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Una ley que habla de felicidad

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Foto: EFE

Hace casi once años vivimos un momento histórico. El Congreso de los Diputados aprobó la Ley de matrimonio entre personas del mismo sexo.

Una ley aprobada con la posición en contra del PP en el Congreso y en el Senado. Una ley que habla de igualdad, libertad, justicia, dignidad, pluralismo, tolerancia, solidaridad; que habla de plena ciudadanía. Una ley pionera.

El matrimonio no pertenece al dictado de ninguna ley natural ni tampoco divina; es una institución humana, es cultural. Es la sociedad, en función de la realidad y de sus necesidades, la que decide de forma democrática y legítima.

Y la sociedad española decidió, el 30 de junio de 2005, regular, como matrimonio, las diversas formas afectivas de unión presentes en nuestra sociedad. Con una ley que no ataca ni desnaturaliza la institución del matrimonio, sino que la defiende, amplía y fortalece; una ley que no va en contra del matrimonio eclesiástico, una ley que no va contra nadie.

Hubo que levantar el veto del PP en el Senado. Un veto que justificaron diciendo que el matrimonio entre personas del mismo sexo no es posible ni adecuado. El PP siempre ha mantenido una posición en contra de reconocer el derecho que garantizaba esta Ley. Y siempre votaron en contra.

Con la plena equiparación de derechos para las personas homosexuales, conseguimos fortalecer nuestra democracia.

El matrimonio entre personas del mismo sexo es adecuado y, desde hace casi once años, posible, gracias a un Gobierno socialista, gracias a la mayoría parlamentaria que supo entender lo que la sociedad demandaba y gracias a las organizaciones de gays, lesbianas y transexuales por su labor constante, paciente y ejemplar.

El PP siempre estuvo y está en contra de los derechos de las personas homosexuales. Incluso recurrió la norma alegando que era inconstitucional. El Tribunal Constitucional avaló, con su sentencia, la reforma llevada a cabo, señalando que el derecho al matrimonio de las personas homosexuales era un derecho constitucional.

Con la plena equiparación de derechos para las personas homosexuales, conseguimos fortalecer nuestra democracia, que todos los ciudadanos y todas las ciudadanas disfruten de los mismos derechos.

Es una ley que habla de felicidad, de la felicidad de muchas personas, de muchas familias; y después del tiempo transcurrido, me siento orgullosa de haber estado allí y de haber contribuido a eliminar la injusticia y la discriminación.

Estamos de aniversario, lo estamos celebrando y en estos momentos, es de justicia recordar, a modo de merecido homenaje, recuerdo y reconocimiento por su papel esencial por todo lo conseguido, al activista, al amigo, al compañero Pedro Zerolo.