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Divergencias económicas y monetarias: recomendaciones

28/03/2015 09:55 CET | Actualizado 27/05/2015 11:12 CEST

El Área euro es el centro de atención en el arranque de 2015. Y es que el BCE aprobó el pasado día 22 de enero un Quantitative Easing (QE) de mayor intensidad de lo esperado al anunciar la adquisición, a partir de este mismo mes de marzo, de 60.000 millones de euros mensuales de activos de renta fija.

En esta cifra se incluirán diferentes tipos de bonos. Por un lado, covered y ABS; es decir, instrumentos emitidos por entidades financieras que ya adquiría desde octubre y noviembre a través del CBPP3 y del ABS. Sin que se hayan dado cifras concretas, estimamos que adquirirá 10.000 millones de euros mensuales de esta tipología de activos. Los 50.000 millones de euros restantes, y aquí está la novedad, se centrarán en activos emitidos por entidades supranacionales (como el Banco Europeo de Inversiones-BEI, por ejemplo), por agencias estatales (como el ICO) y, sobre todo, por Tesoros de los países que forman parte de la UME. Si tenemos en cuenta que las adquisiciones se realizarán al menos hasta septiembre de 2016 (y podrían prolongarse si no se produce un repunte de las expectativas de inflación en la UME), se constata que el mercado de renta fija va a encontrar un «agente distorsionador» que comprará aproximadamente un 15% del total del saldo vivo, lo que presionará a la baja los tipos de interés de la deuda pública, especialmente los tramos más largos de los emisores periféricos como Portugal, España e Italia.

Por su parte, el PIB de EEUU del 4T14 (cuarto trimestre de 2014) se ha situado ligeramente por encima de las expectativas, confirmando que en 2015 podría crecer por encima del 3%. Como no puede ser de otra forma, la Reserva Federal advierte de que podría empezar a subir los tipos de interés antes de lo que descuenta el mercado y la curva de tipos comienza a reaccionar. Por ser más concretos, es posible que en verano se inicie la elevación de los Fed Funds, lo que supondría la primera elevación desde 2006 y menos de un año después del final del QE.

La disparidad cíclica entre la UME y EEUU debe seguir plasmándose en la evolución del tipo de cambio dólar/euro, si bien, tras la reciente apreciación, a un menor ritmo. Pero seguimos sesgando las carteras hacia monedas distintas al euro, aunque sólo dólar, libra esterlina, francos suizos y corona noruega. En sentido contrario, pensamos que las monedas de los países emergentes pueden seguir perdiendo valor, de forma más intensa las que presentan déficit por cuenta corriente: Brasil y Turquía como máximo exponente. La subida de tipos de interés de la Fed nos lleva a reducir la exposición a mercados financieros emergentes con origen en los episodios de volatilidad de estos mercados desde las primeras insinuaciones de Bernanke sobre el fin del QE en mayo de 2013.

Este artículo fue publicado inicialmente en la revista Empresa Global

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