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La Copa de Esperanza Aguirre

11/03/2015 07:43 CET | Actualizado 10/05/2015 11:12 CEST

La campaña electoral ya ha comenzado. El pistoletazo de salida lo dio Esperanza Aguirre al afirmar en su artículo en El Mundo que Athletic y Barcelona deberían abstenerse de competir en la Copa del Rey por los silbidos de ambas aficiones al himno nacional. Qué mejor que bailar sobre el fuego nacionalista para captar la atención de aquellos indecisos alarmados por la ruptura de la gran nación española y conseguir unos cuantos votos. Por cierto, el mensaje no es nuevo.

No es de recibo que una persona con su responsabilidad relacione los pitos al himno y al palco de personalidades con una muestra de odio al resto de los españoles. No tiene nada que ver, y su afirmación no es más que demagogia indigesta. Los aficionados vascos y catalanes no irán a silbar ni al himno ni al rey. Asistirán a un espectáculo deportivo que decidirá cuál es el mejor equipo de la competición; y los abucheos que se puedan oír tendrán unos destinatarios circunstanciales muy claros, entre los cuales la incluyo, señora Aguirre. Si catalanes y vascos silban al rey, a los políticos y a los portadores del verde militar, que por cierto podrían no asistir, es porque sus sentimientos nacionales no se corresponden con lo que ustedes simbolizan.

Y, obviamente, las notas del himno español representan a la perfección una manera de entender la patria distinta a la suya. Silbar, como aplaudir, es algo tan personal que ni sus influencias pueden intervenir. Entiendo su enojo porque no debe estar acostumbrada. Su indignación únicamente confirma su nacionalismo español, respetable, pero a la vez corrobora la existencia de otros sentimientos nacionales que de ningún modo son inferiores al suyo. España no se divide en buenos o malos según su pensamiento, y sus palabras abren las puertas a una confrontación demasiado recurrente en estos días.

El problema, señora Aguirre, es la continua exposición de ustedes, los políticos, en aquellos aspectos de la vida que no les competen. La final de Copa será una fiesta a la que ustedes asistirán sin invitación. Culés y leones confraternizarán en el estadio como hicieron las pasadas ediciones, las mismas que usted denuncia, sin necesidad de contar con su presencia. Si la Copa no fuera del Rey, catalanes y vascos querrían la victoria del mismo modo, sin echar de menos el reconocimiento nacional del que usted habla. De una España, por cierto, a la que usted tampoco representa en su totalidad.

Puede usted pedir que se suspenda el partido, está en su derecho, pero no hay más ciego que el que no quiere ver. Las mordazas hace tiempo que fueron derribadas.

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