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'Cuestiones con Ernesto Che Guevara': preparando Vistalegre

29/01/2017 10:18 CET | Actualizado 29/01/2017 10:19 CET

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Foto de Juan Martín Gravina caracterizado como el Che Guevara cedida por Teatro Plot Point.

¿Se ha preguntado alguna vez qué está pasando en la izquierda? ¿Por qué no se ponen de acuerdo mientras la derecha avanza y les va comiendo terreno incluso entre su electorado natural? ¿Qué les tiene tan entretenidos mientras se van perdiendo derechos, prestaciones, seguridad, bienestar? Tal vez la clave esté en este apasionante ejercicio dialéctico que es Cuestiones con Ernesto Che Guevara de José Pablo Feinmann en el Teatro PlotPoint de Madrid.

La obra propone el encuentro ficticio entre el Che Guevara y una historiadora venida del futuro, que es nuestro presente, la noche anterior a que el guerrillero muriese. Noche que es una incógnita. Para despejarla, la historiadora ha conseguido una beca de 50.000 dólares, nada más y nada menos, de la prestigiosa Fundación Solomon Guggenheim.

Y la historiadora hace lo que tiene que hacer toda estudiosa. Cuestionarse el pasado a partir de los hechos que se conocen, incluso de los que se desconocen, como es este caso. Poco se sabe de aquella noche. No hay apenas testimonios pues se impuso el silencio y los pocos que hablaron mantuvieron una versión oficial y coincidente.

Es esa ausencia de información fiable y contrastada lo que hace derivar la historia a una confrontación entre el pensamiento radical del Che Guevara y el de la propia historiadora, la que se intuye de izquierdas. Un pensamiento de izquierdas educado, que ha conocido en primera persona las consecuencias de la radicalización de los jóvenes en los países latinoamericanos. Las múltiples perdidas humanas acaecidas en su nombre o contra su nombre.

Teaser de la cuarta temporada de Cuestiones con Ernesto Che Guevara cedido por Teatro Plot Point.

Serán las replicas y las contrarréplicas del uno frente al otro las que harán ver las dificultades en las que se encuentra la izquierda metida para, manteniendo un discurso y unos objetivos, evitar las trampas del pasado y las del presente. Las que hicieron a la izquierda echarse al monte (en el caso del Che, literalmente). O, al final, convertirse en aquello contra lo que decían luchar. Muy bien contado en los breves diálogos que el Che tiene con Fidel Castro en los que este le explica en qué consiste hacer política. Por cierto, algo muy distinto de hacer la revolución.

Aunque habrá quién dirá que el diálogo al que se asiste tiene su trampa y su cartón, lo cierto es que el espectador lo sigue con mucho interés. En cierto modo, porque es como un thriller. En el que la historiadora busca evidencias para, de alguna manera, sentenciar al Che y su propuesta. Pero él siempre tiene el argumento presto y el verbo preciso para desbaratarlas.

Thriller, llamémoslo político, que no tendría el mismo interés sin los tres actores que lo protagonizan. Sin ese Che que Juan Martín Gravina es capaz de mantener siempre en escena y darle las dimensiones humanas que a veces se echan en falta en el texto. Sin la fragilidad y, a la vez, el convencimiento que le da Marina Skell a su historiadora con aristas. Incluso sin esos otros personajes que interpreta José Luis Lozano, breves y accidentales, que permiten aclarar los argumentos.

Es por todo ello por lo que seguramente llevan cuatro temporadas. Y por lo que los espectadores se quedan a la salida de la obra ocupando entusiasmados los pasillos del Teatro PlotPoint a la espera de que salgan los actores y el director para volverlos a aplaudir y celebrarlos. Pues después de la función se ofrece un debate en el que el espectador pregunta, dialoga, dice lo que le ha parecido y el equipo artístico cuenta el planteamiento. Desde donde dicen y actúan sus personajes, un texto que fue estrenado en 1998, hace ya unos añitos, y que sin embargo, sigue tan actual. Como si ni nosotros ni nuestras circunstancias hubiesen cambiado en todo este tiempo.

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