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Por qué Trump ha hecho bien en Siria lo que fue mucho más complicado para Obama

07/04/2017 17:28 CEST | Actualizado 08/04/2017 11:01 CEST
Carlos Barria / Reuters
El presidente estadounidense, Donald Trump, durante su comparecencia para explicar el bombardeo en Siria el 6 de abril de 2017.

Contra todo pronóstico, la primera gran decisión de Donald Trump en política exterior ha sido juiciosa. Por otra parte, es una pena que la inacción precedente de la Administración Obama le haya permitido limpiar su imagen.

Una precisión, por no caer en el maniqueísmo reinante: no atacar en 2013 fue probablemente una equivocación y, en todo caso, un error moral, pero no una decisión tomada a la ligera por el presidente Obama. La situación en 2013 en Siria era muy diferente. Las preguntas que se le planteaban a Obama eran las siguientes:

1. La posibilidad de que una réplica americana provocara la caída del régimen de Al Assad —entonces muy debilitado— implicaba grandes incógnitas (sin respuesta evidente) sobre qué vendría después de Al Assad.

2. Se temía una espiral militar en un contexto en el que Al Assad (y sus padrinos) podían tener interés en comenzar un pulso con Washington.

Barack Obama tomó una decisión a costa de socavar la credibilidad americana (ya había advertido a Siria contra el uso de armas químicas, consideradas una "línea roja", bajo pena de represalias... que nunca tuvieron lugar), a costa de consolidar a Al Assad y a sus aliados y a costa de favorecer a la oposición más radical.

La situación a la que se enfrenta Donald Trump es diferente. En realidad, Estados Unidos no se plantea ahora las incógnitas de quién tomaría el poder si Al Assad cayera (¿los moderados? ¿los duros? ¿el caos?) y de cuál serían las consecuencias.

Hoy en día, el régimen de Al Assad parece reforzado tras la caída de Alepo. Y en cualquier caso, el objetivo de Trump no es lograr que caiga. Por tanto, la intervención resulta más cómoda para él que para Obama. Lo cual no quiere decir que haya sido algo malo, siempre y cuando tenga efectos políticos y sea algo más aparte de un castigo no sólo deseable, sino también simbólico.

Este post fue publicado originalmente en la edición francesa del 'HuffPost' y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano

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