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Trump y las mujeres

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Trump junto a su mujer Melania después de finalizar el segundo debate/ EFE

Ya es una batalla entre Trump y el mundo, no solamente Hillary Clinton, también Bill Clinton, muchos líderes republicanos, su propio candidato para vicepresidente, Mike Pence, los moderadores del último debate y las mujeres.

Ya sabes, querido lector, del fin de semana tan turbulento en la campaña presidencial en los Estados Unidos, y seguramente has leído, por lo menos, algunos titulares sobre el el vídeo de Donald Trump de 2005, el segundo debate entre Clinton y Trump y la rueda de prensa por sorpresa que tuvo lugar justo antes. Se pueden ver los tres vídeos, que están bien distribuidos por el internet.

Por tanto, no voy a resumir lo que pasó, sino que voy a intentar explicar cómo me he sentido como mujer estadounidense este fin de semana.

Escuchar y ver este vídeo ya famosísimo de Trump hablando de las mujeres en términos vulgares y detestables me dio la sensación de escuchar una conversación que sospechamos que no es tan extraña entre los hombres, pero sobre la cual, como no tenemos evidencia, no podemos lanzar acusaciones. Y si lo hacemos, estamos imaginando algo. O exagerando.

Su primera disculpa pública en la campaña tras ofender a multitudes no fue una disculpa, dejando muy claro a las mujeres que su machismo no importa. Dijo que "eso no es nada más que una distracción de los temas importantes a los que nos estamos enfrentando hoy." Y antes de terminar este vídeo, se puso a criticar y a insultar a Hillary y Bill Clinton, dejando clara la amenaza de sacar el tema de las indiscreciones de Bill Clinton en los próximos días.

Y cumplió con su promesa con una rueda de prensa el minuto antes del debate con tres mujeres que han acusado Bill Clinton de acoso sexual y otra que fue violada, y a cuyo violador Hillary Clinton tuvo que defender por ser asignada como su abogada de oficio. De nuevo, Trump intentó rebajar el impacto de sus comentarios grotescos con un argumento muy cansino típico de los hombres machistas: yo no soy el único. Y peor, atacó a Bill Clinton como si Hillary fuera responsable de sus acciones (por cierto, deplorables).

Por tanto, no fue sorprendente que, en el debate, Trump primero dijera que no había dicho lo que estaba grabado y después se escudara en que eran comentarios a puerta cerrada, la típica charla entre hombres en el vestuario.

En sociedades como Estados Unidos y España, el machismo es cada vez más sutil o encubierto y, por tanto, más difícil de denunciar.

"No creo que usted entienda lo que se dijo. Esto fue a puerta cerrada. No estoy orgulloso de ello. Me disculpé con mi familia. Me disculpé con el pueblo estadounidense. Ciertamente no estoy orgulloso de ello, pero esto fue a puerta cerrada. Usted sabe que cuando tenemos un mundo en el que hay un Estado Islámico cortando cabezas... Podemos centrarnos en cosas mucho más importantes y cosas mucho más relevantes."

Fue como si no importara todo lo que se dice entre hombres con la intención de impresionar en sus lugares de hombres: los vestuarios, bares, jugando deportes, etc. Que se dicen barbaridades que sirven para menospreciarnos o que incitan al acoso, pues no importa, es solamente una broma. Estáis exagerando.

Todas las mujeres conocemos ese tipo de actitudes. Por eso, aparte de una condena fuerte de Hillary Clinton sobre el tema, la cosa se quedó ahí y el debate avanzó hacia otras cuestiones, aunque relacionadas con la anterior. Como sus tuits sobre la antigua Miss Universo, Alicia Machado: "Echen un vistazo al vídeo sexual". Esta vez Trump dijo que no se refería eso: "No, no fue 'echa un vistazo al vídeo sexual.' Era 'echa un vistazo a esta persona que se convirtió en esta maravillosa girl scout'". De nuevo, parece ser que no hemos entendido lo que escribió. Estamos imaginando algo que no es.

Esta negación de sus acciones es casi más insultante que las acciones, porque niega nuestra capacidad de observar y juzgar por nosotras mismas qué comportamiento es aceptable o no. Evidentemente, somos muy tontas, tanto, que dejamos a cualquier famoso que agarre nuestros coños. Y si nos parece mal, estamos imaginando cosas, exagerando.

Menos mal que hay muchos hombres buenos por ahí, y más de un amigo me ha asegurado de que sí, algunos hombres hablan de las mujeres con este nivel de desprecio. Shaun R. Harper, de The Washington Post escribió: "Muchos hombres hablan como Donald Trump en privado. Y sólo otros hombres pueden detenerlos." Pero hace falta que, en vez de reír (como hizo Billy Bush) o no hacer caso, los hombres no machistas denuncien este tipo de intercambio de palabras sucias y dañinas.

En sociedades como Estados Unidos y España, el machismo es cada vez más sutil o encubierto y, por tanto, más difícil de denunciar. Evidentemente, no es comparable a la situación de mujeres en otras partes del mundo que no tienen derechos como seres humanos, pero no significa que tengamos plena igualdad tampoco.

En un ciclo electoral en el que tenemos a una mujer candidata de uno de los grandes partidos por primera vez en la historia, es especialmente indignante que ella tenga que hacer campaña contra un machista. Hillary Clinton es una política seria y preparada, y que tenga que ensuciarse en el barro en esos debates es un insulto a todas esas mujeres tan poco representadas en nuestro sistema político. Es muy difícil saber hasta qué punto el machismo es responsable por esa falta de representación, pero sí, sabemos que lo es.

Como mujer estadounidense, he sentido repugnancia e indignación este fin de semana. Pero lo lamentable es que se trata de una sensación inquietantemente familiar. Una que todas las mujeres conocemos. Sabemos perfectamente que no estamos exagerando ni imaginando nada que no sea una realidad.