INTERNACIONAL
19/12/2017 11:15 CET | Actualizado 19/12/2017 11:20 CET

El tiempo se acaba para los pueblos sitiados de Siria

Los asedios son "testimonios de la impotencia de la comunidad internacional para evitar o buscar responsabilidad por los crímenes contra la humanidad".

Tark Almasry/Anadolu Agency via Getty Images
Varios sirios corren entre los escombros de los ataques aéreos en la región de Guta Oriental el 3 de diciembre de 2017.

Casi 745.000 hombres, mujeres y niños de Siria se encuentran atrapados en 33 comunidades sitiadas de un país asolado por la guerra, viviendo en condiciones lamentables a merced del régimen autoritario del presidente Bashar al-Asad y sus oponentes armados.

El último informe de Siege Watch, publicado el pasado martes 12 de diciembre por The Syria Institute y PAX, revela que una población similar a la de la ciudad de Valencia está atrapada, mientras que más de un millón de sirios más viven en zonas de vigilancia, bajo la amenaza de más abusos y un estado de sitio más severo.

Mientras el Gobierno de Siria y sus aliados intensifican sus bloqueos, han seguido llevando a cabo una estrategia de "rendirse o morir", que "equivale a una campaña de castigo colectivo generalizado", de acuerdo con el informe trimestral. Muchas de las atrocidades son crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, recalca Siege Watch.

La guerra de asedio se encuentra entre las tácticas más crueles del manual de Asad: restringe el acceso de los civiles a alimentos de primera necesidad, agua y suministros médicos y deja a los residentes especialmente vulnerables ante los ataques dirigidos. Es una estrategia que utiliza el líder sirio para dominar y desafiar a quienes se oponen a su régimen.

En el enclave rebelde de Guta Oriental, los sirios, desesperados, comen basura para sobrevivir. Las 424.000 personas del barrio dilapidado de Damasco llevan bajo un asedio total desde 2013, poco después de que un ataque con gas sarín por parte de las fuerzas de Asad acabara con la vida de al menos 1.429 personas en la región.

Hay un sentimiento de indignación hacia la comunidad internacional, que es incapaz de salvar a medio millón de personas que mueren de hambre con los bombardeos de Asad.

El informe de Siege Watch registró dos nuevos ataques presuntamente químicos; uno ejecutado por las fuerzas progubernamentales contra los combatientes de la oposición en Guta Oriental y otro por parte del autodenominado Estado Islámico contra la oposición fuera de Damasco.

Bassam Khabieh / Reuters
Un hombre y un niño observan los restos de los edificios destrozados por un ataque aéreo en la ciudad de Duma, en manos de los rebeldes, el 2 de noviembre de 2017.

"Hay un sentimiento de indignación hacia la comunidad internacional, que es incapaz de salvar a medio millón de personas que mueren de hambre con los bombardeos de las milicias de Asad", cuenta a Siege Watch una fuente en Siria, que prefirió no desvelar su identidad por miedo a represalias del régimen.

Pese a los numerosos acuerdos de alto al fuego y a las resoluciones de Naciones Unidas que exigen que se permita el acceso a la ayuda humanitaria, las fuerzas leales a Asad han seguido atacando por aire zonas civiles residenciales, incluidos hospitales y escuelas. La deficiente respuesta de la comunidad internacional no ha hecho más que incentivar el régimen de Asad, según asevera el informe.

"Uno de los aspectos más asombrosos de los asedios es la incapacidad de los actores internacionales para acabar con ellos", señala. "Los asedios a largo plazo, como el de Guta Oriental, el norte de Homs y los barrios del sur de Damasco, son testamentos de la impotencia de la comunidad internacional para prevenir, disuadir o buscar responsabilidad por los crímenes contra la humanidad".

Los actores de la comunidad internacional deben adoptar medidas concretas para acabar con el asedio si quieren evitar la inminente catástrofe.

Cuando las Fuerzas Democráticas Sirias —apoyadas por EE UU— rodearon la ciudad de Raqqa en un enfrentamiento mortal para recuperársela a ISIS, los combatientes atrapados "utilizaron a miles de civiles como escudos humanos" cuando la batalla se recrudeció, apunta el informe. Cuando Raqqa se liberó en octubre, la que fue ciudad fuerte de ISIS estaba "en ruinas y casi completamente despoblada".

Los autores de Siege Watch temen que la población de Guta Oriental haga frente ahora a un destino similar al de los habitantes de Alepo. Miles de personas murieron en la asolada ciudad cuando las fuerzas sirias y aliadas la demolieron con ataques aéreos y bombas de barril, convirtiendo la animada metrópolis en una ciudad fantasma de escombros y cadáveres.

"La actual trayectoria de los hechos llevará a crisis humanitarias más profundas en la zona, teniendo en cuenta que cientos de miles de personas se enfrentan a sufrimiento, pérdidas y desplazamientos forzados en manos del Gobierno sirio, de grupos armados de la oposición y de ISIS", advierte Siege Watch. "Los actores de la comunidad internacional deben adoptar medidas concretas para acabar con el asedio si quieren evitar la inminente catástrofe".

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' EEUU y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

El horror del hambre en Siria