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¿Y ahora qué, izquierda europea?

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Foto: REUTERS

El jueves por la noche me acosté en una Europa donde paracía que casi todo iba a permanecer como antes. Cuando sonó el despertador, desperté en una Europa que nunca será la misma. En los días posteriores se nos ha pedido que celebremos o que hagamos duelo. Eso es demasiado simple: cualquier NO a la UE es un buen NO a la UE.

Hay un mundo de diferencias entre un movimiento progresista de resistencia a la UE que trabaja por más poder para el pueblo y menos para los mercados, y el que empujan los nacionalismos chovinistas de derecha. La cuestión sobre la UE no se puede sacar de su contexto político y social. En Gran Bretaña hay socialistas conocidos por su crítica a la UE, como Jeremy Corbyn, Hilary Wainwright o Owen Jones, que han elegido hacer campaña por la permanencia. No es difícil entenderlos. La inmigración no era el único argumento de los elementos de referencia en la campaña por el Brexit, aunque no sería sincero ocultar que era el más importante. Más decisivo es, de cualquier forma, que la salida de la UE muda el centro de gravedad en Gran Bretaña más hacia la derecha. Es el ala derecha del partido conservador la que va a tener el poder ahora. Un gobierno de esta tendencia va a crear quizás un país diferente. Los partidarios más conservadores del Brexit van a hacer más intensiva la antisocial política de recortes de Cameron. Muchos de ellos son admiradores de la lucha de clases de Margaret Tatcher, y van a utilizar la liberación de Bruselas para ampliar los ataques contra los derechos de los trabajadores. Con la ayuda de la prensa reaccionaria de Murdoch, y sin electores de Escocia que puedan ayudar a una mayoría de izquierdas, es muy posible que un Gobierno de ese tipo pueda también ganar elecciones.

La UE ha creado su propia crisis. Con su obsesión burocrática por el control detallado sobre los países miembros y la camisa de fuerza presupuestaria sobre los países de la zona Euro, la UE está vaciando las democracias nacionales de aire y de fortaleza. La Unión ha sido además el motor de un modelo económico que sólo funciona para los que tienen una mejor situación. El crecimiento de las diferencias en casi todos los países, las altas tasas de desempleo estructurales en muchos de ellos y mercados de trabajo en los que se reduce el nivel salarial de amplios sectores de la población activa, son los resultados de tres décadas de neoliberalismo en Europa.

Si los socialdemócratas europeos no se despiertan de su actitud acrítica hacia la UE, todo esto puede acabar muy mal.

En esta economía implantó la UE la libre circulación de trabajadores. Gran Bretaña está entre los países que han recibido más emigrantes laborales de la Unión. Los británicos que votaron a favor de abandonar la UE a causa de la inmigración no tenían por qué ser estúpidos o racistas. Para muchos de ellos, la elección era algo tan simple como intentar defender sus propios intereses en un tiempo en el que no ven que otros lo hagan por ellos. La tragedia es que estas personas no consideren que hay otra respuesta política correcta. Si los socialdemócratas europeos continúan culpabilizando a estas "gentes estúpidas" y no se despiertan de su actitud acrítica hacia la UE, todo esto puede acabar muy mal. Es sintomático que el ala derecha de los laboristas intente ahora defenestrar a Jeremy Corbyn porque no ha sido suficientemente claro en su apoyo a la UE, cuando la realidad es que intentó dialogar con los escépticos. Como si hubiera sido posible que el sector del SÍ ganase si todavía más políticos hubieran explicado a los votantes que se equivocaban.

De cualquier forma es demasiado pronto para la celebración o el duelo. Ninguno de nosotros sabe qué consecuencias va a traer consigo el Brexit. Sabemos que el genio ha salido de la lámpara y que va a haber grandes transformaciones en Europa. Y éstas pueden ser peligrosas. Los poderes ultraliberales y autoritarios de la derecha no están ya relegados a los márgenes extremos de la política europea, sino que están en situación de tomar el poder en varios países si el curso económico que la UE marca y la crisis de confianza en la política continúan. Pero los cambios pueden también ser positivos. Esto será posible si los líderes de la UE en Bruselas, Paris y Berlín reconocen que tienen que aceptar mayores espacios para diferentes formas de colaboración en Europa, que hay que dar más poder a las democracias nacionales y que los países que hoy viven arrodillados bajo las políticas de recortes tienen que tener posiblidad de establecer políticas coyunturales que creen crecimiento, seguridad social y puestos de trabajo.

No podemos solamente esperar a que sea el último escenario el que se implante. Tenemos que trabajar para que así sea. La izquierda europea tiene que llegar a través del debate a una acción común en esta nueva situación. Quizás sea posible resolver ahora antiguas disensiones sobre la cuestión de la UE, cuando es tan evidente que Europa necesita un nuevo proyecto. En esta Europa, la izquierda política se puede unir en un proyecto con demandas comunes de una buena solución para los países que elijan quedarse fuera de la Unión y un espacio de más democracia y mayor capacidad de maniobra en la economía para los que elijan quedarse en la UE. El exministro griego de Economía, Yanis Varoufakis, está realizando una campaña de reforma de la UE y apoyó el "Remain" en Gran Bretaña. Al mismo tiempo, remarcó en un reciente artículo que él recomienda a países como Noruega o Islandia que permanezcan fuera de la Unión. De una vez por todas, tiene que ser posible unir a todas las fuerzas de izquierda que luchan en estas dos direcciones.

Este artículo fue publicado originalmente en Klassekampen el 28.06.2016