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Díaz toma impulso... para las primarias

23/03/2015 07:21 CET | Actualizado 23/05/2015 11:12 CEST

Había ganas de castigar al PP y de saber en qué condiciones el PSOE mantenía su último bastión. Y el resultado fue inequívoco. El varapalo a Mariano Rajoy y sus ministros -que se volcaron en la campaña andaluza- fue sin paliativos. Por contra, no hay datos para saber el grado de aceptación de Pedro Sánchez entre los electores porque, a diferencia del presidente del Gobierno, ésta no ha sido su campaña ni la de sus siglas por expreso deseo de la candidata Susana Díaz, que decidió echar un órdago a la grande sin pareja y sin compañía alguna.

Así que tras la arrolladora victoria socialista no podremos decir que el PSOE mantiene el tipo; ni que el "efecto Sánchez" se haya hecho notar; ni que el socialismo haya recuperado oxígeno... Nada de eso. La marca sigue en el conjunto de España bajo mínimos. La victoria de anoche es de Susana Díaz, y sólo de ella. Se la jugó con un adelanto electoral más táctico que estratégico, no quiso ayuda ni del Nuevo ni del Viejo Testamento para su campaña, ni admitió consejos..., pero ganó holgadamente las elecciones andaluzas y acabó con la maldición de que quien anticipa, pierde.

Nueve puntos y 14 escaños por delante de un PP a la deriva, al que los andaluces castigan sin paliativos, y casi 20 más que Podemos, la formación que pisa los talones al PSOE de Sánchez en el conjunto del territorio nacional. Y todo en un contexto de clara desafección y castigo al bipartidismo, en el que irrumpen con fuerza dos nuevas formaciones políticas, la de Pablo Iglesias y la de Albert Rivera. Díaz gana al PP, frena a Podemos y modera, sin duda, el ímpetu de quienes la daban por finiquitada para la carrera nacional tras una campaña en la que perdió fuelle y desnudó algunas de sus carencias. Con ella, los socialistas encadenarán 37 años de gobierno en la única región donde no ha habido alternancia. Se consolida, por tanto, como alternativa a un Pedro Sánchez que no acaba de cuajar y a un Rajoy que fue, sin duda, el gran perdedor de la jornada.

Sus detractores podrán decir que Díaz mantiene los mismos escaños que obtuvo Pepe Griñán hace tres años y que además pierde tres puntos, pírrico argumento ante un resultado por encima del 35 por ciento de los votos mientras el PSOE no pasa del 20 en la mayoría de las Comunidades Autónomas. Así que, no lo duden, volverán los vientos del sur porque además de recuperar la primacía y poder cumplir su conjura de que no pactará ni con PP ni con Podemos, la presidenta de la Junta gana enteros ante un eventual pulso con Pedro Sánchez por el control del socialismo español, aunque haya maniobras para impedírselo y voces autorizadas que se lo desaconsejen.

Ella buscaba un triunfo que la legitimara ante los andaluces -ya que heredó la Presidencia sin pasar por las urnas- y lo ha conseguido, pero su propósito además era reivindicar personalmente su victoria ante el PSOE federal. Y, si lo desea, podrá hacerlo sin lugar a dudas. Lo quieran o no algunos tótem del socialismo, toma impulso y enfila la ruta hacia las primarias, se ponga como se ponga Felipe González y aquellos que desde el Consejo de la Competitividad están por apuntalar a Pedro Sánchez.

Si en municipales y autonómicas se cumplen los peores augurios, será difícil que el PSOE en su conjunto no mire a Susana Díaz para que lidere la transformación histórica que precisa la socialdemocracia española. Así que el peor parado de la noche de ayer, además de Rajoy, puede ser Pedro Sánchez porque tras el resultado de las andaluzas volverá a escribirse que Díaz es la apuesta por el futuro. Cuentan que ella, aunque lo niegue, está por la labor; que siguió una vez el consejo de González para que se quedara en Andalucía, pero que no lo hará dos; que ya ha reclutado soldados para su próxima batalla y que coserá con quien haga falta para reconstruir al hoy moribundo PSOE. Eso sí, hasta mayo, todos quietos.