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Partido entre España y Guinea Ecuatorial: un gol del que sentirnos realmente orgullosos

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ESTADIO MALABO
EMBASSY OF EQUATORIAL GUINEA/FLICKR

Uno de los primeros trabajos que hice para Amnistía Internacional, cuando me incorporé a la organización en 2003, fue entrevistar a Plácido Micó, uno de los pocos opositores al régimen de Teodoro Obiang en Guinea Ecuatorial que se atrevía a alzar la voz. Era el líder de Convergencia para la Democracia Social y había pasado catorce meses en el penal de Black Beach de Malabo. Fue indultado la víspera del vigésimo cuarto aniversario de la toma del poder, mediante un golpe de Estado en 1979, del presidente Teodoro Obiang Nguema. Me contó que lo primero que hacen las autoridades carcelarias es intentar despojar a las personas de su condición de seres humanos y reducirlos a meros objetos vivientes. Él estuvo mucho tiempo incomunicado, en una celda que se abría una vez al día durante unos pocos minutos para sacar sus excrementos. Pasó hambre, dormía en el suelo y estaba semidesnudo. Aquella vez le puse nombre y comprendí en primera persona qué significa la tortura. Vi sus heridas en las muñecas, me contó cómo le interrogaron varios hombres, cómo le golpearon y cómo no pudieron forzar su voluntad. Además de saber qué es la tortura aprendí qué es la dignidad. Plácido Micó vino a Madrid y visitó nuestra oficina para darnos las gracias. Sabía que habíamos actuado por él, que miles de personas habían enviado cartas a la prisión y a las autoridades ecuatoguineanas mostrando preocupación por su caso.

Años después, en 2006, coincidí, también en Madrid, con Weija Chicampo. Era coordinador general del Movimiento para la Autodeterminación de la Isla de Bioko, partido político de Guinea Ecuatorial fundado en 1993 por la etnia bubi. Fue capturado por la fuerza en su casa por un grupo de encapuchados el 4 de marzo de 2004. Los encapuchados, que eran policías, lo llevaron a la cárcel de Black Beach, donde quedó recluido e incomunicado durante meses. Nunca vio a un abogado, ni tuvo un juicio, ni se le acusó de nada. Estaba convencido de que habrían hecho creer a su familia que había desaparecido, hasta que oyó en la radio de uno de sus carceleros que en España se trabajaba por su caso. "Estaba en la cárcel y oí en Radio Exterior de España que Amnistía Internacional estaba exigiendo mi puesta en libertad". Esa noticia apareció en uno de los boletines que semanalmente y durante años grabamos para esta emisora, gracias al compromiso del periodista Pepe Saldaña y, posteriormente, de Esther Ferrero, que nos cedían unos minutos de su programa Mundo Solidario para dar este tipo de noticias. La presión internacional consiguió que Chicampo fuera liberado el 5 de junio de 2006 por una amnistía decretada por el presidente Teodoro Obiang con motivo de su 64 cumpleaños. No pudo ver a su familia, y desde la cárcel se le subió a un avión que le trajo libre a España.

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Comisaría de Malabo. Foto: copyright Amnistía Internacional.

Ahora, con motivo del partido de fútbol que la selección española jugará en Malabo el próximo sábado 16 de noviembre, he conocido el caso de Agustín Esono Nsogo. Es profesor, propietario y director de un colegio privado en Bata, la principal ciudad de la zona continental de Guinea Ecuatorial. Además, es sobrino de un cofundador del partido político de oposición Unión Popular (UP) que murió bajo custodia policial en 1993 a consecuencia de las torturas sufridas. Esono está preso desde hace más de un año, desde una triste noche de octubre de 2012 en la que agentes de policía sin orden de detención entraron en su casa. Según parece, le detuvieron porque el día anterior había realizado un cambio de divisas con un ciudadano francés residente en Bata que temía por su vida y deseaba salir cuanto antes de Guinea Ecuatorial. Inmediatamente después de ser apresado, a Agustín Esono le embarcaron en un avión con destino a Malabo y, posteriormente, le recluyeron en la prisión de Black Beach -otra vez aparece este nombre-, en donde pasó al menos una semana en régimen de incomunicación. Durante ese tiempo fue torturado en tres ocasiones, al parecer para que confesara un complot destinado a desestabilizar al país. Le golpearon con porras en ambas muñecas, en las plantas de los pies y en la cabeza, y a consecuencia de ello perdió la audición en el oído izquierdo. No se han presentado cargos contra él ni ha sido juzgado, pero continúa encarcelado y está acusado de intentar desestabilizar el país, un delito que no existe en el Código Penal de Guinea Ecuatorial.

Estos casos ilustran perfectamente qué ocurre en Guinea Ecuatorial con quien se opone al presidente del Gobierno. No son casos aislados. La tortura, los malos tratos, las restricciones a la libertad de expresión y manifestación y otras violaciones de derechos humanos son constantes. También hay periodistas extranjeros golpeados, víctimas de abusos antes de dejar el país. En el país, asimismo, sigue vigente la pena de muerte. Es preceptiva por asesinato y también se puede aplicar a opositores. Las últimas ejecuciones datan de 2010, aunque el año pasado una persona fue condenada a la pena capital.

Todo esto ocurre más allá del flamante estadio de fútbol de Malabo que recibirá a la selección española este sábado. Es una realidad oculta que gracias a este partido está saliendo a la luz y que Amnistía Internacional le ha reclamado insistentemente al Gobierno español en sus relaciones bilaterales con Obiang. Por eso, el mejor resultado que podría darse al término del encuentro es que Agustín Esono fuera liberado. Sucedió con los dos primeros casos de este post y podría ocurrir ahora. La presión internacional funciona. Éste sería el mejor gol que podríamos meterle al Gobierno de Guinea Ecuatorial. Un gol del que realmente podríamos sentirnos orgullosos, como aquel que en 2010 nos dio la Copa del Mundo.

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La Selección española en el Mundial de Sudáfrica. Foto: JAVIER SORIANO/AFP.