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Mariano, no tan a favor

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Mariano Rajoy no quiso ir a La Sexta Noche para responder a unas cuantas familias españolas que ya se habían encontrado en semanas previas con los otros candidatos: Iglesias, Rivera y Sánchez. Rajoy dijo que no, que le venía mal, que no le encajaba en la agenda por lo que fuera y que muchas gracias pero no. Mariano Rajoy no quiso rascar unos minutos amables en prime time de fin de semana, en esa Noche de fiesta política donde sólo falta un desfile de tertulianos en tanga como broche final joseluismoreniano.

LA SEXTA NOCHE. ¿VENDRÁ RAJOY?

La Sexta Noche de Fiesta sería una cosa digna de verse que alguna productora televisiva debería empezar a pensarse: un cruce perfecto entre la caspa de variedades que perpetró durante tantos sábados José Luis Moreno en la televisión pública con más espacio para unas matrimoniadas que pasarían a llamarse cuñadiadas con Inda como gran protagonista.

La Sexta Noche de Fiesta lo petaría. Pero nadie me va a hacer caso. Como siempre. Qué desastre lo mío. En fin...

En fin. Que Mariano dijo no -con lo que es él de estar "A FAVOR" de todo- y el programa se lo agradeció con un especial despecho que sirvió no sólo para afearle la conducta sino para aprovechar esos minutos televisivos que podrían haber sido del presidente en funciones y convertirlos, a cambio, en un especial mejores momentos de sus tres oponentes, candidatos, señores que sí habían dicho y hecho lo suyo en la sección amable y familiar que el programa de Iñaki López había puesto en marcha de cara a la campaña electoral.

Una sección la de La familia pregunta que parecía pensada para que Mariano dijera sí. Porque no se nos puede olvidar una cosa: la clave de los formatos televisivos electorales de esta temporada primavera/verano es dar con una fórmula a la que Mariano diga sí. Que Pablo, Pedro y Albert van a decir sí a todo. Lo difícil es que Mariano (y sus asesores) lo digan. Pero Mariano dijo no a La familia pregunta y eso demuestra varias cosas:
Que ya no basta con que los otros tres candidatos digan sí a un programa de televisión. Que esto ya no funciona como medida de presión televisiva, porque Mariano (y los suyos) ya dieron con la clave para el NO en la temporada anterior: un inteligente argumento que se sustenta en algo así como "mire, esos tres señores están desesperados por salir en la tele, figurar donde sea. Yo no; yo soy el presidente del gobierno, el líder del partido más votado, y no tengo ninguna necesidad de estas cosas". Y es cierto. Antes de Rajoy eso no pasaba. Incluso antes de que Mariano fuera presidente, ya era capaz de negarse a debates televisivos, porque él estaba a otras cosas y porque con Mariano la televisión dejó de ser importante.

¿La televisión o según qué televisión? Que una cosa es ir a jugar al futbolín con Bertín en TVE o jugar a los maestros con AR en Telecinco y otra, muy distinta, darle audiencia a un programa y a una cadena que no ha hecho nada bueno por ti: La Sexta. Y sí, Mariano le concedió a Jordi Évole una entrevista, pero no lo hizo como candidato sino como presidente del Gobierno; con estética presidencial, decorado presidencial y aires presidenciales. Casi institucional. Casi como si el discurso del rey en Nochebuena fuera una cena a dos entre Jordi y Felipe VI. Pero a La Sexta Noche no. Porque muchos votantes de Mariano consideran La Sexta noche como el laboratorio donde se gestó a Pablo Iglesias in vitro. Y Mariano no iba a defraudar a esos votantes acudiendo a un programa enemigo para darle alas, audiencia y notoriedad. Mariano no podía acudir a alimentar a un monstruo que le ruge cada semana. Y con razón (para muchos). Si a eso le añadimos el riesgo de las hordas tuiteras con el dedo listo en casa para estar a la que salta y montarle memes y chistecitos al candidato PP, la decisión era lógica.

Otra cosa hubiera sido que el programa le hubiera permitido a Mariano Rajoy un cara a cara con su presentador o un par de tertulianos. No porque a Mariano le hubiera vuelto loco de ilusión el asunto, sino porque al menos habría tenido la oportunidad de mostrarse dolido con el trato que recibe cada sábado por parte de la mayoría de colaboradores y el equipo de redacción del programa. Pero no. La opción de Mariano respondiendo a las familias le obligaba a ser amable, a seguirle el juego al formato, al programa y al tono del resto de candidatos. Y Mariano pasó. Lo normal.

Una cosa más: ¿se acuerdan de cuando los partidos políticos se tiraban los trastos a la cabeza a cuenta de los tiempos que les dedicaban las televisiones en sus informativos? Esto ya no pasa porque -afortunadamente- alguien ha entendido que cantidad y calidad no son lo mismo. Y el equipo de comunicación del PP, con muy buen criterio, parece haber comprendido, al fin, que a veces menos es más. En el caso de Aznar lo era, y lo mismo con Mariano. Cuanto menos, mejor. Que lo suyo no es la tele, de verdad, háganme caso, POR FAVOR.

Y termino, que voy largo, con un par de bolas extras: la primera, que tras haber visto ese mejores momentos de los candidatos con las familias en La Sexta noche pensé: "Pues Mariano tampoco se ha perdido nada, la verdad". La segunda: que el miércoles Mariano va a El hormiguero y mi mayor inquietud es descubrir si el guión, las pruebas y los juegos los habrá escrito el magnífico equipo habitual del programa o ahora mismo Moragas está en su casa ensayando con Mariano una coreografía que nos va a dejar a todos con los globos oculares colgando. Ya veremos.