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Crisis, paro, independentismo, desconfianza: ¿problemas españoles?

14/10/2012 10:10 CEST | Actualizado 13/12/2012 11:12 CET

España no es el problema, pero Europa sí es la solución, porque los problemas que afectan a España son en el fondo problemas europeos que solo con la UE pueden resolverse. Y sería bueno que tanto las instituciones como la sociedad de nuestro país plantearan en estos términos la ecuación si no quieren llegar a declararla irresoluble.

Crisis económica: la incapacidad de España para financiarse razonablemente en los mercados, llevada al extremo, pondría en cuestión la propia supervivencia de la moneda única; además, si la cuarta economía de la eurozona experimenta un decrecimiento sustancial, las importaciones de otros países de la UE descenderán, lo que alimentará su estancamiento o, al menos, lastrará su crecimiento. Así que salir del atolladero tiene que ser una prioridad comunitaria y solo se podrá conseguir a través de la actuación de la Unión, activando la opción ofrecida por Draghi para que el Banco Central Europeo compre deuda española ilimitadamente en el mercado secundario una vez que España pida al Mecanismo de Estabilidad hacerlo en el primario -y lo consiga- (llamen a esto rescate suave, tomate o aguacate, da igual). Por eso, no se entiende que Alemania, Finlandia y Holanda pongan pegas a una posible (ya tardía) solicitud española.

Crisis social: si el paro y falta de cohesión continúan subiendo en España, las fuerzas sociales europeas verán debilitados los fundamentos del pacto social que está en la base de la creación y desarrollo de la UE: el estado del bienestar; el efecto contagio, en negativo, no tardaría en notarse en otros países miembros. Si a los gobiernos les corresponde ayudar a España a financiarse, a los sindicatos europeos les toca presionar para que sus respectivos países y la Unión como tal no impongan condiciones adicionales o aún más duras en el gasto para cumplir el déficit tras un nuevo rescate, dando oxígeno para utilizar lo que se ahorre en los intereses de la deuda en políticas activas de crecimiento, empleo e inclusión. Defender el estado del bienestar en España es hacerlo en Europa, por aquello de las barbas mojadas de tu vecino.

Crisis territorial: el desafío independentista lanzado en Cataluña por algunas fuerzas políticas no solo debilita la fuerza de España para salir de la crisis, también puede alentar procesos similares en otros países. Pero, sobre todo, va contra el valor esencial de la construcción comunitaria: la superación de fronteras, la conformación de una identidad común basada en una cultura compartida, la creación, en fin, de una ciudadanía europea que sea sujeto de derechos y obligaciones. Si en España se fuera hacia atrás como el cangrejo, el horizonte federal de la Unión se vería directamente perjudicado. Por eso, la UE debe ser clara: una secesión unilateral no cabe jurídicamente en su seno, pero además no la vería con buenos ojos. "Cataluña, nuevo estado europeo" es una contradicción evidente con los objetivos básicos de la UE.

Crisis política: buena parte de la desafección ciudadana hacia gobiernos, parlamentos y partidos proviene de la incapacidad de estos para salir del marasmo económico y de la sensación de que las decisiones duras se aplican en España por imposición de la UE. De forma que solo una profundización política democrática de la Unión -con más poderes para la Eurocámara y consultas ciudadanas europeas, por ejemplo- serviría para reducir la distancia de la gente con las instituciones: las de aquí y las de Bruselas.