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Los ecos digitales de la victoria de Trump

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Foto: AP.

9 de noviembre de 2016. El mundo se despierta con la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Las ondas y ecos del cambio de morador de la Casa Blanca se dejarán sentir a lo largo del mundo en todos los sectores económicos. Necesariamente, la industria de productos y servicios tecnológicos habrá de figurar entre las que se vea más afectada.

Apple, Google, Microsoft y Facebook figuran entre las cinco compañías más valiosas en los mercados en 2016, y el valor añadido del sector de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) y sus adyacentes en Estados Unidos en 2013 fue de un 6% (el quinto más alto entre los países de la OCDE).

El sector tecnológico, sin embargo, ha estado prácticamente ausente en el concluido debate electoral americano. Una posible razón para ello ha sido la escasa atención que Trump prestaba al mismo en su programa electoral. Mientras la derrotada Hillary Clinton desplegó en su web un extenso programa sobre tecnología e innovación, el ganador tan solo dedicaba un espacio relevante a la ciberseguridad. Aunque un significativo número de líderes tecnológicos de Silicon Valley señalaron que el entonces candidato republicano "podría ser un desastre para la innovación", no consiguieron elevar el debate tecnológico al primer plano de la campaña.

La aparente falta de interés del próximo presidente americano por el sector tecnológico ha sido el foco de la prensa especializada en diversas ocasiones. Se han subrayado sus declaraciones manifestando incomprensión sobre el funcionamiento del mercado tecnológico, apuntando subrepticiamente al origen de la misma en su pasado empresarial, en un sector tan material como el inmobiliario. Ni sus declaraciones como "fan del sector cyber" han disipado las dudas de su escasa familiaridad con los medios digitales, apoyada en informes de medios tan reputados como Bloomberg que señalan que el magnate neoyorquino no hace uso de teléfono móvil ni correo electrónico.

El proteccionismo tecnológico parece configurarse como uno de los ejes de la política norteamericana durante los cuatro años de la presidencia Trump.

Lo anterior no ha evitado que se hayan captado declaraciones de Donald Trump sobre el sector digital durante la campaña electoral. Las intenciones y planes manifestados por el constructor neoyorquino permiten perfilar su posicionamiento (o falta del mismo) en áreas relevantes de la economía digital.

El proteccionismo tecnológico parece configurarse como uno de los ejes de la política norteamericana durante los cuatro años de la presidencia Trump. De un lado, su oposición a continuar la negociación del TTIP con la Unión Europea supone, en primera instancia, un freno a la creación de un mercado abierto entre ambos bloques en telecomunicaciones, comercio electrónico y flujos de datos. De otro, ha proclamado su intención de "obligar a Apple a construir sus malditas computadoras y cacharritos en USA de nuevo". Finalmente, ha mostrado su reticencia al proceso de transición de ICANN, que suponía una cesión parcial del control de Internet a entes fuera del gobierno americano.

Todas estas declaraciones apuntan a un cambio de la línea de la administración Obama, que acusaba de este proteccionismo a otros bloques económicos como la Unión Europea, en contraste con su política contraria a establecer barreras comerciales y no comerciales en el sector tecnológico.

La posición contraria de Trump al concepto de una Internet abierta ha sido también recogida por los medios con asiduidad. Comenzando por sus llamadas a compartimentar la Internet para evitar la expansión de ISIS, incluyendo burlas a quienes pudieran considerar esto un ataque a la libertad de expresión. Continuando por su oposición y amenaza de reversión del principio de neutralidad de red consagrado por la FCC (Federal Communications Commission) durante la Administración Obama. Sólo se aleja de esta línea el reconocimiento en su programa de la necesidad de crear un entorno favorable a la inversión para renovar la infraestructura de acceso a Internet.

El nuevo presidente sí muestra en su programa sensibilidad por desarrollar los adecuados programas de ciberseguridad. Del convencimiento de que Estados Unidos está ya bajo ciberataque, surge un plan para analizar las ciberdefensas existentes, renovarlas y mejorar su gobernanza. El lado menos positivo de la sensibilidad de Trump por la ciberseguridad es su valoración de la misma por encima de la privacidad. Durante la demanda del FBI contra Apple a propósito del acceso al teléfono de un presunto terrorista, dio muestras claras de la misma.

Adicionalmente a los ámbitos del sector tecnológico aludidos, existen muchos otros sobre los que Trump ha mantenido una posición más ambigua. Son muestra de ello sus silencios sobre la economía colaborativa y bajo demanda, sus cambios de parecer sobre la política de visados, crítica para la atracción de talento a Silicon Valley, o su menosprecio al big data como una tecnología sobrevalorada. Tampoco ha manifestado su intención sobre la continuidad de los muchos programas tecnológicos iniciados por la Administración Obama.

La actitud hacia la tecnología del candidato triunfador en 2016 es muy distinta de la del presidente Obama que, en sus primeros días en la Casa Blanca, mantuvo una dura batalla para poder seguir usando su Blackberry. Tampoco parecen ser previsibles las frecuentes reuniones de Trump con los creadores de Silicon Valley que mantuvo el que será pronto su antecesor.

En definitiva, existen suficientes indicios para asegurar que Trump trae una nueva época al sector tecnológico norteamericano y, por extensión, al escenario mundial de la economía digital.