ven constantemente denegados sus solicitudes de libertad provisional, añade.

TURQUÍA Y LOS MEDIOS

Según la clasificación mundial de depredadores de prensa de RSF, Turquía ocupa el puesto 155 sobre 180 países, es decir, está en el grupo rojo, de peligro; la situación es de caída libre, bajando cuatro puestos respecto al año pasado.

La caza a los medios de comunicación críticos emprendida por el gobierno de Recep Tayyip Erdogan culminó con el fallido golpe de Estado del 15 de julio de 2016. En nombre de la lucha contra el "terrorismo", el país se hunde en una espiral represiva sin precedentes.

El estado de emergencia permitió a las autoridades cerrar de un plumazo decenas de medios de comunicación, reduciendo el pluralismo a un puñado de publicaciones de bajo tiraje. Decenas de periodistas han sido encarcelados sin que se realice un juicio, lo que hace de Turquía la mayor prisión del mundo para los profesionales de los medios de comunicación.

Los periodistas que siguen en libertad corren el riesgo de sufrir las medidas arbitrarias del régimen: enfrentar procesos sucesivos, que les quiten su acreditación de prensa, les anulen su pasaporte, les confisquen sus bienes, etc. La censura en Internet y en las redes sociales, alcanza niveles inéditos.