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Repasar la historia para no repetir errores

30/10/2017 07:24 CET | Actualizado 30/10/2017 19:07 CET
EFE

Ni Esukadi es Cataluña ni Junqueras es Ibarretxe, cierto.

Entre el independentismo catalán y el nacionalismo vasco siempre hubo diferencias. La fundamental es que el PNV no vulneró jamás el marco constitucional y lo que pretendió cambiar lo hizo dentro de la ley y con escrupuloso respeto a los cauces reglamentarios y las minorías parlamentarias. Pero echen la vista atrás, salven todas las distancias y todos los contextos porque son muy distintos, y piensen si la imagen de ayer en Barcelona no les recuerda a una similar protagonizada en el Kursaal de San Sebastián en abril de 2001.

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Cambien las siglas de SCC (Sociedad Civil Catalana) por el nombre de ¡Basta ya! y encontrarán una escenografía y un relato muy parecido al compartido en el Paseo de Gracia por Borrell, Paco Frutos, Josep Piqué, Iceta o Albert Rivera. Entonces eran dirigentes y militantes del PP vasco y del PSE y sus respectivos candidatos a lehendakari, Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo, quienes compartieron el mismo escenario, con un rosario de argumentos éticos y políticos para explicar el nacimiento de una asociación y desencadenar juntos en las urnas un cambio político.

La izquierda y la derecha se unieron en la reivindicación de la "Euskadi de los diferentes" y como alternativa a la "homogeneidad nacionalista" para compartir los argumentos de aquella asociación de "ciudadanos resistentes" dispuestos a desencadenar un cambio histórico. Lo mismo que pretenden hoy Ciudadanos, PSC y PP en torno a Sociedad Civil Catalana fue lo que intentaron PP y PSE hace 16 años en Euskadi, y acabó en estrepitoso fracaso, si bien hoy se añade el aplastante y en absoluto menor argumento de la legalidad.

Podemos trabajará por un tripartito con republicanos y socialistas

En todo caso, aquella imagen de Mayor Oreja y Redondo Terreros juntando sus manos en público al grito de ¡España! ¡España! ¡España! terminó en una victoria, contra todo pronóstico, del nacionalismo. Miles de vascos, que no querían a ETA ni a su brazo político, se sintieron "invadidos" por una estrategia frentista de los llamados "españolistas" y dieron una holgada mayoría a PNV-EA.

Es pronto para hacer pronósticos en Cataluña, pero la jugada maestra de Rajoy de convocar elecciones en 54 días podría ser un arma de doble filo en un ambiente aún demasiado inflamado. Y la imagen bajo un mismo palo de selfie de Iceta junto Albiol, Borrell junto a Rivera o Paco Frutos junto a Piqué podría ser interpretada por algunos catalanes de forma similar a la que leyeron los vascos hace 16 años. Así que mejor repasar la historia para no repetir errores y quebrar la, en principio, jugada maestra de Rajoy de limitar en el tiempo la aplicación del 155.

Claro que todo dependerá también de los pasos que de en los próximos días el secesionismo: de si concurrirán o no a unas elecciones convocadas al amparo del 155; de si Puigdemont se presentará a la reelección; de si habrá una lista "civil" con pocos políticos y mucho representante social del independentismo; de si a ERC y el PDeCat les queda algo que compartir; de si se registrarán nuevas marcas y, sobre todo, de si hay disposición o no a transitar con cierta normalidad por la senda electoral. Si fuera así estaríamos ante una muestra evidente del regreso del independentismo al marco legal y, al mismo tiempo, a una traición a sus principios.

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El PP tiene claro que su estrategia electoral pasa por preservar los restos del marco constitucional del 78 y más adelante verá, en función de los resultados en Cataluña, si le conviene y es el momento o no de abrir el melón de la reforma a la que se comprometió con el PSOE. Ciudadanos, por su parte, ha abandonado la imagen de centralidad yéndose incluso a la derecha del PP en su respuesta al independentismo mientras que el PSOE ha ido dando bandazos entre el NO al 155, la reprobación de la vicepresidenta del Gobierno por el 1-O, el querer que fuera Puigdemont quien convocara las elecciones y el apuntarse el tanto de que la intervención de la autonomía catalana fuera limitada en el tiempo.

Ya hay quien asegura que más pronto que tarde el PSC tendrá que salir del laberinto. Son quienes están convencidos de que la presencia de Miquel Iceta en la manifestación convocada por SCC no responde a una estrategia del primer secretario de los socialistas catalanes de ir de la mano de Ciudadanos y el PP en esta campaña, sino más bien al temor de quedarse, por segunda vez, fuera de una gran movilización ciudadana.

El PSC, más cerca de un bloque soberanista tras el 21-O, que de un pacto constitucionalista

Los mismos interlocutores auguran también que el PSC no está lejos de sumarse al bloque soberanista que pide un "referéndum pactado" para Cataluña. No será ahora, sino en función del resultado electoral y si suma sus votos a los de ERC y los Comunes o como quiera que sea el nombre que registren los de Colau e Iglesias antes del próximo 7 de noviembre. En la dirección de Podemos hay quien no oculta que trabajarán por un tripartito con republicanos y socialistas que tenga como objetivo un referéndum pactado.

Antes de llegar a ese escenario, Iglesias tendrá que recomponer el partido después del roto ocasionado tras la crisis catalana. Y eso pasa, si hace caso a algunos miembros de su consejo de sabios, por la destitución fulminante de Albano Dante Fachin en Cataluña, y la reconstitución de su presencia allí con un partido hermano como es Catalunya en Comú que vuelva a desatar la "digna rabia" contra los políticos que nos han traído hasta aquí. Claro que para ello tendría que corregir uno de los principales problemas de la organización: que los cargos institucionales no fueran los mismos que los del partido. Pero eso es algo, lo de la estricta incompatibilidad de las funciones orgánicas e institucionales que, hasta la fecha, sólo ha sabido hacer en España el PNV. Y algo tuvo que ver esto también en lo que sucedió en 2001 y se recordaba al principio de estas líneas.