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Cuando la memoria olvida

26/08/2017 10:29 CEST | Actualizado 26/08/2017 10:29 CEST

Eran los tiempos de "ha sido ETA", aunque ETA nunca estuvo en el 11-M salvo en la imaginación de unos y en las fabulaciones de otros. Entonces valía todo: mentir a las víctimas, cuestionar la legitimidad de unas elecciones, retorcer la verdad y hasta acusar al adversario de perpetrar un golpe de Estado.

De aquellos polvos, sí, también estos lodos, los de cómo el PP entiende la política antiterrorista según el momento. Entonces se trataba de tapar sus vergüenzas para mantenerse en el Gobierno. Ahora, tras el atropello mortal de Las Ramblas y unos primeros días de contención declarativa, lo que toca es dañar al adversario.

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Que Ada Colau no había instalado bolardos en las aceras, pues ya tienen "cooperadora necesaria" de los atentados; que Podemos no ha firmado el pacto antiyihadista, pues ahí están los "amigos de los terroristas"; que los Mossos no pidieron a Interior información sobre Abdelbaki es Satty cuando la policía belga les alertó de sus movimientos, pues fin de la cita. Caso resuelto, que diría el ministro que dio por desarticulada la célula yihadista con uno de los terroristas aún en paradero desconocido.

Y esto con un pacto escrito. De no existir, sabe Dios o Alá qué hubiéramos leído u oído. Cada vez que el PP ha suscrito un acuerdo de Estado ha tardado más en poner su rúbrica en el documento que en vulnerar su letra y su espíritu.

La derecha se opuso al control de los imanes en las mezquitas que planteó el ex ministro Alonso en 2004

¿Recuerdan aquello de eliminar del ámbito de la legítima confrontación política o electoral las políticas para acabar con el terrorismo? Es literal del pacto antiterrorista que, impulsado por José Luis Rodríguez Zapatero, alcanzaron PP y PSOE en 2000. El compromiso saltó por los aires tan pronto como los trenes de Cercanías de las estaciones de Atocha, Santa Eugenia y El Pozo donde los asesinos pusieron las bombas cuatro años más tarde. Luego vino lo de "usted ha traicionado a los muertos", pero para entonces, en 2005, de aquel pacto no quedaba ya más que el recuerdo de lo que pudo ser y nunca fue en la lucha contra ETA.

Y todo esto viene a cuento de la lógica pregunta que se repite una semana después del atropello mortal de Las Ramblas: ¿qué ha fallado? No parece que haya sido cuestión de bolardos, ni de que los de Pablo Iglesias no estén más que de observadores en el pacto antiyihadista. La respuesta tampoco está, como ha intentado establecer el republicano Gabriel Rufián, en que el Gobierno no aprobara la creación de 500 nuevas plazas para policías autonómicos...

Pero la derecha política y mediática parecen haber encontrado un filón en el desconocimiento de los Mossos sobre las actividades del imán de Ripoll y la falta de coordinación con la Policía y la Guardia Civil en materia antiterrorista. Es evidente, sí, que ahí hay un agujero para la seguridad del Estado y que la cadena de fallos habrá que analizarla, pero también la relación directa entre el nivel educativo y la radicalización o la necesaria formación de los más de 200.000 estudiantes musulmanes que viven en España en los valores de la sociedad europea.

Y cuando pase el luto y llegue ese momento la memoria no podrá entonces olvidar que en España hubo un ministro del Interior socialista, el recientemente fallecido José Antonio Alonso, al que el arco parlamentario en su conjunto acusó de querer reinstaurar la "censura previa" por plantear, tras el 11-M, el control por ley del mensaje de los imanes en las mezquitas para evitar que la libertad religiosa se aprovechara con fines terroristas.

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Ángel Acebes y Eduardo Zaplana calificaron la medida de "barbaridad inconstitucional"; Durán i Lleida, de "intento de perseguir de antemano una confesión religiosa"; el entonces portavoz de ICV en el Parlament, Joan Boada, no consideró necesario implementar "medidas especiales para saber quiénes son los imanes de cada municipio; Artur Mas la rechazó porque podía "encender la chispa de un conflicto" y el republicano Josep Huguet la situó en el franquismo, cuando "se mezclaba religión y política".

Eran los tiempos de "ha sido ETA", y Acebes y Zaplana acusaron al socialista de querer instaurar la "censura previa" en los centros de culto

Pues eso, que cuando la memoria olvida pasan estas cosas: que algunos se prestan a ver la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio. Igual es el momento de implementar medidas que antaño se despreciaron porque venían del adversario, porque entonces sólo importaba el "ha sido ETA" y porque, como dijo entonces Alfredo Pérez Rubalcaba, "no se le ocurrió antes a la derecha".

Y es que hay preguntas que, a tenor de lo ocurrido, parecen más que oportunas: ¿se debe desentender el Estado del mundo asociativo musulmán? ¿Deben los Gobiernos permanecer impasibles ante la financiación de las mezquitas por parte de países que practican el salafismo? ¿Deben permanecer al margen de la formación de los imanes que predican en las mezquitas?

La respuesta, para muchos expertos en lucha antiterrorista, no admite dudas.