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Es el patriarcado, estúpidos

04/11/2017 09:06 CET | Actualizado 04/11/2017 09:06 CET
EFE

Las denuncias por acoso sexual, otra forma de violencia machista, se están convirtiendo en un tsunami, que aflora nuevos movimientos que están sacudiendo los cimientos de la sociedad patriarcal en la que llevamos siglos instalados. El acoso en el que viven, y han vivido, las mujeres desde que el mundo es mundo empieza a estar globalmente cuestionado. La distribución desigual del poder entre hombres y mujeres, el patriarcado, está siendo atacado desde las entrañas.

El feminismo tuvo siempre el objetivo de poner fin al patriarcado, a la dominación masculina. Ha conseguido muchas cosas en dos siglos y medio, -que se dice pronto-, el derecho al voto, lo primero y más importante, al ser condición necesaria para ser consideradas ciudadanas, aunque no fue suficiente.

El sometimiento de la mujer a los deseos masculinos debe terminar ya

La Marcha de las mujeres, al día siguiente de la toma de posesión de Donald Trump, -cuatro millones en Washington y muchas más en otros 650 lugares del país-, fue un hito relevante para dar visibilidad a los problemas de las mujeres que, con el Gobierno de Trump, acusado también de acoso, se iban a agravar. Ahora quieren dar continuidad al movimiento celebrando una Convención de mujeres que prepare las elecciones legislativas de 2018.

Sin embargo, lo que más consecuencias está teniendo son las denuncias por acoso contra el productor de Hollywood, Harvey Weinstein, que, como todo lo que tiene que ver con el acoso masculino, laboral y/o sexual, era de dominio público, pero nunca se denunció. Su repercusión mediática, por venir de un mundo tan deslumbrante como el cine, ha sido un mazazo importante a la dominación masculina. El sometimiento de la mujer a los deseos masculinos debe terminar ya. Las mujeres no tienen que demostrar su inocencia y no deben callar. Denunciar es muy difícil, hay que hacerlo en grupo, como en Hollywood, para que sea más fácil y eficaz, pero sin parar.

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El productor Harvey Weinstein con la actriz Nicole Kidman.

Con fuerza, las mujeres han "sacado del armario" el acoso sexual y laboral que han padecido. Se sabía, pero nadie se atrevía a aflorarlo. En las redes sociales, se ha puesto un hashtag que dice: #MeToo #YoTambién, que sirve como solidaridad y demuestra la generalización del problema. La mujer, sea cual sea su profesión, que no haya sufrido algún tipo de acoso masculino "que tire la primera piedra"; desde el micro, el piropo, al más grave, la violación y como remate, el asesinato machista. La causa es la misma: la subordinación femenina. Para nada quiere esto decir que todos los hombres sean malos. Es el patriarcado, estúpidos.

Las consecuencias peligrosas del patriarcado se han reflejado en todas las facetas de la vida

Ante la enorme ola de denuncias que no cesan, algunos nos dicen que vamos a acabar con el prestigio del mundo: cine, literatura, pintura, política. Y es verdad, las consecuencias peligrosas del patriarcado se han reflejado en todas las facetas de la vida.

Siempre recuerdo el impacto que me produjo la lectura del libro autobiográfico de Françoise Gilot, "Vida con Picasso". Me impresionó tanto el nivel de maltrato, de toda índole, que esta mujer padeció en su vida con el pintor, que cada vez que veo un cuadro suyo me vienen los recuerdos y me estremezco. Se la conoce como "la mujer que dejó a Picasso", porque fue la única.

Olympia Villagrán escribió un artículo titulado Las 7 mujeres de Pablo Picasso a las que les arruinó la vida. Escribe:

Ellas no fueron las únicas, ni serán las últimas, a quienes un hombre les destrozó la vida. El incomparable artista que trascendió en el mundo del arte como el máximo exponente cubista, también significo un antes y un después en la vida de siete mujeres que en algún momento desearon nunca haberlo conocido.

Para mí, el gran símbolo del sufrimiento de las mujeres. Ha habido, hay muchos más, muy importantes y admirados. No voy a dar más nombres.

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Picasso con Françoise Gilot, "la mujer que dejó a Picasso" (1950).

Lo que está ocurriendo es global. En Francia, centenares de mujeres han salido a las calles "para visibilizar un problema hasta ahora solo presente en toda su magnitud en las redes sociales". Ya hay acciones concretas, iniciadas por la Fiscalía de Paris, contra un islamólogo al que dos mujeres han acusado de violación, con mucho dolor y dificultades.

En el Reino Unido, la democracia más antigua de Europa, los episodios de acoso sexual, verbal están a la orden del día; 37 políticos conservadores, incluidos varios Ministros del actual Gabinete, están acusados de comportamientos inapropiados con las personas que trabajan a su cargo y ya ha tenido que dimitir el Ministro de Defensa.

"Lo que necesitamos es empezar a hablar sobre la crisis de la masculinidad, que representa este tipo de comportamientos" (Emma Thompson)

En el Parlamento Europeo ha habido un debate parlamentario sobre el acoso de las mujeres que allí trabajan, en el que además de mostrar la solidaridad con las víctimas, se concluyó que del patriarcado nace el acoso.

En España, la actriz feminista Leticia Dolera, en un artículo sensacional titulado El escandalo machista vestido de normalidad, relata sus terribles experiencias para abrirse camino en el mundo de la interpretación. "Nos ha pasado a todas, porque es un sistema normalizado". El caso Nevenka, en Ponferrada, fue famoso; a ella le costó irse a vivir fuera de España y él sigue tan campante en su ciudad.

Ahora en Sevilla se juzga, por una sola denuncia no prescrita, el caso del psiquiatra Javier Criado, conocido por toda la ciudad. Denunciado por abusos sexuales, por 32 mujeres, en el ejercicio de su actividad profesional, se le han declarado prescritos los delitos por el tiempo transcurrido. Las mujeres que persisten en la denuncia, y las periodistas que lo sacan a la luz (Isabel Morillo), nos relatan la pancarta que llevan: "El dolor de las víctimas no prescribe, la culpa del abusador tampoco".

Se quedará en nada, me temo, como tantas otras veces. Denunciar los hechos que sufren las mujeres por acoso es casi imposible. Emma Thompson lo ha dicho: "Esto ha sido parte de nuestro mundo, del mundo de las mujeres desde tiempos inmemoriales. Lo que necesitamos es empezar a hablar sobre la crisis de la masculinidad, que representa este tipo de comportamientos".

Este artículo se publicó originalmente en Diario de Sevilla.

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