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El Cabanyal: déjelo ya, señora alcaldesa, déjelo ya

06/11/2013 07:30 CET | Actualizado 05/01/2014 11:12 CET

Sra. alcaldesa, su empecinamiento con el proyecto de prolongación de la Avenida de Blasco Ibáñez se ha traducido en los últimos años, en el mejor de los supuestos, en una inaudita dejación de sus obligaciones al abandonar a su suerte el barrio del Cabanyal. Obligaciones por las que, recuérdelo, le pagamos. Lleva usted quince años sometiéndolo a un asedio brutal que ha provocado su actual deterioro, algo que debería tener, en mi opinión, una responsabilidad más allá de la estrictamente política. Y lo que es más grave si entendemos que a la primera autoridad municipal se le debería suponer lucidez estratégica en el modelo de ciudad: usted o bien ignora o bien desprecia el valor actual y la potencialidad de futuro del barrio sin necesidad de la alteración radical que propone en su morfología y en su funcionalidad. No sé qué es peor, si su ignorancia o su desprecio. Todo esto, insisto, partiendo de los supuestos más benevolentes.

Cada vez resulta más difícil, Sra. alcaldesa, entender su terquedad, su intransigencia, su nerviosismo, su ansiedad por ver colmada su obra a costa de lo que autoridades en la materia, que saben al respecto bastante más que usted y que yo, han calificado como expolio del patrimonio histórico del Cabanyal. Y además estoy convencido de que finalmente se trataría de una avenida anodina e insustancial, como ya lo es arquitectónicamente en lo que fue su primera prolongación desde el cruce con la Calle Cardenal Benlloch hasta la estación del Cabanyal.

Ahora el Gobierno de España, dirigido por su mismo partido, le ha dado un nuevo disgusto que usted, bordeando el ridículo, ha pretendido vender como una victoria, cuando le obliga a respetar la Orden Ministerial que le impidió expoliar el patrimonio del barrio.

Y usted, al menos de momento, como si oye llover. ¿Pero es que todavía no ha visto que ya no cuenta con la inversión privada para desarrollar su proyecto de prolongación de Blasco Ibáñez? ¿Es que no entiende que esos inversores, si los hay en estos momentos, no pueden apostar por un proyecto estancado y que es permanente fuente de conflicto? ¿Es que no ve que en el terreno de la inversión no suele haber patriotismo que valga, que la inversión se va a otros sitios mientras su proyecto no sea rentable? ¿Es que no comprende que sin inversores su proyecto es papel mojado?

En el caso de la inversión privada lo dicho resulta obvio, pero respecto a sus compañeros de partido solo puedo hacer suposiciones. Aún así, me da la impresión de que muchos respirarían aliviados si usted da marcha atrás en este proyecto. Eso sí, salvando la honra, ya que no las naves. Ya lo verá usted cuando definitivamente se abandone el proyecto de la prolongación de Blasco Ibáñez. Entonces, salvo usted y muy pocas personas que públicamente han tenido que mojarse en exceso, nadie de su partido reconocerá haber tenido algo que ver con su proyecto o haberlo apoyado. Todos simplemente pasaban por allí o incluso, no se extrañe, dirán que ya decían ellos que se debía ser más flexible. ¿Es que no ve que va a estar cada día más sola cuando los suyos vayan soltando lastre?

En cuanto a los vecinos, la contestación a su proyecto sigue en pie pese al paso de los años. Y no vale contar como apoyos a su proyecto a las personas que ante las durísimas condiciones de deterioro del barrio, condiciones que han sido provocadas por usted y su Gobierno municipal, optan por preferir cualquier actuación antes que seguir así. Esta contestación vecinal en defensa del barrio y de su patrimonio histórico, contra la destrucción de su trama urbana, ha recibido todo tipo de reconocimientos públicos desde el ámbito científico. ¿Me puede decir qué entidades o expertos en estos temas han avalado su proyecto? Es que en este país, y usted es una demostración más, la derecha ha sido secularmente reacia a la ciencia. Por otro lado, además del reconocimiento científico está el social. Los vecinos están reivindicando de manera admirable su espacio y su historia. Algo que comprendo que no se entienda desde su perspectiva, porque el espacio y la historia no tienen traducción contable directa.

