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Una gota de agua en un océano de barro

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Foto: EFE

La llegada de refugiados a España vuelve a ser noticia. Lo que debería haber sido desde hace meses una gestión normal ocupa ahora titulares y portadas digitales. En un gran ejercicio de cinismo político, el pasado viernes el ministro del Interior se atrevía incluso a sacar pecho afirmando que España es el cuarto país europeo que más refugiados acoge. Una lástima que dicha declaración se base en previsiones y no en números reales de personas acogidas y a salvo en nuestro país.

Probablemente la penosa sobreactuación del ministro tenga que ver con el tercer informe de seguimiento de la Comisión Europea sobre el acuerdo adoptado por los Gobiernos de la Unión el pasado septiembre para la redistribución de refugiados. Según lo establecido entonces, los Estados miembros debían reubicar (desde Grecia e Italia) a 160.000 refugiados y proceder al reasentamiento (desde terceros países, principalmente Turquía, Líbano y Jordania) de otros 22.000 más. El informe de la Comisión señala a España como uno de los países que menos ha cumplido sus compromisos.

Si las estadísticas son siempre frías cuando se refieren al sufrimiento humano, en este caso habría que calificarlas de heladoras. Los datos europeos a 13 de mayo demuestran que hasta ahora son sólo 591 y 909 las personas que han sido reubicadas desde Italia y Grecia respectivamente. Es decir, 1.500 refugiados de los 160.000 prometidos. A este ritmo, tardaremos 70 años en cumplir un objetivo que, por otra parte, es a todas luces insuficiente vista la dimensión de la crisis. 

La Comisión presiona a los Gobiernos para que éstos cumplan ¡sus propios acuerdos!. En su informe, la CE indica que, en las próximas semanas, el ritmo de reubicación posiblemente se acelere. En todo caso, por el momento, los Estados miembros sólo han ofrecido sitio para 5.763 personas. Las demás, hasta llegar a los 160.000 comprometidos, tendrán que seguir (des)esperando.

Está en marcha nada menos que una lucha por los derechos civiles, encabezada por los jóvenes y su inagotable energía.

No parece valorarse en absoluto que en Grecia permanezcan olvidados unos 46.000 refugiados que llegaron al país antes de que entrara en vigor el acuerdo con Turquía. En estos días, las autoridades griegas han comenzado a desalojar, por ahora de forma pacífica, a las miles de familias que continuaban en el barro de Idomeni con el objeto de trasladarlas a otros campos repartidos por el país... y de cuyas condiciones aún sabemos poco.

Italia sigue recibiendo un gran número de refugiados desde el norte de África, más de 10.000 en el último mes. Entre ellos hay más de 1.800  menores no acompañados. La Comisión Europea y el Parlamento han exigido que se priorice la reubicación de estos niños (según Eurostat, en 2015 llegaron a Europa más de 90.000 menores solos), pero no hemos obtenido muchas respuestas de momento. Lo cierto es que, desde el último informe de seguimiento -12 de abril-, el total de menores no acompañados reubicados desde Grecia e Italia a cualquier país de la Unión asciende a... CERO.

Y mientras tanto, la Oficina Europea de Apoyo al Asilo (EASO), que colabora -con pocas competencias y menos recursos- con las autoridades nacionales de Grecia e Italia, sigue esperando que los Estados Miembros atiendan la necesidad urgente de personal que se requiere. De los 42 expertos que se han solicitado para Italia en el último periodo, se han cubierto tan sólo 27 puestos. De los 62 pedidos para Grecia, se han enviado tan sólo 26.
En cuanto a los reasentamientos (los 22.000 refugiados que la Unión se ha comprometido a traer desde terceros países), la situación también es decepcionante : en los seis meses transcurridos España no ha conseguido admitir a ninguno de los 1.449 que nos corresponden.

En estos días, coincidiendo con la precampaña electoral, el Gobierno se ha apresurado a anunciar la llegada -antes del final de junio- de 386 refugiados (285 procedentes de Líbano y 101 desde Turquía). Tan sólo dieciséis de los países de la UE han empezado a cumplir con esta parte del acuerdo que es la que debe contribuir  a aliviar la presión migratoria en los países donde los refugiados se cuentan por cientos de miles.

La fría ineficiencia que están demostrando los Gobiernos de Europa representa una vergüenza a escala mundial. Todos nos miran y se preguntan cómo podemos estar siendo tan cruelmente inútiles. Cuando, por fin, los europeos cumplamos con los modestos compromisos adquiridos, estaremos aportando tan sólo una pequeña gota de agua en este inmenso océano de barro en el que sobreviven miles de seres humanos.