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Amigos digitales británicos, ¿hay alguna manera de arreglar lo nuestro?

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Foto: REUTERS

Los ciudadanos del Reino Unido han decidido abandonar la Unión. Europa se enfrenta a una situación sin precedentes. Por primera vez, la Unión Europea ha de gestionar un proceso de contracción en lugar de acometer una ampliación. Cuando el Gobierno británico invoque el artículo 50 de los tratados solicitando oficialmente el abandono del club europeo de los 28, es de esperar que se establezcan diversas mesas de negociación sectoriales para abordar el nuevo modelo de relación entre la Unión Europea y Gran Bretaña. No es difícil imaginar que exista un panel de debate sobre Economía y Sociedad Digital.

Aunque el Reino Unido se encuentra en sexto lugar en el Índice de Economía y Sociedad Digital de la Unión Europea (DESI), el Brexit sacudirá la escena tecnológica y la economía de ambas partes. Como botón de muestra, hemos tenido ya el colapso por exceso de ventas sufrido por la filial de Amazon en Gran Bretaña el día después del referéndum. Es la anécdota que inaugura un reguero de consecuencias para el sector digital tanto en Reino Unido como en la Unión Europea.

Con la marcha de Reino Unido, la Unión está perdiendo uno de los principales motores de su sector tecnológico. De acuerdo con los datos más recientes publicados por la OCDE, la contribución de las TIC y subsectores asociados al PIB del Reino Unido es del 5,53%, el mayor volumen entre las cinco grandes economías de la Unión. Además del actual peso del Reino Unido en la escena digital europea, Gran Bretaña ha sido una fuerza determinante en el diseño de su proyecto de futuro, el Mercado Único Digital. Una buena parte de las oportunidades de éxito en la implementación de la estrategia digital europea pasaba por la ya improbable presidencia británica de la UE en el segundo semestre de 2017. El liderazgo anglosajón en materias digitales, demostrado con la carta conjunta con otros catorce Estados miembros firmada en las vísperas del Consejo de Telecomunicaciones de 26 de mayo de 2016, podría haber sido el impulso definitivo a las negociaciones de propuestas legislativas ya en debate y un contrapeso al eje franco-alemán. Recordemos que las Instituciones Europeas ya están negociando la revisión del sector audiovisual o las nuevas reglas para el comercio electrónico (fin de geobloqueo injustificado, nuevas normas para las ventas en línea, y regulación de servicios de paquetería transfronteriza), y en otoño la Comisión Europea realizará la propuesta de reforma legal del mercado de los telecomunicaciones.

En el Reino Unido, el Brexit tecnológico podría tener consecuencias sobre toda la economía británica. El informe TechNation de 2016 señaló que el sector digital digital del Reino Unido creció tres veces más rápidamente que el resto de la actividad económica del Reino Unido en su conjunto y estimaba que en el país cerca de 1,56 millones de personas estaban empleadas en empresas tecnológicas. El acceso al mercado de la Unión ha sido una piedra angular de esta fuerza pujante. Una parte importante del capital humano y financiero necesario para desarrollar el sector ha venido del continente. La salida de la Unión Europea traería barreras a la inmigración y el reclutamiento de trabajadores en el país europeo que se prevé tenga más vacantes de trabajo en el sector en 2020. De igual modo, podría traer una reducción de la financiación a los fondos de capital riesgo para startups, que tienen como uno de sus principales inversores el Fondo Europeo de Inversiones. El resultado de todo ello podría ser que, tras dos años de encarnizada competencia, Berlín se hiciera definitivamente con el título de capital europea del emprendimiento digital.

La toma de conciencia en Reino Unido del alcance traumático de esta ruptura digital está llevando ya a la reclamación urgente de un plan digital post Brexit para Gran Bretaña, que debería tener su réplica en la Unión.


El establecimiento de un nuevo marco legal para las relaciones digitales entre Reino Unido y UE exigirá también hacer frente a un conjunto diverso y amplio de temas. Algunos de ellos, como las tarifas de roaming, atraerá una enorme atención. Sin embargo, otros más sutiles tendrán un igual o mayor impacto. Es el caso de la nueva normativa de protección de datos europea, que podría no entrar efectivamente en vigor en Reino Unido debido a Brexit. La larga negociación del acuerdo sustitutivo del tratado de puerto seguro entre USA y la UE, está descubriendo la complejidad de lograr un acuerdo para la libre circulación de datos personales entre áreas con distinta legalidad. Una dificultad similar de alcanzar un acuerdo podría surgir entre la UE y el Reino Unido. El conflicto podría extenderse a otros campos de la vida digital donde se requiere también un alto nivel de confianza, como la ciberseguridad. Todo ello dependerá del grado de integración en el Área Económica Europea (EEA) que finalmente tenga el Reino Unido tras su salida real de la Unión.

Europa, incluido Reino Unido, necesita la transformación digital de su economía para recuperar la competitividad frente a otras áreas geográficas. La consultora Gartner estima que el Brexit frenará en 2016 las inversiones tecnológicas tanto en Reino Unido como el resto de la Unión Europea, relegando aún más a Europa en la carrera digital. A ello, se sumarán dos años de complejas negociaciones que tendrán un impacto más que probable en el objetivo de completar el Mercado Único Digital, que no contará además con el que estaba llamado a ser uno de sus principales integrantes. Aunque es un escenario que se repite en otros sectores económicos, reducir las aportaciones a la productividad por una desaceleración en la digitalización del viejo continente significará una nueva contracción del estado de bienestar europeo.

Para bien y para mal, el escenario digital europeo no puede entenderse sin la Unión Europea. La coincidencia entre el nacimiento del Mercado Único y la popularización de Internet tiene como consecuencia que la mayoría de las regulaciones e iniciativas para el desarrollo de la sociedad del conocimiento en Europa hayan sido un esfuerzo conjunto de los, hasta ahora, veintiocho Estados miembros. La toma de conciencia en Reino Unido del alcance traumático de esta ruptura digital está llevando ya a la reclamación urgente de un plan digital post Brexit para Gran Bretaña, que debería tener su réplica en la Unión. Quizás debiéramos mirarnos a los ojos británicos y el resto de los Estados miembros y preguntarnos si no existe una manera de arreglar lo nuestro, o al menos ser capaces de la custodia compartida de nuestros vástagos digitales.