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La despedida

03/06/2017 10:15 CEST | Actualizado 03/06/2017 10:15 CEST
Dolores Ochoa

Bailarina de la penumbra que levantas la carpa con un salto. Vibran las cañerías, y aprietas mi corazón.

Espío tu rodilla detrás del velo, o será un hombro, o será un derrière... Mientras me hipnotiza el vaivén enérgico de tu danzar.

Te encoges, te expandes, retuerces y estiras. El escenario ya es muy pequeño, el mundo es muy pequeño para ti.

De repente, te invaden el silencio y la quietud. Como si lo supieras todo, o nada. Han pasado casi diez lunas y el espectáculo ha de mutar.

Aúllo.

El público te aclama, crece la expectativa, y tú que te atoras tras bastidores con tu grandeza. Cortan el telón de un lado, levantas la venia y te elevan. La luz baña tu piel Violeta.

Quieren escucharte; permaneces silente. Quieren ver un balance; permaneces inmóvil. Manos cuelgan, cabeza ladea, tal cual una muñeca.

Entre voces nerviosas, te llevan. Suspirando, te llevan. Mirándose cómplices, te llevan. Pero antes...

Rozan tu mejilla y la mía. Me reflejo primera en el ojo grande y redondo. Busco rápidamente la oportunidad y al oído te lo digo. Muy despacio, susurro el mantra que se añeja:

"Hola, soy mamá".

¡Yo que pensé que te despedías! Y apenas empieza la función...

Dedicado al final feliz del parto difícil...