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La delicadeza

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Este artículo también está disponible en catalán.

En el museo de Orsay de París será la sede hasta finales de 2013 de una exposición llamada Masculin/Masculin, en la que se exhiben más de doscientos desnudos masculinos. No la he visto pero por lo que he podido leer, es una oportunidad perdida: no profundiza en nada, presenta el cuerpo de los hombres como modelo de fría y distante belleza universal, como emblema del clasicismo, muestra el desnudo heroico, el atlético, el épico, pasa de puntillas sobre la pulsión homosexual, evita cuidadosamente presentar los cuerpos de los hombres desde el erotismo (los mismos criterios de las exposiciones que tratan los desnudos femeninos, ¿verdad?).

A pesar de que el número de obras es elevado, sólo cinco piezas se deben a manos de pintoras o escultoras. Lo siento, pero tres no sé de quién son; de la cuarta, Louise Bourgeois, se exhibe una escultura, Arch of Hysteria; de la quinta, Orlan, una pintura de 1989 titulada L'origine de la guerre en la que la artista ha sustituido y subvertido el explícito sexo femenino del famosísimo cuadro de Courbet L'origine du monde (1866) por un sexo masculino (es interesante y aleccionador repasar la lista de ilustres poseedores-voyeurs del cuadro de Courbet). Por cierto, en la entrada del museo se advierte con mojigatería que el contenido de la exposición puede herir la sensibilidad de criaturas y adolescentes, y no se recomienda la asistencia a menores de 16 años. No he hallado jamás este cuidado, sensibilidad y solicitud en exposiciones que muestran de manera cruda, a veces despiadada y cruel, el sexo femenino (se muestre o no el cuadro de Courbet) y no digamos ya en los anuncios.

En la publicidad de la exposición, se ha obviado mostrar ninguna vergüenza masculina, quizás para evitar lo que pasó en el Leopold Museum de Viena donde en octubre de 2012 tuvo lugar una exposición titulada Nackte männer (Desnudo masculino). La obra elegida para el cartel era una pintura de Pierre et Gilles titulada Vive la France que mostra(ba) tres futbolistas desnudos a excepción de calcetines y botas. Pues bien, a pesar de que dos de los futbolistas eran mestizos (si los hombres no son blancos, siempre hay una mayor permisividad a la hora de mostrar alguna parte delicada), fue intervenida por el Ayuntamiento: no se les ocurrió nada mejor que censurarles las vergüenzas -convirtiéndolas y elevándolas, por tanto, en partes sagradas- con una banda roja.

Siempre me ha llamado la atención la extrema unción y delicadeza con que se tratan los casos de disfunciones sexuales en la publicidad de los diferentes centros que se dedican a ello. Hombres moderadamente atractivos, de sienes plateadas, a veces con un capullo de rosa en la mano, superan con una sonrisa grave dificultades angustiosas; mujeres maduras, pudorosas y recatadas, casi siempre vestidas con sujetadores tirando a discretos o a ortopédicos, la boca cerrada, los esperan animándolos discretamente y con tacto. Supongo que los anuncios apelan sobre todo a las relaciones matrimoniales, sean sacralizadas o no (quizás se parte de la base de que todas las demás se desarrollan sin trabas ni dificultades; sin prisas excesivas o lentitudes insoportables), las esposas, por lo tanto, son presentadas no como picante cebo erótico sino como normalizadoras -o incluso domesticadoras- de la libido masculina, por mucho que haya nombres de marcas de calzoncillos tan expresivos y explosivos como Ímpetu o Abanderado. Quizás es eso; en todo caso liga con los criterios y síntomas de ambas exposiciones.