Y por si todo esto era poco, los vaticinios para las elecciones de 2015 no le son propicios. Queda año y medio aproximadamente. Un plazo muy corto para que usted inicie de modo palpable este proyecto de prolongación. Quiero decir de modo palpable en el sentido positivo, por supuesto: que se vea que el proyecto avanza sin pasar por un previo hundimiento y marginalización del barrio. Con respecto a esto, espero, y no las tengo todas conmigo, que si se produjera en 2015 ese cambio en la relación de fuerzas políticas, el nuevo Gobierno municipal fuera consciente de que la ciudad de Valencia tiene una deuda con El Cabanyal, una deuda que debería saldar con prioridad absoluta en materia de inversiones sin dilaciones ni excusas de tipo alguno.

Se le está agotando el tiempo, Sra. alcaldesa, y además se le nota. Ya hace mucho que perdió las más elementales formas democráticas e incluso las de educación. Está usted perdiendo mucha energía en su batalla. Porque esta cuestión es eso: su batalla. ¿Me puede decir con qué cuenta a favor para seguir con esta obsesión? Y no me diga los votos porque en su programa electoral nunca han propuesto destrozar salvajemente el barrio, su espacio público, su desarrollo económico y su convivencia, tal como están haciendo bajo su dirección.

Y si lo que ocurre, como me temo, es que ya se trata de una cuestión de honor, si su vida política no puede acabar con esta renuncia, si considera que esto sería una humillación, deje paso a otra persona. Pero que no sea su pregonero, claro. Una persona que pueda hacerle el favor de retirar ese proyecto inviable y sin sentido.

Como buena alcaldesa usted recordará que en un pasado relativamente reciente y al amparo de un régimen de dictadura, se proyectaron diferentes iniciativas que conjugaban la vanidad con la avaricia de sus promotores públicos y privados. Recordará que se quiso que el trazado de la Avenida del Oeste se iniciara en la Plaza de San Agustín y pasara por encima del Barrio de El Carme hasta llegar al río, en un anticipo muy similar a lo que hoy pretende usted en El Cabanyal: hicieron un destrozo importante pero tuvieron que detenerse a la altura del Mercado Central y hoy El Carme es un barrio vivo. Recordará que se pretendió urbanizar el Saler, lo que hubiera supuesto una de las mayores barbaridades medioambientales: no se pudo evitar que crecieran unas cuantas torres, pero se paró a tiempo el proyecto y hoy es una referencia imprescindible ligada a la ciudad. Recordará que, en el colmo de los delirios, se llegó a plantear la idea de convertir el viejo cauce del río en una vía rápida de circulación: hoy es la mayor zona verde de la ciudad y probablemente una de las inversiones más sensatas y más rentabilizadas por el uso ciudadano que tiene. Enmarque en estos tres hitos históricos su proyecto de prolongación de Blasco Ibáñez y de destrucción del Cabanyal. Y adivine el resultado que veremos en las futuras crónicas de la ciudad.

No se preocupe, la retirada de su proyecto no impedirá su acceso a nuestra playa y al mar. Seguirá siendo posible que usted llegue a él en metro, en autobús, en tranvía, en bicicleta, andando, o en su coche oficial. Lo podrá hacer por la Avenida del Puerto, por la de Tarongers, desde Natzaret, por la calle del Mediterráneo o por cualquier otra travesía del Cabanyal. Si lo desea incluso puede venir en barco, como lo hacen los cruceristas a lo largo de todo el año y los mismísimos reyes magos cada 5 de enero por la tarde.

Usted olvídelo. No va a tener su estatua ecuestre en la rotonda final de la prolongación de la Avenida de Blasco Ibáñez con el Paseo Marítimo. Y deje también de pleitear con cargo al contribuyente. Recurra usted tirando de sus ahorros y pagando de su bolsillo sus servicios jurídicos y sus tasas de acceso a los tribunales.

Déjelo ya, Sra. alcaldesa, déjelo ya. Hágame caso.

Este artículo se publicó originalmente en cabanyal.com.